ZONA FRONTERIZA: Fronteras compasivas

RedECAP
Noviembre 28 de 2012
ZONA FRONTERIZA: Fronteras Humanas

por John Heid, reservista de ECAP

 
 foto de los archivos de ECAP

«No tendrán hambre ni sed, ni los molestará el sol ni el calor, porque yo los amo y los guío, y los llevaré a manantiales de agua.»  -Isaías 49,10

El fin de semana antes de Adviento me uní a los voluntarios de Fronteras Compasivas, un grupo humanitario con sede en Tucson, Arizona, EE.UU., en su viaje anual de servicio a la zona fronteriza entre Estados Unidos y México. Fronteras Compasivas adecua estaciones de agua en las tierras fronterizas del desierto de Sonora para ayudar a las personas que cruzan este territorio lejano y peligroso. Brillantes banderas azules izadas sobre cada una de estas estaciones marcan cada parada.

El proyecto Anual en el fin de semana después del Día de Acción de Gracias se centra en un área en la que 14 trabajadores mexicanos murieron por deshidratación en mayo de 2001, como lo narra Luis Alberto Urrea en su crónica «Autopista del Diablo». El paisaje es austero. No hay cercas. No hay líneas de energía. No hay edificios. No hay evidencia de presencia humana más allá de algunos objetos pertenecientes a la civilización antigua Hohokum, cCasquillos de bala del campo de tiro Barry Goldwater, un lugar con petroglifos, y dos sobrevuelos de helicópteros de la Patrulla Fronteriza.

El cielo estaba completamente azul mientras cruzábamos miles de kilómetros a través de mares de arbustos de creosota y de cactus cholla. De vez en cuando una liebre se atravesaba. Los lagartos superaban a las aves. Las temperaturas en esta época del año oscilan entre los cinco o diez grados por la noche y los 35 grados al mediodía. Las montañas que nos rodeaban crearon un efecto ilusorio sobre el terreno. Durante las horas que caminamos, los picos que se veían a lo lejos parecían alejarse cada vez más de nosotros.

A lo largo de tres días, cinco de nosotros reemplazamos a los andrajosos, banderas azules blanqueadas por el sol colgaban de siete tanques de agua de los cuales se comprobó el estado estructural de cada uno. Voluntarios de Fronteras Compasivas han estado haciendo esta ruta desde hace una década y a pesar de sus esfuerzos, el número de muertes en el desierto ha seguido creciendo. Ciento setenta y nueve cuerpos fueron recuperados en la frontera cerca de Tucson el año pasado, y muchos de ellos en la zona en que estuvimos caminando. En Washington se habla de un cambio de estado para las personas indocumentadas que se encuentran actualmente en los EE.UU., junto con la vigilancia fronteriza escalada. El resultado de más militarización sólo puede terminar en más muertes a largo de la carretera, conocida también como la carretera de la muerte.

De regreso a Tucson el domingo por la noche y mientras desempacábamos nuestro equipaje miré hacia arriba y me di cuenta de que en una de las paredes del garaje de Fronteras Compasivas estaba escrito en letra negra un pasaje de Isaías 49,10, un contrapunto fuerte a la política pública de estos tiempos, y que encaja muy bien para la reflexión de Adviento.

Entre 2004 y 2007, el proyecto de ECAP de la Zona Fronteriza se asociaba con grupos locales a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, con el fin de reducir el número de muertes de migrantes en esta región, abogar por una reforma migratoria justa e integral de los Estados Unidos, y pedir un tratamiento compasivo a los extranjeros. Mientras que ECAP no ha podido mantener una presencia permanente, John Heid y otros reservistas de ECAP continúan apoyando el trabajo de grupos locales.