JUSTICIA INDÍGENA: Escuchando las voces de las mujeres indígenas desaparecidas y asesinadas.

RedECAP
Marzo 7 de 2014
JUSTICIA INDÍGENA: Escuchando las voces de las mujeres indígenas desaparecidas y asesinadas.

Por Carrie Peters

Loretta Saunders

De acuerdo con información de la Asociación de Mujeres Indígenas de Canadá (NWAC, por sus siglas en inglés), existen alrededor de 600 casos de mujeres indígenas desaparecidas y asesinadas en el país, la mayoría sin resolver. Loretta Saunders, una indígena inuit procedente de la provincia de Labrador, quien fue reportada desaparecida por su familia el 13 de febrero de 2014, es uno de los últimos casos. La Real Policía Montada Canadiense (RCMP, por sus siglas en inglés) encontró su cadáver al lado de una autopista en la provincia de Nueva Brunswick el 26 de febrero. El hecho de que Saunders se encontrará realizando un doctorado en Halifax, investigando precisamente el tema de la desaparición y homicidio de mujeres indígenas en Canadá, hace que su asesinato sea particularmente llamativo, aunque cada uno de estos crímenes es igualmente detestable.

El 14 de febrero, ECAP atendió la novena Ceremonia Anual de las Fresas en honor a las mujeres desaparecidas y asesinadas, donde más de 200 personas se congregaron frente a la estación central de la policía en el centro de Toronto para protestar y marchar. Algunos individuos en la multitud llevaban pancartas con nombres, fechas y fotos. Varias docenas de personas cargaban figuras de cartón de talla humana y pintadas de negro, las cuales desplegaban el perfil de algunas de las víctimas: en un lado el nombre y en el reverso las fechas, usualmente precedidas por la palabra ‘asesinada’.   

Cada una de las personas que cargaba una figura de cartón ha perdido a una familiar: hijas, hermanas, madres, entre otras. A pesar de que la ceremonia era en honor de las mujeres víctimas, debemos reconocer que sus familiares también son víctimas, sobrevivientes de sus pérdidas y pesares individuales; y de la opresión y violencia que el sistema ejerce contra ell@s.

La activista y autora Arundhata Roy dice que “no existe tal cosa como ‘personas sin voz’, lo que existen son personas que han sido silenciadas, o que no son escuchadas.” En ECAP, frecuentemente hablamos de ‘amplificar las voces’. Cuando realizo presentaciones me aseguro de clarificar lo que esto significa: yo no pretendo hablar en nombre de nadie, yo pretendo, figuradamente, sostener un micrófono para l@s silenciad@s e ignorad@s. Este es un tema sobre el que todavía estoy reflexionando constantemente. Las palabras de Roy son una guía. 

Durante la ceremonia del 14 de febrero, las mujeres que hablaron describieron el tiempo que les había tomado descubrir sus ‘propias voces’, compartir las historias de mujeres cercanas cuyas vidas han sido arrebatadas por la violencia. Una mujer que crió a su nieto desde su nacimiento, compartió que pasaron dos décadas antes de poder comenzar a hablar sobre el asesinato de su hija. En ese momento caí en cuenta que cada una de las personas que sostenía una de las figuras podía hablar, las personas sin voz eran aquellas mujeres cuyos nombres y fechas estaban escritos en las figuras. Sus hijas, madres, hermanas, hermanos, padres, e hijos, porque también había hombres presentes; sus familiares estaban hablando en nombre de ellas.  

La pregunta es, ¿estamos escuchando? Cuando vari@s senador@s del Partido Nacional Democrático (NDP, por sus siglas en inglés) introdujeron en el Parlamento a finales de febrero del presente año, una iniciativa para investigar la desaparición y asesinato de mujeres indígenas. La Ministra de Trabajo y Situación de la Mujer, Kellie Leitch, respondió tergiversando el tema en una discusión de partisanos, declarando que “nuestro gobierno ha tomado acción. Invitó a la oposición a unirse a nuestras acciones.”

Dichas declaraciones, en el fondo, solo demuestran el deseo de rechazar y deslegitimar las voces de las mujeres indígenas. Si la administración de Harper fuera honesta en su preocupación por las mujeres indígenas canadienses desaparecidas y asesinadas, no convertiría los llamados para realizar una investigación nacional en una discusión partisana, sino que tomaría acciones reales para acabar con esta tragedia ahora mismo.