Cómo los colonos reescriben la historia de Hebrón

Todos los sábados, los colonos israelíes recorren la Ciudad Antigua de al-Khalil –también conocida como Hebrón – bajo protección militar. Una versión selectiva de la historia intenta justificar esta acción como un acto de retorno, mientras que a las personas palestinas se les expulsa de sus propios vecindarios.
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En todo el mundo, y desde hace siglos, los Estados y los movimientos coloniales de colonización han utilizado historias selectivas para convertir la ocupación colonial en una narrativa de retorno. Estas historias ponen de relieve los lazos ancestrales con la tierra, mientras tratan a las personas que viven en ella, y sus historias, como meros obstáculos para el retorno sagrado. El lenguaje utilizado para explicar el pasado hace que el control en el presente parezca tanto neutral como natural.

Al igual que en toda Palestina, la ciudad de al-Khalil (Hebrón) sabe que la historia nunca es neutral. Durante décadas, la ocupación israelí ha utilizado la historia como argumento para reivindicar el territorio, y sus esfuerzos quedan plasmados en las calles de la Ciudad Antigua. La ciudad ha tenido desde hace mucho tiempo un profundo significado para personas musulmanas, cristianas y judías, y alberga la Mezquita de Ibrahim, venerada en las tres tradiciones abrahámicas. La presencia judía en el pasado – concretamente, la de los judíos sefardíes de origen árabe – se reinterpreta en los relatos de los colonos como evidencia que respalda un “regreso” exclusivamente judío y como justificación para la expansión de los asentamientos israelíes ilegales, junto con un régimen de control violento en el presente.

Cada sábado, desde hace catorce años, la vida de las personas palestinas en la Ciudad Antigua de al-Khalil se paraliza mientras se lleva a cabo un ritual de reivindicación territorial a costa de las personas palestinas. Tan pronto como las primeras personas soldado suben desde sus torres de vigilancia para “preparar” la zona para la “ronda” que sigue, la vida de las personas palestinas se paraliza, ya que no pueden moverse libremente, llegar a sus hogares ni atender sus tiendas. Quienes no acatan las órdenes del ejército israelí corren el riesgo de sufrir agresiones verbales, violencia o detenciones arbitrarias. A medida que el ejército israelí expulsa a las personas palestinas de la Ciudad Antigua, queda dolorosamente claro que la vida bajo la ocupación les ha enseñado a las personas habitantes de al-Khalil que, cuando entra el ejército, hay que quedarse quietas.

Lo que ocurre es similar cada semana. Un grupo de unos cincuenta colonos israelíes e internacionales, escoltados por al menos treinta personas soldado, recorre la Ciudad Antigua de al-Khalil. Mientras avanzan por las calles desiertas, el guía narra una versión sionista del pasado de al-Khalil, centrada en los edificios judíos y la presencia histórica judía. Los colonos que participan suelen cantar, reír y hacer gestos obscenos con las manos a las personas periodistas y a personas observadoras palestinas e internacionales.

Para entender cómo el gobierno israelí y los colonos reinterpretan la historia, debemos remontarnos al siglo XVI, afirma el historiador palestino Dr. Ahmed Al-Herbawi, fundador del Club del Simposio Cultural en al-Khalil. El Dr. Al-Herbawi ha llevado a cabo una exhaustiva investigación sobre la presencia histórica judía en Hebrón. A partir de registros de la época otomana, Al-Herbawi descubrió que veinte familias judías se establecieron en la ciudad en 1539. Pertenecían a la tradición judía sefardí y habían huido de la conversión forzada y la expulsión por parte de las personas gobernantes católicas de la Península Ibérica (España y Portugal). Habiendo vivido anteriormente como parte del imperio musulmán (la región se llamaba entonces al-Ándalus), las personas judías sefardíes hablaban árabe y se integraron en el tejido social de la Palestina otomana, desarrollando sus propias instituciones y un barrio propio en lo que hoy se conoce como la Ciudad Antigua.

Para el siglo XIX, la comunidad judía de al-Khalil estaba formada por una población sefardí bien establecida de alrededor de 250 personas residentes, a quienes a menudo se les llamaba judías árabes o palestinas. Sin embargo, al-Herbawi señala un cambio importante en las décadas de 1860 y 1870, cuando las personas judías ashkenazíes de Europa del Este comenzaron a llegar en mayor número y a establecer instituciones religiosas y financieras vinculadas a las redes sionistas europeas. No se trataba simplemente de un cambio demográfico. El nuevo giro sionista se basaba en ideales etnonacionalistas, distintos del judaísmo como religión o de las antiguas comunidades judías de Palestina. Esta distinción era importante, ya que las nuevas instituciones, las compras de tierras, las redes políticas y los colonos vinculaban cada vez más a la ciudad con el proyecto sionista más amplio de un Estado judío en Palestina.

Las tensiones de este período culminaron en los actos de violencia que comenzaron el 24 de agosto de 1929. Provocados por la disputa en torno al Muro de las Lamentaciones en Jerusalén y avivados por los temores y el descontento relacionados con la inmigración sionista y la ocupación británica, las personas habitantes de al-Khalil se rebelaron. Las personas palestinas atacaron e incendiaron instituciones sionistas como la Escuela Yeshiva, el Banco Anglo-Palestino y la casa de su gerente, Eliezer Dam Slonim, lo que provocó la muerte de 64 personas judías el primer día de la revuelta, de los cuales 61 eran colonos occidentales, explica el Dr. al-Herbawi. En total, el levantamiento causó la muerte de 116 personas judías y 133 personas palestinas. Algunas familias palestinas dieron refugio a sus personas vecinas judías para protegerlas de la violencia. Tras la revuelta, el Mandato Británico evacuó a toda la población judía de la ciudad de al-Khalil, y muchas de ellas se establecieron en otras partes de lo que en ese entonces todavía se llamaba Palestina. En los años siguientes, el movimiento sionista intentó en repetidas ocasiones reasentar a familias judías europeas en al-Khalil, pero tras varios intentos fallidos, esta iniciativa se detuvo en 1936.

La violencia de 1929 adquirió posteriormente una enorme fuerza política. Para los colonos que se establecieron en Hebrón después de que Israel ocupara Cisjordania en 1967, se convirtió en un elemento central de una historia de regreso, redención y recuperación. Sin embargo, el Dr. al-Herbawi destaca cómo esa narrativa fusiona múltiples historias judías en una sola reivindicación nacionalista ininterrumpida con el fin de justificar objetivos expansionistas. Pasa por alto la diferencia entre las personas judías sefardíes de larga tradición, de habla árabe y a los colonos sionistas europeos que impulsan el movimiento de colonización actual; además, deja de lado la presencia de las personas palestinas que permanecieron en la ciudad y a quienes se convierte en meros obstáculos para el proyecto sionista.

En esencia, el recorrido semanal para colonos es un intento de borrar la historia y la identidad cultural del pueblo palestino con el fin de justificar una narrativa de “redención histórica”. A medida que la persona guía lleva al grupo por edificios que históricamente fueron ocupados por personas judías palestinas, su historia es borrada a la fuerza. Esto se hace especialmente evidente cuando conocemos la historia de personas judías árabes como Haim Hanegbi Bajayo, quien denunció públicamente el asentamiento sionista en Hebrón en los años 70. Bajayo era descendiente directo de una prominente familia judía sefardí de Hebrón que se opuso al proyecto sionista, e que intentó ceder los derechos sobre los edificios de su familia a la comunidad palestina para evitar que cayeran en manos de los colonos. Su postura nos recuerda que el vínculo judío con Al-Khalil no es sinónimo del proyecto sionista etnonacionalista.

La incursión de los colonos forma parte de una estructura de borrado que utiliza la política de la memoria. Los puestos de control militar, las calles bloqueadas, las tiendas cerradas, los puestos de vigilancia, las barreras y las escoltas militares reordenan la Ciudad Antigua de tal manera que la circulación de las personas palestinas queda condicionada, mientras que la de los colonos está protegida. La visita guiada del sábado puede durar solo unas horas, pero su alcance es mucho mayor. Bajo la vigilancia de las personas soldado, se presenta una versión selectiva de la historia a través de los colonos que caminan con orgullo por la Ciudad Antigua, mientras que a las personas palestinas se les borra a la fuerza.

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