Soñando bajo la ocupación

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Tener sueños y esperanzas para el futuro puede ser muy difícil en Palestina. Esto no es casualidad. La ocupación crea una situación tan insoportable que quienes sufren esta opresión corren el riesgo de perder la esperanza de un mañana mejor. Lo logran no solo mediante una violencia física extrema, la limpieza étnica de ciertas zonas y las detenciones administrativas continuas, sino también a través del terror psicológico. Cuando las personas soldado y los colonos se dirigen a las personas palestinas, les lanzan una avalancha de insultos, groserías y amenazas. Recorren ciudades y pueblos pintando estrellas con aerosol sobre banderas palestinas, escribiendo palabras como “Nakba” y “Solo para personas judías”, y pegando calcomanías con imágenes de sogas y otras representaciones amenazantes. Marchan y corean con tal entusiasmo que se podría pensar que el primer mandamiento es: Aterrorice a su persona prójima.

Pero incluso cuando las personas palestinas no pueden evitar los ataques incendiarios, las ocupaciones de edificios o las detenciones, se esfuerzan por impedir que la ocupación colonice sus mentes y sus espíritus.

En Hebrón, cada verano, ECAP Palestina organiza un programa para personas jóvenes. Reúnen a un grupo de adolescentes de la zona H2 de Hebrón y les proporcionan cámaras para que capturen su realidad cotidiana a través de imágenes. Durante ocho semanas, las personas jóvenes se reúnen y discuten cómo pueden usar sus cámaras para contar sus historias y comparten su creatividad entre ellas. Hablan sobre cómo aferrarse a los sueños bajo la ocupación y la realidad de lo que se necesita para alcanzarlos.

Esta semana, tuve el gran privilegio de participar en la sesión final del programa, que concluye antes de que comience el año escolar. Este programa lleva seis años en marcha. Cada año llega una nueva promoción de futuras personas fotógrafas y narradoras. Aunque tanto los chicos como las chicas reciben la invitación a participar, este año el grupo estuvo compuesto por nueve maravillosas jóvenes mujeres.

Como casi todo en Palestina, llegar a algún lado no es tarea fácil. El personal del programa está en contacto constante con los padres y las madres de familia para coordinar dónde se reunirá el grupo y cómo llegarán las niñas al lugar. Cuando los taxis las dejaron en la entrada del puesto de control militar, nos reunimos para acompañarlas de manera segura los 200 metros hasta la oficina. Aunque solo son 3 minutos a pie, la probabilidad de toparse con personas soldado que buscan acosar a la gente, es muy alta. Por esta razón, muchas personas ya ni siquiera se atreven a entrar a la Ciudad Antigua. El municipio siempre está buscando formas creativas de animar a la gente a visitarla, como eventos públicos y descuentos en las cuentas de servicios públicos que se pagan en las oficinas de la Ciudad Antigua.

Al inicio de la sesión, una vez que se calmaron las pláticas y las risas de las chicas, hicimos una ronda para ver cómo se sentían. Afortunadamente, sé las palabras en árabe para expresar cuatro emociones diferentes, así que pude escuchar un poco sobre cómo se sentía cada una esa mañana. Por suerte para mí, solo había dos sentimientos que todas las chicas y también el personal, compartían. Las chicas expresaron lo felices que estaban de haber participado en el programa, no solo por las maravillosas amistades que habían forjado o por el personal tan divertido e inspirador que habían conocido, sino también por todo lo que habían aprendido durante el programa. Después de unos cuantos juegos más para romper el hielo, bajamos a la calle para que las chicas presentaran sus fotografías y sus tableros de visualización del futuro. Los tableros de visualización representaban los sueños y las aspiraciones de estas jóvenes, así como los caminos que las ayudarán a alcanzarlos.

Al crecer en Estados Unidos, a menudo nos resultaba difícil a mis amistades y a mí imaginar un mundo más allá de nuestro entorno inmediato. La mayoría de las personas que conozco nunca salieron de su estado hasta llegar a la edad adulta. Mi visión del mundo se veía influida por ‘The Simpsons’ (Los Simpson) y otros programas de televisión populares. Sin embargo, aunque Estados Unidos se esforzaba por asegurarse de que nunca cuestionáramos nuestro lugar en el mundo, nunca se nos impidió físicamente salir del país. Nadie nos impidió jamás cruzar una frontera en auto o en avión.

Para estas chicas, las fronteras y las barreras marcan el rumbo de sus vidas. La mayoría no puede asistir a la escuela – ni siquiera a este programa – sin cruzar un puesto de control militar. Y, sin embargo, todas ellas tenían sueños y deseos que iban mucho más allá de los puestos de control militar a la entrada de sus vecindarios. Aunque cada una tenía diferentes aspiraciones profesionales, en cada collage se destacaba la importancia de la educación para las niñas. Esta no era la única similitud entre ellas. Todos los collages reflejaban el sueño de viajar y conocer el mundo.

Para las personas palestinas, el viaje que emprendo – y la indiferencia que muestro al hacerlo – es, literalmente inimaginable. Incluso en su propia ciudad, yo puedo caminar por la Calle Shuhada, mientras que a ellas les podrían disparar por hacerlo. El simple hecho de ver más allá de Cisjordania es un lujo que no todos pueden permitirse. Incluso mientras vuelo hacia Jaffa para llegar aquí, muchas de las personas con las que me encuentro solo conocen la zona a través de las historias que les cuentan sus abuelos y/o abuelas sobre la época anterior a la Nakba. Otro tema recurrente en los foros es el dinero. Una de las personas empleadas me dice que esto es consecuencia del capitalismo. Yo también conozco bastante bien el capitalismo y el deseo de dinero.

Sin embargo, a diferencia de Canadá, donde enfrentamos una crisis del costo de vida y la gente tiene que tener de dos a tres trabajos para pagar sus cuentas, la situación económica en la zona es nefasta. Muchas personas en Cisjordania darían todo por tener tres trabajos. De hecho, muchas sacrifican su libertad o incluso sus vidas para cruzar a escondidas el muro del apartheid y trabajar de manera ilegal. Las personas propietarias de tiendas en la Ciudad Antigua – al menos aquellas a quienes Israel aún no ha obligado a cerrar – se están viendo muy afectadas por la falta de turismo. Quienes trabajan en el sector público a menudo se pasan el tiempo esperando y preguntándose cuándo les pagarán su sueldo. Cuando su madre y/o padre de familia no tienen la seguridad de que podrán comprarle a usted los útiles escolares para el inicio del año, el dinero se convierte en su mayor preocupación.

En su canción ‘We Have to Change’ (Tenemos que Cambiar), Shadia Mansour rapea que las personas palestinas se encuentran entre dos ocupaciones: una de su tierra y otra de sus mentes. Luchar contra una de estas ocupaciones requiere luchar contra la otra. Este no es el tipo de voluntariado que suelo hacer en Palestina. Pero reírme con un grupo de chicas y escucharlas describir sus planes de vida no es menos importante que plantarle cara a un colono.

En Norteamérica, solemos elogiar los programas extraescolares para niños y niñas. Hablamos de lo importante que es darles algo que hacer: ponerles en contacto con personas adultas amables y responsables que puedan apoyarles, y proporcionarles las herramientas y el pensamiento crítico que les permitan tomar buenas decisiones y mantenerse en el buen camino. Pero, ¿por qué nunca hablamos de estas cosas cuando hablamos de los niños y las niñas de Palestina? Sí, el agua potable y un techo son elementos esenciales de la infancia, pero ¿no son también esenciales la alegría y los pasatiempos? ¿Usted querría que sus hijes crecieran sin ellos?

Incluso cuando quienes se solidarizan con Palestina hablan de los niños y las niñas de Palestina, a menudo caemos en la trampa de la “adultificación” de los niños y las niñas que impone la ocupación.

Durante las incursiones habituales de los colonos en la ciudad, los niños y las niñas suelen jugar juntes a un juego. Compiten para ver quién se acerca más a la persona soldado antes de que esta se dé la vuelta y apunte con su arma, mientras elles corren de regreso. Este juego dura hasta que un chico mayor regaña a les niñes, diciéndoles que están provocando el enojo y el daño de todes. Para mí, esto parece la máxima expresión de la infancia bajo la ocupación. Sí, los niños y las niñas en Palestina juegan y se ríen igual que les demás niñes. Sin embargo, en sus juegos aparecen personas soldado con ametralladoras M4 en lugar de parques infantiles. Sus exposiciones fotográficas se llevan a cabo a la sombra del muro del apartheid. Cuando los niños y las niñas de Palestina aparecen en las noticias de todo el mundo, suele ser porque Israel les ha asesinado, encarcelado, privado de alimentos o convertido en personas huérfanas.

Nunca nos enteramos de los niños y las niñas que sacaron excelentes calificaciones en su examen ‘Tawjihi’, a pesar de haber estudiado en medio de la violencia de los colonos y las redadas del ejército. Nunca nos enteramos de los niños y las niñas que tienen pasión por el fútbol (el fútbol europeo, no la versión estadounidense) que juegan todos los días y sueñan con que algún día su equipo favorito les seleccione. Estas también son las realidades de la vida bajo la ocupación. Esto también es resistencia. Quizás no sea el tipo de resistencia que recibe “me gusta” en las redes sociales, pero tal vez debería serlo. Quizás quienes buscamos apoyar a Palestina deberíamos celebrar estos momentos, igual que celebramos cuando se evitan las demoliciones y se libera a las personas prisioneras. Y, sin duda, quienes siguen soñando, teniendo esperanza y logrando cosas bajo la ocupación merecen ser personas celebradas.

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