La distancia de la dignidad

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A crowd waiting at a border

Justo antes del amanecer, a mediados de junio, a las 4 de la madrugada, el equipo y yo salimos de casa y nos despedimos de nuestras madres y nuestros padres, con un último abrazo antes de emprender el viaje que nos esperaba.

Nos fuimos a un retiro tras un año de servicio y acompañamiento en nuestra comunidad. En teoría, el trayecto hasta Jordania no debería durar más de una hora, ya que son solo 10 kilómetros. Pero, al ser una persona de palestina, eso no es así.

Para salir de Palestina, llegamos a nuestro primer destino en Jericó: la terminal de la Autoridad Palestina. A continuación, nos dirigimos al puesto de control militar israelí y, finalmente, cruzamos la frontera con Jordania. La travesía no se medía en distancia, sino en paciencia: horas y horas pasadas en terminales y autobuses abarrotados, y horas de espera para que llegara nuestro turno de comprar los billetes bajo el calor abrasador del punto más bajo de la Tierra. Pasábamos de una cola a otra, agarrándo nuestras maletas, con la esperanza de no olvidarnos de nada ni de perdernos la siguiente indicación que nos gritaban. En el paso fronterizo israelí, cada instante exigía toda nuestra atención. Un momento de confusión podía poner en peligro todo nuestro viaje.

Tras 11 horas, llegamos a nuestro destino en Amán, Jordania, a las 3:30 de la tarde. Pero, por favor, no piensen que se trata de un día de viaje inusualmente difícil; esta es la realidad a la que se enfrentan las personas palestinas cuando quieren salir y volver a sus tierras.

Recordamos a quienes recorren este camino no para un retiro, sino para recibir tratamiento médico, para estudiar, para trabajar o para asistir a los funerales de sus seres queridos. Recordamos a quienes experimentan desorientación durante horas sin que se les ofrezca ayuda. Recordamos a quienes soportan el calor intenso, el peso de sus maletas y la humillación, sintiendo incertidumbre.

Que aquellas personas que esperan durante horas y horas recuerden que su dignidad no se mide por el peso de los muros de la ocupación, que su valor no lo determinan quienes pretenden controlar sus movimientos.

Les pedimos a ustedes que oren por la libertad de movimiento sin restricciones, para que las personas palestinas puedan viajar sin miedo ni incertidumbre, y para que puedan regresar a sus hogares con su dignidad intacta.

Que cada viaje sea tal y como debe ser, y que Palestina, algún día, sea libre.

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