Cuando la tierra se estremece en Colombia, no solo tiemblan los cimientos de barro, madera o cemento; tiembla también la cotidianidad de quienes día a día construyen la vida con sus propias manos. El pasado 10 de agosto, un fuerte sismo sacudió distintas regiones y departamentos del país, dejando a su paso pérdidas materiales irreparables, viviendas reducidas a escombros, caminos fracturados y el dolor profundo de ver desvanecerse en segundos el esfuerzo de generaciones enteras.
En medio de la angustia y el polvo que aún se asienta, miramos con especial dolor y cercanía el territorio del Chocó. Allí, donde las aguas de los ríos marcan el pulso de la vida y donde históricamente las comunidades afrodescendientes e indígenas han resistido al abandono estructural y a múltiples violencias, este terremoto ha golpeado con particular dureza. Muchas familias chocoanas lo han perdido todo: sus casas, sus enseres, sus pequeños medios de subsistencia y la tranquilidad de sus noches. La vulnerabilidad territorial se hace más visible cuando la naturaleza se manifiesta con fuerza, pero también se hace visible la inquebrantable dignidad de un pueblo que sabe lo que significa resistir y levantarse colectivamente.
La pérdida material es inmensa, pero el tejido comunitario sigue en pie. En cada vecino que comparte un plato de comida, en las manos que ayudan a levantar un madero caído y en el consuelo murmurado en medio de la noche, se enciende una chispa de esperanza que ninguna réplica puede apagar.
Hoy nos unimos en un solo clamor para pedir a nuestra red solidaria nacional e internacional que eleve sus oraciones, pensamientos y acciones por todos los departamentos afectados, dirigiendo una mirada atenta y amorosa hacia nuestras hermanas y hermanos del Chocó.
Oremos juntos: Pedir luz, fortaleza y dignidad
Las invitamos a unirse a esta oración comunitaria:
Divina Presencia, Fuente de consuelo, justicia y vida:
Ponemos en tus manos a las familias de los diferentes departamentos de Colombia que hoy sienten el vacío en el pecho tras haber perdido sus hogares y su sustento en este terremoto.
Oramos de manera especial por las comunidades del Chocó; por las abuelas y abuelos guardianes de la memoria, por las niñas y niños cuyos ojos buscan calma, y por las mujeres y hombres que hoy remueven escombros con las manos cansadas pero firmes.
Te pedimos que derrames sobre cada corazón la fortaleza necesaria para no sucumbir a la desesperanza. Que en medio de la oscuridad de las pérdidas brote una luz clara que guíe los pasos de la reconstrucción y sane el miedo que dejan las grietas de la tierra.
Que nuestra oración no se quede en palabras: muévenos a la solidaridad activa, a la exigencia de respuestas oportunas y justas por parte del Estado, y al acompañamiento fraterno que abraza sin juzgar y acompaña sin soltar.
Que la ternura y la resistencia colectiva del pueblo chocoano y de toda Colombia sean el cimiento inquebrantable sobre el cual renazca la vida.
Amen.


