Después de una semana muy intensa, el equipo está volviendo a la normalidad. La próxima semana habrá una audiencia preliminar en Mitilene. ¿Quién asistirá?, ¿cuáles son los cargos?, ¿cuántas son las personas acusadas?, ¿ya cuentan con una persona de defensa jurídica?: esas son las preguntas que vuelven a estar sobre la mesa.
La semana pasada recibimos a una delegación. Nos sumergimos en la historia de la isla: la situación actual, la criminalización de las personas en movimiento, las condiciones de vida en los campamentos de detención, las devoluciones forzosas y la violencia fronteriza en el Egeo. Sin duda, estos temas no son nada alentadores. Durante años, hemos visto cómo la legislación migratoria, junto con las políticas de gestión fronteriza, se ha vuelto cada vez más restrictiva, violenta y deshumanizante. Durante años, nos hemos solidarizado con ‘People on the Move’ (Gente en Movimiento), apoyándoles de diversas maneras y defendiendo los derechos humanos. A pesar de que Lesbos ya no aparece en los titulares, seguimos aquí.
Tuvimos la oportunidad de compartir e intercambiar experiencias con personas de diferentes países: cómo se está aplicando el nuevo Pacto de Migración de la UE en otros países europeos, los retornos en el marco del Reglamento de Dublín, la detención y la deportación, así como los nuevos centros de retorno que se han propuesto en Grecia, los Países Bajos, Alemania, Dinamarca y Austria.
Al mismo tiempo, nos encontramos frente a espacios vacíos explicando cómo solían ser: el Campamento de Moria, con todas sus extensiones circundantes y refugios improvisados; los centros de detención de Pagani y Lagada, de los que no queda rastro alguno de lo que fueron, con la memoria borrada. Y luego llegamos al “cementerio de personas migrantes”, un cementerio en medio de olivares donde se ha enterrado a más de 200 personas en los últimos diez años. Allí hay un letrero que dice: “monumento a la humanidad”. ¿Qué humanidad? ¿La que mata en el mar? ¿La que detiene y tortura a las personas en los “Centros de Acceso Controlado y Cerrado”? Mientras el Estado se esfuerza por borrar el recuerdo de los antiguos centros de detención, lo único que queda de la historia reciente de la migración en Lesbos son las tumbas.
Durante la semana hablamos de cómo las personas en movimiento son criminalizadas, detenidas y deshumanizadas de manera sistemática, hasta tal punto que matarlas en el mar para proteger nuestras fronteras se ha vuelto algo aceptable. ¿Qué podemos hacer? Esa es la pregunta que me viene una y otra vez a la mente. Es algo que nos ronda la mente cuando seguimos un juicio, sabiendo que lo más probable es que la persona acusada reciba una condena muy severa; cuando escribimos sobre el último naufragio o la última expulsión de personas migrantes de la que nos enteramos; cuando nos damos cuenta de que, una vez más, hay personas encerradas en el campamento durante semanas a la espera de ser registradas, sin asistencia médica adecuada ni ningún otro tipo de apoyo.
Seguimos monitoreando la situación en los tribunales, abogando por juicios justos e incluso compartiendo nuestros hallazgos dentro de los propios tribunales. Y seguimos compartiendo información con las personas detenidas sobre sus derechos, creando redes en las que, juntes, podamos apoyar a las personas utilizando nuestros diferentes conocimientos especializados, ya sean legales o administrativos. Como se dijo durante nuestra semana de debates, estamos creando puentes más allá de los muros.


