Mi primera experiencia en una delegación de ECAP fue en la zona fronteriza entre Estados Unidos y México, en noviembre del 2024. Allí pasamos mucho tiempo junto al muro. Cruzamos muchas veces de un lado a otro por la puerta del muro en el paso fronterizo de Agua Prieta, Sonora, con Douglas, Arizona. En el lado estadounidense del muro, visitamos un cementerio y participamos en una vigilia en memoria de las personas que murieron al intentar cruzar la frontera de sur a norte. En el lado mexicano del Muro, admiramos las hermosas obras de arte que se resistían y, en pequeños tramos, superaban la fealdad del muro. Visitamos un lugar en el desierto donde muchas personas migrantes han escalado (o, gracias a la erosión del suelo, tal vez se hayan arrastrado por debajo) del Muro.
Durante julio y agosto del 2026, mientras trabajaba por primera vez como voluntario de ECAP en Palestina, me topé con otra barrera fronteriza opresiva. En Palestina, las personas palestinas y las defensoras de los derechos humanos se refieren a la barrera de Cisjordania como la “Barrera de la Separación) o el “Muro del Apartheid”. Se construyó principalmente entre el 2002 y el 2006, y se extiende a lo largo de más de 700 kilómetros. La justificación que dieron las personas constructoras israelíes fue la seguridad. Lo que revela su verdadero propósito es que la mayor parte de la longitud de esta barrera – el 85 % – se encuentra dentro de Cisjordania, al este de la Línea Verde de 1949, la frontera que separa a Israel de la parte de Cisjordania ocupada por Israel desde 1967. Esta barrera de separación fue construida por Israel para incorporar muchos más asentamientos judíos de Cisjordania al territorio que, en la práctica, Israel ha anexado, y ha facilitado la construcción de más asentamientos en los años posteriores. En otras palabras, el Muro de Cisjordania se ha utilizado para impulsar el expansionismo israelí en territorio palestino.
Además, el espacio entre la Línea Verde y el Muro del Apartheid, restringido por puestos de control militares y en el que se requiere un permiso de viaje, dificulta aún más los desplazamientos entre las ciudades, los pueblos y las zonas rurales palestinas. Esto separa a muchas personas agricultoras y pastores de sus tierras y comunidades, y a las personas integrantes de una misma familia unas de otras. De esta manera, la barrera de separación forma parte del mismo proyecto colonizador israelí que, desde hace casi seis décadas, ha impulsado las invasiones ilegales israelíes en toda la Palestina ocupada, la demolición violenta de propiedades palestinas y las restricciones asfixiantes a la libre circulación de las personas palestinas en toda Cisjordania. El patrón irregular del mapa actual de Cisjordania, con las zonas palestinas fragmentadas entre sí por los colonos y por las fuerzas militares israelíes, garantiza la continuidad de la fuerte ocupación israelí y ahoga aún más cualquier idea residual de que se pueda crear un Estado palestino viable en esta tierra.
A menudo se dice que los muros entre naciones se deben al miedo a la persona extranjera, al temor de que la migración ponga en peligro la cultura, la economía y la seguridad. Si bien el miedo – por muy infundado que sea – puede desempeñar cierto papel, lo que está claro es que los muros también se construyen para reforzar el poder de los regímenes demagógicos y para impulsar el imperialismo. En Estados Unidos, la construcción del muro físico y simbólico en la frontera con México ha sido utilizada por presidentes interesados en ganarse el apoyo interno de aquellas personas ciudadanas cuya inseguridad económica y cultural puede ser tanto avivada como, en parte, aliviada por este tipo de medidas. El Muro en sí mismo, es también un recuerdo eternamente doloroso para México de que gran parte del territorio al norte del muro (el actual suroeste de Estados Unidos, a lo largo de la costa del Pacífico hasta el norte de California) le fue arrebatado a México por el ‘Manifest Destiny’ (Destino Manifiesto) estadounidense a mediados del siglo XIX.
En Israel, la construcción del Muro del Apartheid durante la segunda Intifada palestina del 2000-2005 fue, de manera similar, una forma en que el despiadado régimen de Ariel Sharon intentó afianzarse ante la opinión pública israelí. La construcción comenzó en la zona alrededor de Jerusalén que Israel había reclamado desde hacía mucho tiempo y a la que quería limitar el acceso de las personas palestinas.
Por encima de todo, la Barrera de Separación fomentó aún más el expansionismo israelí. En lo que equivale a una verdadera apropiación de tierras, esta instalación, realizada a partir del 2002, de cercas electrónicas y de alambre de púas en zonas rurales y de muros de concreto en zonas urbanas en lo más profundo del territorio palestino, ha situado aproximadamente un 10% más de la Cisjordania ocupada por Israel en el lado israelí de la línea fronteriza móvil. Tal como lo resume el ‘Institute for Middle East Understanding’ (Instituto para el Entendimiento de Medio Oriente, IMEU, por sus siglas en inglés), la Barrera de Separación ha aislado de manera dolorosa a muchas personas palestinas de Jerusalén Este y Cisjordania, tanto entre sí como de los lugares sagrados y de sus medios de sustento. Por citar una estadística, el Muro ha aislado a más de 10,000 personas palestinas y aproximadamente 34,000 acres de tierras agrícolas palestinas en la “zona de transición”, que se encuentra entre la Línea Verde y el Muro, con 84 accesos controlados por Israel, la mayoría de los cuales rara vez están abiertos. Un informe de la ONU citado en el sitio web de la IMEU afirma: “Los medios de vida basados en la agricultura de miles de familias se han visto afectados por el régimen de controles de acceso y permisos, que impide a las personas agricultoras acceder a sus tierras de cultivo y pastoreo”.
El Muro del Apartheid ha tenido un impacto particularmente devastador en la ciudad de Belén, que ahora se encuentra encerrada y separada de los territorios circundantes y de su relación cultural y económica, rica en historia, con Jerusalén. En Belén, la primera vez que vi la Barrera de Separación fue desde la ventanilla de nuestro auto, la noche en que nos dirigíamos a una fiesta para ver el partido de la Copa del Mundo (Egipto contra Argentina) en la ciudad. Durante una visita posterior a Belén, a plena luz del día, caminé dos veces a lo largo del muro. En esos paseos, me interesó especialmente el arte callejero que cubría la barrera de concreto de 9 pies de altura, y tomé fotos tal como lo había hecho en el lado mexicano del muro fronterizo entre Estados Unidos y México.

Esto es lo que me llamó la atención: una pintura mural en Belén crea la ilusión de una abertura en el Muro del Apartheid que da a una ciudad pintoresca y acogedora al otro lado. Junto a esta abertura imaginaria, alguien ha colocado una mesita con dos sillas decorativas de hierro de jardín para poder contemplarla con gusto… Estoy imaginando un mundo libre. Esta obra de arte me recordó un cuadro memorable en el Muro de Aqua Prieta, México, que evoca una puerta enorme y abierta en ese muro intimidante, un paso que une a las personas en lugar de dividirlas.
Durante la capacitación de ECAP en el 2026, una persona integrante del equipo de ECAP en Palestina nos presentó una canción de hip-hop político multinacional y trilingüe (árabe, inglés y español) interpretada por la rapera palestina Shadia Mansour. La canción, titulada ‘Border Ctrl”, hacía referencia directa y establecía un vínculo entre los muros opresivos de Palestina y los de América del Norte.
Este control fronterizo Nos agobia el alma Nos está pasando factura a todes
Vamos a derribar este muro de Belén, en México Si nos escuchas, atiende a nuestro llamado
Para mí, esta canción es un recordatorio de que las luchas y las visiones de cada parte de la familia de ECAP — y, de hecho, de toda la familia global de los derechos humanos— suelen ser bastante similares. Ojalá todas las personas prestemos atención al llamado a derribar los muros.


