¿Es la libertad solo una palabra?

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A skyline

Las cárceles no siempre están rodeadas de muros y rejas. A veces, la cárcel es una vida marcada por restricciones interminables, en la que ni siquiera las decisiones más sencillas dependen ya de une misme. Imagínese despertar cada mañana sabiendo que sus movimientos, su seguridad e incluso su futuro están en manos de otras personas. Para muchas personas palestinas, esto no es una metáfora, sino la realidad cotidiana.

En mi biografía de Facebook hay una cita que dice: “Hay un lugar para mí en el cielo, entre las estrellas”. Para mí, estas palabras reflejan la libertad que todo ser humano merece desde su nacimiento: la libertad de soñar, de vivir con dignidad y de existir sin miedo. Sin embargo, la realidad suele decir lo contrario. Vivir en Palestina puede parecer como cumplir una condena a cadena perpetua sin entrar en una celda. La opresión les persigue por las calles, en su hogar, en sus recuerdos e incluso en sus oraciones.

En la zona de Hebrón, la familia Tamimi vive en la cima de una montaña rodeada por tres asentamientos, entre ellos Jabal Jalis. Su hogar se encuentra sometido a una presión constante, al miedo y al aislamiento. Durante el Ramadán, los colonos israelíes irrumpieron en la zona y se apoderaron de cuatro viviendas cercanas. Para llegar a estas casas, las familias deben pasar ya sea por la casa de la familia Tamimi o por una carretera peligrosa controlada por colonos y las personas soldado.

Cuando las familias intentaron resistir y proteger sus hogares, las personas soldado asaltaron la casa de los Tamimi durante casi cuatro días. Dejaron a la familia sin comida y les privaron de los productos de primera necesidad. Separaron a los hombres de las mujeres y a les niñes de su madre y padre. A una madre se le negó el acceso a su bebé para amamantarlo, y solo tras dos días de súplicas se le permitió finalmente coger en brazos y alimentar a su hijo. Ninguna familia debería verse obligada a suplicar para que una madre pueda consolar a su bebé.

Como personas palestinas, aprendemos a sobrevivir incluso cuando la propia supervivencia se vuelve agotadora. A veces empezamos a hacernos preguntas difíciles: ¿merecemos realmente una vida normal? ¿Es la libertad algo real o es solo una palabra que se repite en discursos, películas y pantallas de televisión? Aun así, hay una verdad que sigue siendo clara: nadie es verdaderamente libre mientras otres vivan bajo la opresión.

Así que hoy, oramos por la libertad. Oramos por la dignidad. Oramos por una vida en la que los niños crezcan sin miedo y en la que las familias no sean castigadas por vivir en su propia tierra. Y recuerda: nuestras sonrisas no borran la ocupación. Aunque sonriamos, seguimos cargando con el dolor, la pérdida y las restricciones. Pero seguimos mereciendo sonreír. Merecemos libertad, seguridad y humanidad, igual que cualquier otra persona en este mundo.

No se sume al ciclo del silencio y la injusticia. Levántese contra la opresión dondequiera que se dé. Porque la libertad que solo pertenece a unes poces no es libertad en absoluto.

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