La sombra de la guerra: el miedo y la escasez siguen marcando la vida cotidiana en todo el Kurdistán Iraquí

Una persona integrante de ECAP Kurdistán Iraquí reflexiona sobre el costo para la población civil de la guerra de EUA e Israel contra Irán y de los ataques de represalia vinculados a Irán.
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A grocer selling fresh products from a stall

Durante tres meses, el conflicto entre Estados Unidos/Israel e Irán ha proyectado una sombra oscura sobre la región de Asia Occidental. Irán y sus países vecinos se han visto especialmente afectados. Entre las zonas más afectadas se encuentra la Región del Kurdistán de Irak, que comparte una extensa frontera con Irán y sigue estando vinculada económica, política y socialmente a los acontecimientos que tienen lugar al otro lado de la frontera.

Aunque la cobertura internacional se ha centrado en gran medida en las operaciones militares y las tensiones geopolíticas, la población civil del Kurdistán Iraquí sigue conviviendo con las consecuencias a largo plazo del conflicto. Desde la inestabilidad económica y la subida de los precios hasta el trauma psicológico y el miedo a nuevos ataques, la guerra ha afectado profundamente a la vida cotidiana.

El impacto económico

Irak y el Gobierno Regional del Kurdistán dependen en gran medida de Irán para satisfacer muchas de sus necesidades básicas diarias, especialmente en los sectores energético y comercial. Una parte significativa del gas y la electricidad de Irak se importa de Irán, mientras que productos esenciales como alimentos, frutas, verduras, medicamentos, materiales de construcción y productos industriales entran habitualmente a través de los pasos fronterizos entre Irán y el Kurdistán iraquí.

A medida que se intensificaban las tensiones entre Irán y Estados Unidos, las importaciones se ralentizaron y aumentó la inquietud en los mercados. Esto provocó rápidamente una subida de los precios de los alimentos, el combustible, el transporte y otros bienes de primera necesidad en toda la Región del Kurdistán. Incluso tras el alto el fuego, muchos precios se han mantenido elevados, lo que ha supuesto una presión adicional para las familias que ya se enfrentaban a la inestabilidad económica y a los retrasos en el pago de los salarios del sector público.

Shilan, propietaria de una cafetería en Sulaymaniyah, describe cómo el conflicto trastornó tanto su negocio como el ambiente emocional de la vida cotidiana:

“Las dimensiones de esta guerra contra el Kurdistán son mucho mayores de lo que se refleja en las noticias”, explica Shilan. “Como empresaria, el conflicto afectó a mi trabajo y a mi vida cotidiana desde múltiples perspectivas. El primer día de la guerra, sufrimos un apagón total. Muchos de mis clientes habituales venían simplemente a cargar sus teléfonos y dispositivos, pero cuando se dieron cuenta de que la cafetería tampoco tenía electricidad, la mayoría se marchó y no volvió en varios días. Para evitar perder a todes nuestres clientes, tuvimos que comprar un generador por nuestra cuenta. Al mismo tiempo, los precios de las verduras y los productos de cocina aumentaron drásticamente. El precio de un cilindro de gas subió de 9,000 a 34,000 dinares iraquíes”.

Shilan explica que muches de sus clientes son personas funcionarias y personas trabajadoras diarias que ya se enfrentaban a dificultades económicas antes de que comenzara el conflicto:

“Durante años, mucha gente de la Región del Kurdistán ha pasado apuros debido a los retrasos en el pago de los sueldos y a la inestabilidad económica. Intentamos mantener los precios de nuestros alimentos asequibles para la gente corriente, pero esta guerra nos ha obligado a subirlos también. Como es lógico, ahora vienen menos clientes”.

Más allá de las consecuencias económicas, Shilan afirma que el conflicto también ha cambiado a las personas a nivel emocional:

“Incluso ahora, tras el alto el fuego, la ansiedad sigue reflejándose en los rostros de la gente. Solía recibir a les clientes con una sonrisa cada día, y en la cafetería siempre reinaba un ambiente alegre. Ahora esa sensación se ha esfumado. De todo, lo más duro ha sido perder esa sensación de vida normal”.

El costo humano

Más allá del aumento de los precios y de la presión económica, el conflicto también ha dejado tras de sí pérdidas humanas irreversibles.

El 7 de abril del 2026, a las 12:23 am, grupos afiliados a Irán en Irak llevaron a cabo dos ataques con drones contra la aldea de Zargazawy, situada en el subdistrito de Darashekran, en la provincia de Erbil.

Uno de los drones impactó contra una vivienda civil y, como consecuencia, murieron dos personas: Musa Anwar Rasul, de 39 años, y su esposa, Muzhda Asaad Hassan, de 35 años.

Musa y Muzhda dejaron dos hijas, que ahora viven con familiares.

Shukur, un vecino de una aldea cercana, recordó la noche del ataque en una entrevista concedida a ECAP-KI en mayo del 2026:

“Soy de Darashekran, muy cerca de Zargazawy. En esta región, todo el mundo se conoce. Todas las personas somos vecinas y formamos parte de una gran familia. Aquella noche, recibimos una llamada en la que nos informaban de que Musa y su mujer habían sido trasladades de urgencia al hospital tras un ataque con drones contra su casa”.

“Al principio, la gente creía que toda la familia había fallecido. Nadie sabía qué había sido de las niñas. Más tarde, nos enteramos de que las dos hijas habían sobrevivido ilesas”.

El ataque supuso un duro golpe para las personas integrantes de la comunidad. No podían entender por qué se había atacado una vivienda civil. En palabras de Shukur: “El ataque sembró el miedo entre todas las personas, porque demostró que la gente corriente no está a salvo”.

A ojos de las personas integrantes de la comunidad, el asesinato ha reavivado los temores con los que muchas comunidades kurdas han convivido durante décadas. Shukur comenta: “No es la primera vez que el Kurdistán sufre bombardeos y ataques por parte de países vecinos. La gente de aquí lleva muchos años conviviendo con este miedo”.

Al hablar de quién soporta la carga más pesada, Shukur señala a la generación más joven: “En todas las guerras, los niños y las niñas son quienes más sufren. No entienden por qué hay explosiones ni por qué desaparece la gente. Incluso cuando cesan los ataques, el miedo permanece en su interior durante mucho tiempo”.

El alto el fuego entre Irán y Estados Unidos no ha logrado poner fin a la violencia. El Kurdistán Iraquí ha sufrido más de un centenar de ataques posteriores por parte de Irán y sus grupos afines. Debido a esta amenaza constante, muchas personas residentes siguen viviendo en un estado de ansiedad permanente.

“La gente sigue teniendo miedo porque esos drones no solo atacaron zonas militares. También se vieron afectadas viviendas civiles. Ese miedo no ha desaparecido”.

Shukur añade que, aunque las autoridades locales reconocieron a Musa y a su esposa como mártires y prometieron apoyo a les hijes sobrevivientes, siguen sin resolverse muchas cuestiones relativas a la indemnización y a la ayuda a largo plazo para las familias afectadas.

Cuando se le preguntó si había algo sobre la guerra que, en su opinión, los medios de comunicación no estuvieran contando al mundo exterior, Shukur respondió: “Si pudiera decir una sola cosa a quienes están muy alejados de esta guerra, sería esto: en este conflicto, quienes sufren el daño principal no son ni Estados Unidos ni el régimen iraní, sino el pueblo de Irán y los pueblos de esta región”. “Como hemos podido comprobar, tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, Irán y sus aliados respondieron con represalias dirigidas contra territorios vecinos, en particular el Kurdistán Iraquí. No es la primera vez que el Kurdistán se convierte en chivo expiatorio y en el blanco de los ataques tras los ataques occidentales o israelíes contra Irán”.

Un futuro incierto

Para muchas personas de la Región del Kurdistán, la guerra también ha agravado el estrés psicológico, la ansiedad social y la sensación de incertidumbre respecto al futuro.

Incluso antes de la reciente escalada, muchas comunidades del Kurdistán Iraquí vivían sometidas a la presión de la inestabilidad regional, los recurrentes ataques transfronterizos y los conflictos en curso en los países vecinos.

A medida que la guerra se intensificaba, muchas personas se encontraban en un estado constante de alerta. La gente seguía de cerca las últimas noticias a lo largo del día, temía la posibilidad de una escalada regional más amplia y se preocupaba por si los ataques pudieran extenderse aún más a zonas civiles.

Muchas personas civiles cuentan que sufren agotamiento emocional, miedo a las explosiones repentinas y ansiedad cada vez que oyen pasar aviones o drones por encima de sus cabezas. Los padres y las madres se preocupaban por la seguridad de sus hijos e hijas, mientras que otras personas temían perder sus hogares, sus trabajos o a sus seres queridos si la violencia se recrudecía aún más.

El conflicto también reavivó recuerdos colectivos más antiguos y profundamente arraigados relacionados con la guerra y el desplazamiento. Para muchas familias, los recientes ataques formaban parte de una historia más larga de inestabilidad e inseguridad en la región.

La dinámica actual en toda la región ha dado lugar al desarrollo del conflicto en Siria y a las intervenciones militares turcas que afectan a las comunidades kurdas. Para muchas personas kurdas del Kurdistán Iraquí, la escalada entre Estados Unidos e Irán supuso un capítulo más en una larga historia de conflictos regionales y desplazamientos.

Un residente de la zona, al reflexionar sobre la carga emocional que supone vivir ciclos repetidos de guerra y escalada del conflicto, comentó: “Durante años, Estados Unidos e Israel han amenazado a Irán. Para nosotres, que vivimos en el Kurdistán, al formar parte de Oriente Medio y ser vecinos directos de Irán, nuestros oídos se han acostumbrado a estas amenazas”. Pero cuando se produjeron los primeros ataques estadounidenses contra Irán esta vez, me dije a mí mismo: “Por fin ha sucedido». De inmediato, recordé el primer misil estadounidense que impactó en Bagdad hace 23 años, y me invadió una profunda angustia. La guerra en casa de tu vecino significa guerra en tu propia casa, sobre todo si ese vecino nunca se ha portado bien contigo ni con tus compatriotas kurdos al otro lado de la frontera. Sé que puede que mucha gente no esté de acuerdo conmigo, pero después de haber sido testigo de tantas guerras y de sus consecuencias, he aprendido una cosa: desear la guerra como vía hacia la liberación es como jugarse todo lo que se tiene. Ni siquiera el jugador que se marcha con dinero es ganador por mucho tiempo”.

Aunque el alto el fuego ha disipado los temores inmediatos a una escalada, muchas personas de toda la Región del Kurdistán siguen viviendo en la incertidumbre. El impacto psicológico del conflicto sigue presente en la vida cotidiana: en las conversaciones, en los recuerdos y en el temor constante a que, en cualquier momento, pueda producirse una nueva escalada.

El Kurdistán Iraquí, al igual que el resto de la región, necesita desesperadamente que esto termine.

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