Las estrechas calles empedradas de la Ciudad Antigua de Hebrón han sido testigos de siglos de historia. Han acogido a comerciantes, personas devotas, familias y visitantes de toda Palestina y de más allá. Hoy, sin embargo, muchas de estas calles cuentan una historia diferente: una historia de restricciones, aislamiento y lucha diaria.
Recientemente, la ocupación israelí ha instalado un nuevo portón en una de las entradas principales a la Ciudad Antigua de Hebrón. Este portón supone una nueva medida más dentro de un amplio sistema de restricciones a la circulación que ha ido transformando gradualmente la zona. Para las familias palestinas que viven en el interior de la Ciudad Antigua, el portón supone un obstáculo más en una realidad que ya de por sí es difícil. Durante décadas, las personas palestinas de la Ciudad Antigua de Hebrón han vivido en condiciones únicas, peores que en cualquier otro lugar de Cisjordania. La zona que rodea la Mezquita de Ibrahim está sometida a un estricto control por parte del ejército israelí y rodeada de asentamientos israelíes establecidos en pleno centro de la ciudad. Numerosos puestos de control militar, cortes de carretera y zonas restringidas dividen los vecindarios y limitan la libertad de movimiento de las personas residentes palestinas.
Asfixiando la economía
La instalación del nuevo portón ha agravado la preocupación entre las personas vecinas. Las personas comerciantes, por ejemplo, temen un mayor aislamiento y un deterioro económico. Bader, propietario de una tienda de recuerdos cerca de la entrada afectada por el nuevo portón, describió la situación como una lucha constante.
“Ya vivimos y trabajamos oficialmente en una zona restringida, rodeades de barreras, personas soldado y asentamientos”, explicó. “Ahora se ha añadido este nuevo portón. Cada nueva restricción nos complica más la vida. Hace que la vida en la Ciudad Antigua sea aún más difícil, tanto para las comerciantes personas como para las personas visitantes y las personas residentes”.
Muchas de las personas comerciantes ya tienen dificultades para transportar la mercancía hasta sus establecimientos. Las entregas que normalmente llevarían unos minutos pueden requerir una gran coordinación y gastos adicionales. Es posible que les proveedores no tengan la disposición de acceder a zonas restringidas, lo que obliga a las personas comerciantes a transportar la mercancía manualmente.
El impacto económico va más allá de las personas propietarias de los negocios. El declive de la actividad comercial afecta a las personas trabajadoras, a las familias, a les proveedores y al tejido social en general de la Ciudad Antigua. Cada tienda que cierra refleja el debilitamiento gradual de un centro comercial histórico que en su día fue el corazón económico de Hebrón.
Acceso a los productos básicos
Las tareas cotidianas se han vuelto complicadas y agotadoras. Para llevar incluso los productos básicos a la Ciudad Antigua, a menudo hay que pasar por puestos de control militar y transportar los suministros a mano por pasajes estrechos.
Uno de los retos más importantes es el acceso al agua. Muchos hogares de la Ciudad Antigua dependen de depósitos de agua, ya que el suministro municipal suele ser insuficiente. Las personas residentes tienen que transportar con frecuencia los depósitos de agua u organizar entregas para garantizar que sus familias dispongan de agua suficiente para el uso diario.
El nuevo portón plantea dificultades adicionales para estas entregas. Los depósitos de agua, los cilindros de gas, los materiales de construcción, los electrodomésticos y otros suministros esenciales a menudo no pueden pasar libremente por las entradas restringidas. Como consecuencia, las familias se ven obligadas a buscar rutas alternativas y a transportar objetos pesados a lo largo de largas distancias.
Para las personas residentes de edad avanzada, las personas con discapacidad y las familias con niños y niñas pequeñes, estas restricciones resultan especialmente gravosas. Lo que debería ser una simple entrega de gas para cocinar o de agua potable puede convertirse en un proceso largo y estresante.
El vaciamiento de la Ciudad Antigua
Muchas personas residentes y comerciantes creen que estas restricciones forman parte de una política más amplia destinada a vaciar la Ciudad Antigua de su población palestina. A medida que la vida cotidiana se vuelve cada vez más difícil, muchas familias se ven presionadas a abandonar sus hogares y sus tiendas. Las personas residentes sostienen que estas medidas están diseñadas para crear condiciones que obliguen a la gente a trasladarse y marcharse, reduciendo así gradualmente la presencia palestina en la Ciudad Antigua.
La Ciudad Antigua fue en su día uno de los centros comerciales más animados de Hebrón. Los mercados tradicionales, las tiendas, los talleres y las personas vendedoras ambulantes atraían a clientes de toda la región. Los zocos históricos de la ciudad eran famosos por sus productos artesanales, su gastronomía, sus textiles y su artesanía local.
Las restricciones de circulación han reducido el acceso de les clientes y han disuadido a las personas visitantes de entrar en la zona. Las personas comerciantes señalan que muchas personas palestinas evitan la Ciudad Antigua porque para llegar a ella hay que atravesar portones, puestos de control fronterizo o recorrer calles restringidas rodeadas de asentamientos.
A diferencia de otros asentamientos de la Cisjordania Ocupada, varios asentamientos israelíes se encuentran situados directamente en el interior de barrios palestinos. La presencia de colonos ha dado lugar a amplias medidas militares, entre las que se incluyen puestos de control militar, cierres de carreteras, sistemas de vigilancia y restricciones a la libertad de movimiento de las personas palestinas.
Las personas residentes suelen describir que se sienten atrapadas entre el control militar y la expansión de los asentamientos. Calles enteras que antes eran zonas comerciales muy animadas han quedado prácticamente desiertas tras ser declaradas zonas restringidas para las personas palestinas. Algunas carreteras pueden ser utilizadas libremente por los colonos, mientras que permanecen cerradas o con fuertes restricciones para las personas residentes palestinas.
El nuevo portón forma parte de un sistema más amplio de vallas que, según las personas residentes, da prioridad a los intereses de los asentamientos a costa de la vida cotidiana de las personas palestinas.
A lo largo de los años, muchas familias han decidido abandonar la zona – o se han visto obligadas a hacerlo – debido a las dificultades económicas, las restricciones de movimiento y las preocupaciones por la seguridad. Quienes permanecen allí se enfrentan a retos constantes a la hora de intentar mantener su vínculo con la Ciudad Antigua.
Acceso al culto
El impacto del nuevo portón también lo sufren las personas devotas que se dirigen a la Mezquita de Ibrahim, uno de los lugares religiosos más importantes de Palestina. Miles de personas palestinas visitan la mezquita con regularidad para las oraciones diarias, las oraciones del viernes y las celebraciones religiosas. Sin embargo, el acceso se ve afectado con frecuencia por los puestos de control fronterizo y los cierres israelíes.
Las personas residentes y las personas devotas temen que la instalación de nuevos portones y la imposición de restricciones puedan complicar aún más el acceso a la mezquita, sobre todo para las personas devotas de edad avanzada y las personas visitantes procedentes de otras zonas de Hebrón. Durante las fiestas religiosas y las ocasiones especiales, suelen formarse largas colas en los controles de seguridad que conducen a la mezquita. Las personas devotas pueden sufrir retrasos, registros y restricciones de movimiento antes de llegar al recinto.
Para las personas palestinas, las restricciones forman parte de su vida cotidiana. Muchas personas nunca han podido moverse con total libertad por sus propios barrios. A pesar de estas dificultades, muchas personas residentes siguen comprometidas con la preservación de la vida en la Ciudad Antigua de Hebrón. Las personas comerciantes abren sus negocios cada mañana a pesar de las dificultades económicas. Las organizaciones comunitarias, las personas en el liderazgo local y los grupos de defensa de los derechos humanos siguen documentando la situación e incidiendo por la libertad de movimiento y por la igualdad de acceso.
Reflexiones sobre la resiliencia
Cada vez que recorro la Ciudad Vieja de Hebrón, ya sea para visitar a una familia o para realizar un monitoreo sobre el terreno, me doy cuenta de que las restricciones que se imponen aquí afectan a las personas. Detrás de cada entrada cerrada hay una familia que intenta vivir con dignidad, una persona comerciante que lucha por ganarse la vida o una persona mayor que intenta llegar a un lugar de culto.
Cuando vi el nuevo portón instalado a la entrada de la Ciudad Vieja, pensé en los residentes, que ya se enfrentan a innumerables obstáculos en su vida cotidiana. Para muchas personas fuera de Hebrón, una puerta puede parecer algo insignificante. Pero para quienes viven aquí, supone un nuevo retraso en el suministro de agua, una nueva dificultad para llevar gas a casa para cocinar, otro cliente que decide no acudir al mercado o una persona devota más al que se le disuade de acudir a la Mezquita de Ibrahim.
Lo que más me impacta es el contraste entre la belleza y la historia de la Ciudad Vieja y la realidad a la que se enfrentan cada día sus habitantes. Las calles empedradas, los edificios antiguos y la cultura tan viva cuentan la historia de una comunidad que lleva generaciones existiendo. Sin embargo, esas mismas calles se ven cada vez más interrumpidas por barreras.
A pesar de todo, sigo siendo testigo de una resiliencia extraordinaria. Las personas comerciantes abren sus tiendas cada mañana, las familias siguen viviendo en las casas en las que sus antepasados han vivido durante generaciones y las personas vecinas continúan recibiendo a las personas visitantes con calidez y hospitalidad.
Su determinación por seguir vinculados a su ciudad es inspiradora, pero no debe confundirse con una aceptación de las condiciones que se les han impuesto.


