La liberación no vendrá de las bombas

Entrevista con el ‘Iranian Collective for Peace and Justice’ (Colectivo Iraní por la Paz y la Justicia – Canadá
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People at a demonstration
Manifestación contra la guerra en Toronto, 12 de abril del 2026.

El 28 de febrero del 2026, Israel y Estados Unidos iniciaron una guerra ilegal contra Irán. El pretexto que adujeron fue la brutal represión por parte del Gobierno Iraní de un levantamiento nacional ocurrido el mes anterior, en el que un gran número de personas iraníes salieron a las calles para exigir la caída del Gobierno. Las fuerzas de seguridad actuaron con implacable dureza, causando la muerte de miles de personas.

Israel y Estados Unidos afirmaron que se trataba de una guerra de liberación para el pueblo iraní, aunque sus ataques se dirigieron contra infraestructuras civiles. Reza Pahlavi, el hijo exiliado del antiguo Sha de Irán – derrocado en la Revolución Iraní de 1979 – fue presentado como una posible figura simbólica para un cambio de régimen.

En los últimos años, un sector de las personas monárquicas iraníes en el exilio se han aliado de forma más abierta con los partidarios de Israel y Estados Unidos, reforzando así los argumentos a favor de la guerra. La bandera anterior a la República Islámica, que lleva el símbolo de un león y un sol, se puede ver en marchas a favor de la guerra, manifestaciones de extrema derecha y concentraciones en apoyo a Israel por todo Occidente, junto a banderas con el emblema de la ‘SAVAK’, la policía secreta del Sha que se convirtió en sinónimo de la tortura de las personas disidentes políticas.

Los argumentos a favor de la guerra se basaban en una cuestión controvertida: ¿qué es lo que realmente quieren las personas iraníes? Para analizar esta cuestión, el mes pasado ECAP entrevistó a un colectivo de personas activistas contra la guerra de la diáspora iraní en Toronto. Desde que realizamos la entrevista, tras más de tres meses de guerra, se está negociando un frágil acuerdo de paz.


Equipos y Comunidades de Acción por la Paz: El Colectivo Iraní por la Paz y la Justicia adopta una postura clara contra el imperialismo estadounidense e israelí y contra las acciones de la República Islámica de Irán. ¿Podría usted contarnos cómo se formó el colectivo? ¿Por qué este es un momento especialmente urgente para organizarse, sobre todo al mantener estas dos posturas a la vez?

Colectivo Iraní por la Paz y la Justicia: Nuestro colectivo se fundó el 5 de marzo del 2026 a iniciativa de un grupo de personas activistas iraníes residentes en Canadá que participan en movimientos a favor de las mujeres, las personas trabajadoras, las personas estudiantes, el mundo académico, la comunidad queer, la izquierda y la justicia social. El colectivo se formó en los días críticos que siguieron al inicio de los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán el 28 de febrero del 2026, impulsado por el consenso de que era esencial oponerse firmemente a esta guerra devastadora, al tiempo que se rechazaba cualquier intento de justificar o legitimar la represión de la República Islámica. Incluso antes de la guerra, muches de nosotres ya buscábamos maneras de superar la dicotomía artificial entre la monarquía de Pahlavi y la República Islámica. Para nosotres, la cuestión nunca ha sido qué forma de autoritarismo debería sustituir a la otra. La cuestión es cómo imaginar un futuro basado en la libertad, la igualdad, la dignidad, la justicia y la autodeterminación.

Esto también implica rechazar un concepto de identidad “iraní” persa u homogéneo. Cualquier debate serio sobre Irán debe dar protagonismo a las voces, las historias y las reivindicaciones políticas de sus diversas naciones y comunidades, incluidas las personas kurdas, luras, baluchis, árabes, azaris/turcas, turcomanas, gilaks, mazandarani y otras cuyos experiencias han sido históricamente marginadas o borradas.

Nuestra postura es antibélica, antiautoritaria, antifascista y centrada en la justicia, y se basa en valores e ideales feministas y socialistas. Nos oponemos tanto a la intervención imperialista como a la opresión interna, y creemos firmemente que el futuro debe forjarse a través de las propias luchas y movimientos populares de base, y no a través de los Estados, las clases dominantes, las fuerzas monárquicas o las potencias extranjeras que pretenden apropiarse de esas luchas.

Consideramos que era necesario formar este colectivo, junto con otros grupos y coaliciones de izquierdas de la diáspora, para contrarrestar la retórica de las personas monárquicas y otras fuerzas belicistas que presionan agresivamente a favor de una intervención militar extranjera. Estos grupos reaccionarios actuaban bajo la falsa premisa de que una guerra liderada por Estados Unidos e Israel derrocara rápidamente a la República Islámica y facilitara el regreso de su líder, Reza Pahlavi. En nuestra opinión, una campaña militar tan ilegal y destructiva no traería la liberación, sino que resultaría catastrófica para el pueblo iraní y sus luchas populares por la libertad, la igualdad y la justicia.

Nuestra política tiene sus raíces en las luchas de las mujeres, las comunidades queer, las personas trabajadoras, las personas estudiantes, las naciones oprimidas y todes aquelles que se han resistido tanto a la violencia estatal como a la exclusión social. Entendemos la liberación como la transformación de las estructuras que generan y perpetúan la desigualdad, la dominación, la explotación, el patriarcado, el militarismo, la opresión nacional y el régimen autoritario.

El colectivo hace hincapié en la total independencia de los movimientos sociales respecto a todos los Estados y a las agendas políticas de las clases dominantes, manteniendo unos principios que rechazan el imperialismo, el autoritarismo, el monarquismo, el fascismo, el capitalismo, el patriarcado y todas las formas de dominación. Por consiguiente, mantenemos una postura firme según la cual cualquier justificación o apoyo a las acciones de Estados Unidos, Israel o la República Islámica es totalmente inaceptable, y nuestro compromiso es con la liberación del pueblo tanto del despotismo interno como del imperialismo mundial.

Oponerse a la República Islámica no significa apoyar la guerra, la militarización, las sanciones que perjudican a la gente corriente ni la intervención extranjera. El futuro de Irán debe ser forjado por el propio pueblo.

ECAP: En los últimos años, algunos sectores de la diáspora iraní han ganado visibilidad. Algunos grupos, sobre todo en los círculos monárquicos, se han alineado con movimientos de extrema derecha o han expresado su apoyo a Israel, en oposición a la lucha por la libertad del pueblo palestino. ¿Por qué crees que estas corrientes han cobrado fuerza ahora? ¿Qué retos plantean para las personas iraníes antifascistas comprometidas con la solidaridad internacional?

ICPJ: Esta es una cuestión muy importante. Las personas monárquicas siempre han contado con personas partidarias, pero, históricamente, no han tenido una base significativa dentro de Irán. Desde la revolución de 1979, nunca habían logrado atraer el apoyo de la diáspora iraní en la medida en que lo hemos visto más recientemente. Todes sabemos lo importante que es el papel de los medios de comunicación a la hora de moldear la opinión pública. Tras el levantamiento nacional que tuvo lugar en Irán en enero – que comenzó con huelgas y manifestaciones en el Bazar de Teherán y se desencadenó a raíz de las protestas contra el nuevo desplome del valor de la moneda iraní, el rial – la República Islámica impuso rápidamente un bloqueo total de Internet en todo el país. Como consecuencia, el acceso de la población a la información ajena a los medios estatales quedó gravemente limitado.

Durante años, gran parte de la población ha boicoteado la cadena estatal del régimen debido a su función como aparato de propaganda. Durante el corte de Internet, muchas personas solo pudieron acceder principalmente a canales en persa por satélite. La corriente monárquica, que cuenta con importantes recursos económicos y apoyo externo, se benefició de este entorno mediático. Los principales medios de comunicación en lengua persa del extranjero, entre ellos ‘Iran International’ y ‘Manoto’, e incluso la ‘BBC Persian’, estaban totalmente a su disposición para la producción y difusión de propaganda. Desempeñaron un papel importante en la elaboración y difusión de narrativas favorables a la corriente pahlavi.

Ante la falta de acceso a Internet, la emisión por satélite de ‘Iran International’ funcionaba las veinticuatro horas del día para difundir propaganda a favor de la corriente pahlavi y reforzar la idea de que las protestas en Irán se producían en respuesta a los llamamientos de ‘Reza Pahlavi’. Esto creó la impresión errónea de que las personas monárquicas contaban con una base mucho más amplia en Irán de lo que realmente tenían.

Curiosamente, varias personas investigadoras independientes especializadas en medios de comunicación han publicado recientemente un estudio que muestra hasta qué punto se exageró el pahlavismo en dos de las cuatro principales cadenas de televisión por satélite en lengua persa con sede en el extranjero durante su cobertura de las protestas de enero a favor de las personas monárquicas (el estudio revela una exageración relativa del 376% en el caso de ‘Iran International’ y de aproximadamente el 105% en el de ‘BBC Persian’). En resumen, dos factores – en primer lugar, el bloqueo total de Internet a nivel nacional por parte de la República Islámica y, en segundo lugar, la cobertura exagerada y engañosa de los medios de comunicación por satélite en lengua persa de gran audiencia – permitieron que la corriente monárquica se hiciera con el control del discurso.

Además, los considerables recursos financieros de que dispone esta corriente también han contribuido a reforzar su capacidad para organizarse en el extranjero. Los grupos de oposición independientes que se encuentran fuera del país no tienen acceso a nada comparable.

En cuanto a los retos que esta corriente de extrema derecha y monárquica plantea a los movimientos progresistas y antifascistas iraníes, los problemas más significativos de los últimos meses han estado relacionados con amenazas, agresiones, intimidaciones, actos de violencia, difamaciones y campañas de desprestigio organizadas contra cualquier voz independiente que no se adhiera al discurso monárquico.

Nuestra propia manifestación contra la guerra del 12 de abril – celebrada contra la guerra, el imperialismo y la República Islámica – fue objeto de una campaña de este tipo. Dada su extensión, no entraremos aquí en detalles, pero se puede encontrar más información en nuestro comunicado en el cual condenamos esta campaña organizada de intimidación y difamación.

ECAP: En los primeros días de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, algunas voces influyentes de la diáspora defendieron la guerra como la última esperanza para un pueblo desesperado. Esto ahogó una postura clara y contraria a la guerra. ¿Ha recibido el ‘ICPJ’ críticas o reacciones negativas por oponerse a la guerra? ¿Usted ha observado algún cambio en estas posturas a favor de la guerra a medida que el costo humano se ha hecho más visible?

ICPJ: Como se ha mencionado anteriormente, sí, fuimos objeto de una campaña de este tipo precisamente por nuestra postura contra la guerra. Quienes nos atacaban se valían de la falsa disyuntiva “o la República Islámica o la guerra” para desacreditarnos e intimidarnos a nosotres y a cualquier voz independiente contraria a la guerra. El día de nuestra manifestación, apareció un grupo de contramanifestantes que portaban banderas israelíes, banderas con el león y el sol e imágenes de Reza Pahlavi, Trump, Netanyahu e incluso la bandera de la ‘SAVAK’ (el aparato represivo de la antigua monarquía de Pahlavi). Mediante altavoces, insultaron, acosaron y amenazaron a las personas participantes en nuestra manifestación contra la guerra y contra la República Islámica e intentaron entorpecer nuestra protesta pacífica.

Al mismo tiempo que se celebraba esta concentración en Toronto, las personas integrantes del Colectivo de Ottawa organizaron allí una manifestación similar.

Mientras nuestro Colectivo de Ottawa se preparaba para la manifestación, el jueves 9 de abril, dos personas que se identificaron como pertenecientes a la ‘Public Safety Canada’ (Seguridad Pública de Canadá), un departamento del Gobierno federal, se presentaron en los domicilios de personas integrantes del Colectivo y les preguntaron por los motivos y las razones que impulsaban la concentración. Afirmaron que se habían planteado inquietudes respecto a la injerencia en la organización de la manifestación y que estos asuntos estaban siendo objeto de investigación. Las personas integrantes del Colectivo rechazaron de forma explícita estas acusaciones y están tramitando el asunto a través de su defensoría legal.

Los intentos de las personas partidarias de Pahlavi por eliminar cualquier postura independiente entre las personas activistas políticas iraníes fueron a la vez desesperados y reveladores. En nuestra manifestación, junto a las consignas contra la agresión estadounidense-israelí a Irán, el Líbano y Palestina, también coreamos consignas contra la República Islámica y contra las ejecuciones en Irán. Sin embargo, ese mismo día, a través de los altavoces, recibimos ataques por estos pahlavistas. Más tarde, publicaron fotos e información personal de varias personas que habían participado en nuestra acción en una cuenta de X, etiquetándolas con términos inventados como “muyahidín” y “yihadista” en un intento de difamarnos e intimidarnos –aunque, en última instancia, estos esfuerzos no tuvieron éxito. Aparte de estos grupos monárquicos, nuestro colectivo no ha sido, hasta ahora, objeto de ataques directos por parte de otres debido a nuestra postura contra la guerra.

En cuanto al cambio de opinión de posturas a favor de la guerra a posturas en contra, hemos observado ese cambio en cierta medida, aunque sobre todo de forma indirecta. Por ejemplo, en los principales canales por satélite, como ‘BBC Persian’, en comparación con hace unos meses, ahora se da mayor cabida a las voces que se oponen a la guerra, e incluso ha cambiado el lenguaje utilizado por las personas presentadores y las personas periodistas. Además, algunas personas que antes apoyaban abiertamente la guerra, ahora guardan silencio o intentan justificar sus posturas anteriores. Creemos que también se ha producido un cambio similar en Irán, pero, debido a la falta de acceso a Internet, resulta más difícil que nunca evaluar la opinión pública.

ECAP: Tras meses de restricciones a Internet en Irán, resulta más difícil escuchar muchas voces, sobre todo las procedentes del propio país. Mientras tanto, los medios de comunicación internacionales suelen dar mayor relevancia a un abanico más limitado de perspectivas. ¿Podría contarnos qué noticias le llegan desde Irán, sobre todo de las personas trabajadoras, las mujeres, las personas estudiantes, las comunidades queer y los distintos grupos nacionales o étnicos? ¿Cómo están defendiendo estos grupos sus posturas contra la guerra, al mismo tiempo que continúan su lucha contra la represión estatal?

A pesar de los más de 80 días (en el momento de la entrevista) de cortes casi totales de Internet impuestos por la República Islámica, el mensaje de las personas activistas por la justicia social en Irán es claro: la guerra se ha convertido tanto en una fuente directa de destrucción como en un pretexto para intensificar la represión estatal. Las personas trabajadoras se ven ahora obligadas a elegir entre el desempleo y la explotación extrema, con unos salarios que se han desplomado hasta apenas unos pocos dólares al día, en un contexto de inflación galopante y una fuerte devaluación de la moneda. Para las mujeres de clase trabajadora y las personas queer, esta crisis ha agravado la discriminación sistémica y la dependencia económica. Esta carga es aún más aguda para los pueblos de Irán que sufren una marginación y opresión sistémicas – entre ellas las personas kurdas, las personas baluchis, las personas árabes, las personas lurs, las personas turcas y las personas migrantes afganas – que se enfrentan a una discriminación múltiple y estructural y a la securitización de sus demandas básicas en materia de medios de subsistencia.

La República Islámica ha debilitado y fragmentado aún más los movimientos mediante un acceso a “Internet por clases”, lo que garantiza que las personas capitalistas y otras élites económicas y políticas sigan conectadas, mientras que la clase trabajadora y las comunidades marginadas quedan silenciadas.

Las personas activistas independientes de Irán, que llevan mucho tiempo advirtiendo de que la guerra sería catastrófica, devastaría los movimientos de base y daría alas a las políticas represivas de la República Islámica, están viendo ahora cómo esas advertencias resultan trágicamente acertadas. Estos grupos se encuentran sometidos a más presión y vigilancia que en ningún otro momento desde la guerra entre Irán e Irak de la década de los 80. Hemos sido testigos de un fuerte descenso en las actividades organizativas visibles y en las declaraciones públicas de las organizaciones de personas trabajadoras, de grupos estudiantiles y otras agrupaciones que luchan por la igualdad y la justicia en Irán. En consecuencia, aunque siguen manteniendo una firme postura contra la guerra, al mismo tiempo rechazan al régimen que les oprime.

Denuncian la escalada de la persecución y las ejecuciones, al tiempo que rechazan el militarismo y el auge de los movimientos de extrema derecha y fascistas, incluido el retorno a la monarquía e inciden, en su lugar, por la solidaridad internacionalista contra el capitalismo, el imperialismo, el patriarcado y el despotismo interno.

Esta postura antibélica no refleja necesariamente las opiniones de toda la población; muchas personas en Irán, especialmente entre las clases media y media-alta, se vieron influidas por las personas pahlavistas y sus campañas masivas de propaganda, destinadas a convencer a la población de que la intervención imperialista era la única forma de derrocar a la República Islámica. Este movimiento belicista y peligroso saboteó de manera significativa el levantamiento de enero en Irán y, como se ha mencionado anteriormente, sigue atacando violentamente a las personas activistas sociales y a las personas defensoras de los derechos civiles, tanto dentro de Irán como en el extranjero, si se oponen a la guerra. El impacto devastador de esta guerra demostró a la mayoría de la gente que Trump y Netanyahu no son amigos del pueblo iraní ni de la región, y que ambos son criminales de guerra. Esto demostró que el camino hacia la liberación pasa únicamente por los movimientos populares de base y la autodeterminación, y no por las fuerzas imperialistas ni los conflictos geopolíticos.

ECAP: Tras la violenta represión de las protestas en Irán el pasado mes de enero, algunas personas integrantes del movimiento contra la guerra siguen juzgando a Irán principalmente en función de su papel geopolítico, especialmente en relación con el genocidio en Gaza. ¿Su colectivo ha encontrado reticencias o tensiones por parte de posibles aliades a la hora de apoyar los movimientos por la libertad en Irán? ¿Cómo abordan esas conversaciones? ¿En qué medida supone esto un reto a la hora de construir una alianza contra la guerra?

ICPJ: Nuestro colectivo no se ha enfrentado específicamente al tema mencionado en su pregunta, ya que para nuestra acción contra la guerra y contra la República Islámica del 12 de abril recibimos el apoyo de varios grupos de izquierda de Canadá, la mayoría de los cuales no eran iraníes.

Tras la masacre de personas manifestantes perpetrada por el Gobierno en enero, numerosas organizaciones de izquierda, feministas y sindicales de todo el mundo condenaron el asesinato de personas inocentes en Irán y expresaron su solidaridad con el pueblo iraní. Sin embargo, muchas otras personas de los círculos de izquierda y progresistas de Occidente o bien guardaron silencio o bien se alinearon con la versión del régimen sobre aquella brutal represión. Para muches de nosotres en el colectivo, esto supuso una constatación profundamente dolorosa.

Aquellas personas izquierdistas que creen que una postura antiimperialista exige defender la República Islámica han malinterpretado por completo la cuestión. La base de la política de izquierdas siempre ha sido la búsqueda de la igualdad y la justicia, así como la oposición a la opresión y la explotación. Aquellas personas que se identifican como de izquierdas pero no se solidarizan con la clase trabajadora y las personas oprimidas de Irán frente a las políticas y a las medidas represivas, misóginas, capitalistas y neoliberales de la República Islámica parecen haber olvidado estos valores fundamentales. Parecen haberse quedado atrapadas en la falsa dicotomía de tener que elegir entre apoyar a la República Islámica o al imperialismo estadounidense.

Además, la República Islámica lleva mucho tiempo persiguiendo sus propias ambiciones y objetivos como potencia regional. A lo largo de sus 47 años de historia, el régimen ha ampliado de forma constante su influencia en toda la región, abordando los conflictos locales y regionales no desde una solidaridad genuina, sino como una herramienta para promover sus propios intereses estatales y sus ambiciones ideológicas y de poder.

Los movimientos obreros, feministas y de justicia social iraníes han apoyado de forma constante y firme al movimiento de liberación palestino y han condenado el régimen de apartheid israelí, basado en el genocidio y la limpieza étnica, que se ha llevado a cabo con el pleno apoyo de EAU y sus aliades.

Sin embargo, queremos destacar que la verdadera y duradera emancipación del pueblo palestino no es un objetivo genuino para el régimen islámico. Más bien, no es más que una herramienta política. Independientemente de las discrepancias actuales derivadas de la situación geopolítica, creemos que, en última instancia, los pueblos de Irán, Palestina, Líbano, Siria, y el resto de la región comparten un profundo interés mutuo por superar las intervenciones imperialistas y la opresión sistémica. La verdadera solidaridad reside en que todes nosotres, como pueblos, nos mantengamos unidos para luchar por nuestro derecho a la autodeterminación, completamente libres de toda intervención imperialista y de los Estados de la región.

ECAP: Tanto Estados Unidos como Israel han afirmado haber prestado apoyo material a los movimientos de protesta en Irán. ¿Cómo debemos interpretar estas afirmaciones, teniendo en cuenta tanto la realidad de la intervención extranjera como la larga historia de resistencia a la represión estatal en Irán?

ICPJ: Debemos tomar estas afirmaciones con gran escepticismo. Trump y Netanyahu han mentido en repetidas ocasiones para defender sus propios intereses políticos. Lo hemos visto claramente en Gaza. No se detendrán ante nada – ni siquiera ante el genocidio – para defender sus intereses. Vimos lo que hicieron en Gaza y las mentiras que contaron al respecto. Si bien es cierto que Israel cuenta con espías y agentes en Irán en los más altos niveles de seguridad y en el propio régimen, durante las protestas de enero, el papel de EUA e Israel se redujo a entregar a las personas manifestantes iraníes para que fueran masacradas, debido a las mentiras difundidas por Trump, Netanyahu y Reza Pahlavi. Netanyahu afirmó que había agentes del Mossad en las calles iraníes junto a las personas manifestantes, y Trump, en sus redes sociales, animó a la gente a salir a la calle, alegando que “la ayuda estaba en camino”. Ya vimos en qué consistió esa “ayuda”: bombas que caían del cielo sobre personas inocentes, destruyendo colegios, hospitales e infraestructuras esenciales.

Estas mentiras no solo no sirvieron de nada, sino que proporcionaron al régimen una justificación más para intensificar la represión y asesinar a las personas manifestantes – tanto en las calles como, ahora, en las cárceles. Desde el inicio de la guerra, las ejecuciones en Irán han aumentado drásticamente, a menudo llevadas a cabo a puerta cerrada y sin las garantías procesales debidas, basándose en acusaciones en gran parte falsas, como el espionaje a favor de Israel o de Estados Unidos. Esto demuestra cómo la guerra ha brindado a la República Islámica la oportunidad de ajustar cuentas con la población disidente.

La realidad es que las protestas de enero surgieron de forma espontánea como respuesta al colapso del Rial y se extendieron rápidamente en cuestión de días. No tuvieron nada que ver con los llamamientos de Reza Pahlavi, Netanyahu o Trump. Si usted ha seguido los movimientos sociales en Irán durante las últimas dos décadas, sabrá que tras el levantamiento “Mujer, Vida, Libertad”, el derrocamiento del régimen se convirtió en una de las consignas clave de las personas manifestantes, que salieron a la calle en repetidas ocasiones a pesar del gran riesgo que ello suponía para sus vidas y por su bienestar. La República Islámica reprimió ese movimiento mediante la violencia, pero todas las personas en Irán – incluido el propio régimen – sabía que se trataba de algo temporal. La sociedad era como un polvorín, a punto de estallar ante la más mínima chispa.

Incluso antes de enero del 2026, esto ya se podía observar en las protestas y huelgas que se producían a diario en todo el país. Las personas manifestantes representaban a un amplio abanico de la sociedad civil, como personas jubiladas, personas en la docencia, personas trabajando en enfermería, personas estudiantes y personas trabajadoras de diversas nacionalidades y comunidades que, a menudo, han sido marginadas. Apenas pasaba un día sin que se produjera algún tipo de protesta en Irán. Las intervenciones de Estados Unidos e Israel no hicieron más que perjudicar a los movimientos populares desde el principio, y el posterior ataque militar los relegó a un segundo plano. No se puede esperar que la gente salga a la calle o se organice mientras les caen bombas sobre la cabeza.

Planteamos una pregunta a quienes difundieron las afirmaciones falsas de Netanyahu: ¿cuál de las dos explicaciones es más racional? ¿Que la gente en Irán estuviera tan harta y enfadada que salió a la calle a protestar contra sus tiranos o que Israel tuviera decenas de miles de espías en un país tan extenso como Irán para salir a la calle en enero?

ECAP: Para las personas lectoras de Europa y Norteamérica que quieran apoyar las iniciativas contra la guerra y las luchas por la justicia en Irán, ¿qué formas de acción o solidaridad considera usted más significativas?

ICPJ: Queremos aprovechar la ocasión para dar las gracias a quienes adoptan esta postura – incluso antes de ofrecer un apoyo activo – simplemente por situarse en el lado correcto de la historia. Muchas personas se creen la falsa dicotomía de “o la República Islámica o la guerra”, lo cual es un error. Debemos amplificar enérgicamente las voces que se oponen a la guerra, al militarismo, a las intervenciones imperialistas y a los regímenes represivos de la región, incluida la República Islámica. Solo así podremos romper esta falsa dicotomía. Cualquiera que disponga de una plataforma – ya sea en los medios de comunicación, en las redes sociales o incluso en conversaciones personales con amistades y familiares – puede ayudar a difundir este mensaje. Además, colectivos independientes y grupos activistas similares al nuestro en toda Europa y Norteamérica han comenzado a organizarse y a movilizar protestas, como las que celebramos el 12 de abril en Toronto y Ottawa.

Hacemos un llamamiento a la izquierda, a las personas progresistas, a las feministas, a las personas sindicalistas, a los colectivos antirracistas, a las comunidades queer, a los movimientos contra la guerra y a todas las personas que luchan por la justicia alrededor del mundo para que apoyen estas acciones: no solo para condenar enérgicamente la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, sino también para mostrar nuestra solidaridad con el pueblo iraní y sus luchas contra la opresión de la República Islámica y a favor de la libertad, la igualdad, la justicia y la autodeterminación, sin intervención extranjera.

La solidaridad auténtica implica rechazar la indignación selectiva. Implica apoyar a los movimientos populares, no a los Estados. Implica apoyar a las personas trabajadoras, a las mujeres, a las personas estudiantes, a las comunidades queer, a las naciones oprimidas y a todas aquellas personas que luchan por la libertad y la justicia en Irán, al tiempo que nos oponemos a la guerra imperialista y a la intervención extranjera.

Nuestro mensaje es sencillo: la liberación no vendrá de las bombas, ni de las personas monárquicas, ni de las potencias imperiales. Vendrá del propio pueblo.


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