Una semana de callejones sin salida

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A naval boat arriving into harbour in mytilene, greece
Una embarcación de la Guardia Costera en el puerto de Mitilene, Lesbos.

Esta semana, un colega y yo viajamos a Samos para observar los juicios de once personas acusadas en virtud de las leyes contra el contrabando. Este enjuiciamiento sistemático de personas que han intentado ponerse a salvo – y brindarles a sus familias la oportunidad de una vida mejor – ha sido documentado en muchas ocasiones, y nuestro propio informe de monitoreo del año pasado lo analizó a fondo.

Después de un viaje de seis horas, nos sentamos en la sala del tribunal, listes para ver la misma obra mal montada en la que tantas vidas se echan a perder. Pero el día nos tenía reservado algo peor. Mientras esperábamos, nos llegaron noticias de casa: en Mitilene, una embarcación que transportaba personas migrantes se había “colisionado” con una lancha rápida de la Guardia Costera Helénica (HCG, por sus siglas en inglés). Seis personas habían fallecido (cuatro hombres, una mujer y un infante), y otras ocho se encontraban gravemente heridas en el hospital. La historia resultaba dolorosamente familiar. Según la ‘HCG’, una pequeña embarcación abarrotada había intentado embestir a una embarcación de tipo militar mucho más grande y pesada: en realidad, una misión suicida. Es el mismo relato que escuchamos tras el naufragio del año pasado en Quíos, en el que perdieron la vida quince personas. Una vez más, no hubo imágenes de las cámaras de la ‘HCG’ ni grabaciones de radio del Centro de Coordinación que lo confirmaran.

La culpa fue creciendo mientras tomábamos asiento allí, lejos de las personas sobrevivientes y de la investigación sobre lo que realmente había sucedido. Entonces, una persona colega en la asistencia jurídica nos encontró en la sala del tribunal con más noticias. Otra embarcación se había volcado al norte de Samos, dejando seis personas muertas, quince personas sobrevivientes y tres personas desaparecidas. La desesperación se apoderó de nosotres. ¿Cómo puede estar pasando esto? ¿Cómo es posible que se pierdan tantas vidas en tan poco tiempo? ¿Cómo es posible que haya tantas muertes si no estamos en una zona de guerra? ¿O acaso sí lo estamos? Esta vez, la ‘HCG’ afirmó que nunca se acercó a la embarcación, sino que solo la observó desde lejos y realizó disparos de advertencia desde una distancia “segura” para hacerla detener. Según afirman, el conductor intentó huir y realizó una maniobra peligrosa que hizo que la embarcación se volcara. Pero hay algo que no cuadra. ¿Cómo es posible que los disparos fueran seguros y la maniobra, peligrosa?

Ahora estamos de vuelta en Lesbos, sintiendo agotamiento físico por el viaje y aún más sintiendo desanimo por la oscuridad a la que nos vemos en la obligación de enfrentar. Nos sentimos de pequeño tamaño e impotentes ante esta violencia fronteriza, porque nada de esto es un caso aislado. Las muertes en el mar, el prolongado encarcelamiento de personas jóvenes migrantes, las condiciones inhumanas en los centros de detención y la existencia sin derechos en las ciudades europeas forman parte de un mismo régimen: un régimen fronterizo basado en la deshumanización de las personas y la desvalorización de sus vidas.

Y, sin embargo, no nos queda más remedio que seguir luchando: por un mundo de paz, dignidad y solidaridad. Desde las calles de París, Tirana y Atenas hasta las fronteras de Europa, todas las personas luchamos por lo mismo: una vida digna.

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