“Mi gente es hermosa, aunque esté envenenada”.

En ‘Grassy Narrows’, una lucha de décadas contra el racismo ambiental y la devastación provocada por el colonialismo ha forjado una comunidad de resistencia. Josiah Neufeld reflexiona sobre su determinación y su resolución.
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A river and its banks

Una lluvia ligera brillaba sobre las hojas y las agujas de los bosques de pinos, abetos y álamos que rodean la comunidad de ‘Asubpeeschoseewagong’ – también conocida como ‘Grassy Narrows’ – cuando llegamos al lugar del bloqueo. Nuestra delegación había viajado a esta comunidad del noroeste de Ontario para reunirse con Judy Da Silva, una anciana y activista, y lideresa comunitaria en la lucha por la justicia para su pueblo y sus cursos de agua. Nos sentamos juntes, bajo el cobijo de una carpa plegable en el lugar donde, hace más de veinte años, las personas jóvenes de su comunidad habían tomado las riendas de la situación por primera vez.

Sintiendo hastío de que las empresas madereras talaran los bosques donde cazaban, colocaban trampas y recolectaban bayas y plantas medicinales, un grupo de personas jóvenes de ‘Grassy Narrows’ partió con un auto viejo y una motosierra un frío día de diciembre del 2002 y comenzó a talar árboles a lo largo del camino forestal. Solo llevaban chaquetas ligeras, pero les ardía la determinación. Era el inicio de la protesta de acción directa liderada por indígenas más prolongada en la historia de Canadá.

La tala a ras es solo una de las amenazas que enfrentan la población y los ecosistemas de ‘Grassy Narrows’. En las décadas de 1960 y de 1970, la fábrica de papel de Dryden vertió alrededor de nueve toneladas de mercurio en el sistema fluvial del Rio English-Wabigoon. Esta neurotoxina se introdujo en la cadena alimentaria, envenenando a los peces y a las personas. La intoxicación por mercurio puede causar temblores, insomnio, pérdida de memoria, dolores de cabeza, visión tubular, dolor en las articulaciones, pérdida del equilibrio, problemas de audición y del habla, e insuficiencia renal. Se estima que el 90 por ciento de la población de ‘Grassy Narrows’ presenta estos síntomas.

Una mujer que ahora vive en el sur de Ontario nos contó que regresó recientemente a ‘Grassy Narrows’ para asistir a un funeral y terminó quedándose todo un mes. Ella dijo que: “Había tres funerales cada semana”.

Tras décadas de activismo comunitario, el gobierno de Ontario destinó 85 millones de dólares a la descontaminación del mercurio en el sistema fluvial. Las personas científicas están midiendo los niveles de contaminación para determinar cómo se podría llevar a cabo esta tarea. Aunque la planta de Dryden ya no vierte mercurio al río, sigue liberando otras sustancias químicas en el curso de agua, algunas de las cuales agravan los efectos de la intoxicación por mercurio.

Un cartel colocado en un remolque en la ciudad muestra las variedades de pescado que contienen más mercurio y ofrece consejos sobre cómo cocinar el pescado para reducir al mínimo el consumo de mercurio.

“Esta tarde irán a la comunidad powwow y verán a mi gente bailar”, nos dijo Judy. “Mi gente es hermosa, aunque esté envenenada. Ustedes tienen el privilegio de estar con mi gente. Estas personas sufren por el mercurio, pero siguen sonriendo”.

La propia Judy está empezando a tener dificultades para tragar, un síntoma de la presencia de mercurio en su organismo.

A Judy se le unió su amiga Chickadee Richard, una guardiana del conocimiento anishinaabe y abuela de la Primera Nación de ‘Sandy Bay’. “Cuando atacan a la gente de estas tierras, venimos aquí a orar”, dijo. “Cuando oro, oro por toda la vida, no solo por nosotres”. Se refirió a las luchas lideradas por los pueblos indígenas en ‘Oka’ y de ‘Fairy Creek’. La hija de Chickadee forma parte de las personas ‘Tiny House Warriors’ (Pequeñes Guerreres) de Columbia Británica, quienes han luchado para intentar impedir que el oleoducto de ‘Trans Mountain’ atraviese el territorio no cedido de las personas ‘Secwepemc’.

Judy nos dio un regalo a cada une de nosotres: un póster y un pequeño cubo de cobre con un cordón de cuero para llevar colgado al cuello. “Ahora son portadores de agua”, dijo. “Tenemos que proteger a Nibi. El agua. Está en peligro en todo el mundo”. Ella mencionó una central eléctrica en Hungría que estaba a punto de cerrar debido a los bajos niveles de agua en el Río Danubio, afectado por la sequía.

El cartel, ilustrado por su hija Iruwa Da Silva, muestra a una mujer de rodillas vertiendo agua de un balde. La rodean peces que saltan. Está envuelta en el abrazo de una mujer de cabello blanco, quien a su vez es sostenida por el espíritu de un pájaro del trueno. A menudo, su hija se siente sola en la lucha por proteger la tierra y el agua, nos contó Judy. Nada cambia. La industria y el gobierno tienen todo el poder. “Pero los antepasados siguen apoyándonos”. Nos miró a cada persona que estábamos sentades en el círculo. “Sus antepasados también están a su lado. Cuando se sienta en soledad, sus antepasados están a su lado. Elles le trajeron aquí para que escuchara nuestra historia”.


El 23 de septiembre, a partir del mediodía, las personas habitantes de ‘Grassy Narrows’, junto con miles de personas simpatizantes, marcharán por las calles de Toronto para exigir que se ponga fin a la contaminación y que se brinde una compensación a la comunidad de ‘Grassy Narrows’. Confirme su asistencia para unirse a la ‘River Run’ aquí.

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