Rangin Muhammad dio a luz mientras estaba desplazada, lejos de su hogar, tras huir de unos ataques que le impedían incluso llegar a un hospital. Su hija nació solo unas horas después de que la familia llegara a Qamishli, llevando consigo las marcas de un viaje marcado por el miedo, las lesiones y la huida forzosa. No fue un parto planificado ni seguro, sino un parto que tuvo lugar en medio del agotamiento, la incertidumbre y el desplazamiento. La niña vino al mundo sin estabilidad, rodeada por la necesidad de sobrevivir.
La recién nacida recibió el nombre de Deniz. Este nombre fue elegido deliberadamente, en memoria de su homónima, una combatiente de Sheikh Maqsoud que fue asesinada por militantes de Hayat Tahrir al-Sham. Su cuerpo fue arrojado desde un edificio en un intento de humillar y aterrorizar a la comunidad. Deniz representaba la valentía, la resistencia y la negativa a someterse a la violencia. Su muerte tenía como objetivo silenciarla, pero su nombre sigue siendo pronunciado.
Al llamar a su hija Deniz, Rangin y su familia hicieron una poderosa declaración: que incluso en las condiciones más oscuras, la vida no será borrada. Deniz nació en el desplazamiento, pero también en la memoria y el significado. Así es como nacen les Deniz en esta tierra: la gente se niega a dejar que la brutalidad sea la última palabra.
Lo que le sucedió a esta familia refleja la realidad generalizada de miles de personas de Rojava. Las personas civiles son atacadas, desplazadas y empujadas a condiciones inseguras simplemente por ser quienes son. Las familias se ven obligadas a huir de sus pueblos en pleno invierno y a vivir en refugios superpoblados, sin atención médica, calefacción ni productos de primera necesidad. Viven con el temor constante de que la violencia vuelva a alcanzarles.
Y, sin embargo, la vida continúa. Nació una niña. Un nombre sobrevivió. La oscuridad no logró detener la existencia.
Oramos por Deniz, nacida en el desplazamiento, para que su vida esté llena de seguridad y dignidad.
Oramos por Rangin y su familia, por su sanación y protección.
Oramos por la valentía de Deniz, la luchadora, y por todas las mujeres que resistieron hasta su último aliento.
Y oramos por las miles de personas de Rojava que han huido de sus hogares y ahora se enfrentan al frío invierno sin seguridad ni refugio. Que encuentren calor, protección y el derecho a regresar a sus hogares.


