Mientras busco noticias sobre la última versión acordada del “Memorándum de Entendimiento” entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra y entablar nuevas negociaciones, me permito sentir una cautelosa esperanza. Probablemente, al igual que muchas de las personas que lean esto, he aprendido a aferrarme a la esperanza con gran inquietud.
Tras semanas de noticias contradictorias, desinformación e incertidumbre, solo nos queda esperar que este acuerdo se convierta por fin en el momento que tanto hemos estado esperando.
Llevamos esperándolo desde que, hace más de cien días, comenzaron a estallar los primeros drones suicidas y misiles en todo el Kurdistán Iraquí. En aquel momento, muches de nosotres creíamos que el conflicto terminaría en cuestión de días, pero los días se convirtieron en semanas. Desde entonces, Irán y sus milicias aliadas en Irak nos han lanzado más de 750 drones y misiles, y las consecuencias de esta guerra se han extendido por todo el mundo.
En la Región del Kurdistán, las repercusiones han ido mucho más allá de los propios atentados y de las 143 personas que resultaron asesinadas o heridas. Durante años, muchos productos de primera necesidad, como alimentos, queroseno, gas para cocinar y otros artículos básicos, se han importado de Irán. En la actualidad, algunos de estos productos han desaparecido del mercado, mientras que los precios de otros se han disparado.
Acabamos de publicar un artículo en el cual se reflexiona sobre las repercusiones económicas y el trauma psicológico que esta guerra ha causado en la Región del Kurdistán. Una de las personas entrevistadas para el artículo declaró a ECAP:
“Durante años, Estados Unidos e Israel han amenazado a Irán. Para nosotres, que vivimos en el Kurdistán, al formar parte del Medio Oriente y ser vecinos directos de Irán, nuestros oídos se han acostumbrado a estas amenazas. Pero cuando se produjeron los primeros ataques estadounidenses contra Irán esta vez (…), yo inmediatamente recordé el primer misil estadounidense que impactó en Bagdad hace 23 años, y me invadió una profunda angustia. La guerra en la casa de su vecino significa guerra en su propia casa, sobre todo si ese vecino nunca se ha portado bien con usted ni con sus compatriotas kurdos al otro lado de la frontera”.
Las consecuencias de esta guerra seguirán dejándose sentir durante mucho tiempo, más allá del aumento de los precios de la gasolina, el queroseno y los fertilizantes, y de su repercusión en otros productos que conforman la vida cotidiana en todo el mundo. En Irán, además de la destrucción de viviendas, infraestructuras y zonas civiles, y de las profundas repercusiones económicas, y de la pérdida de unas 3,500 vidas y las decenas de miles de personas heridas, la guerra también ha trastocado y frenado la larga lucha por los derechos del pueblo kurdo y de la de la sociedad civil iraní contra el régimen. Aún está por ver cuánto tiempo necesitarán estos movimientos para recuperarse, reconstruirse y replantearse el camino a seguir.
Nos gustaría pedir sus oraciones para que las palabras de un “acuerdo de paz” entre EUA e Irán se traduzcan en acciones concretas y abran al mundo la posibilidad no solo de poner fin a las acciones militares y abrir las vías navegables, sino también de alcanzar una paz verdadera y duradera. Una paz que, de la mano de la justicia, bailará el halparke (baile tradicional kurdo). No una paz que refuerce aún más los regímenes dictatoriales de Estados Unidos e Irán, sino una que fortalezca los movimientos de la sociedad civil y propicie un cambio impulsado desde la base.
A lo largo de este proceso, Israel sigue desempeñando un rol crucial. Podría intentar hacer prácticamente cualquier cosa para sabotear las negociaciones entre EUA e Irán, al tiempo que continúa bombardeando y ocupando, destruyendo amplias zonas del Líbano y llevando a cabo un genocidio en Gaza. Podría parecer que el mal ha triunfado y que la destrucción ha tenido la última palabra.
Sin embargo, les pedimos que no dejen de alzar la voz, actuar, organizarse, orar e incidir, no solo por el fin de la violencia militar y de las guerras, sino también por una paz justa y duradera. Una paz que traiga vida.


