Viviendo en Amor, no en Temor

Para construir relaciones transformadoras y vivir desde un marco de amor en lugar de temor, necesitamos equilibrar esta realidad con el rechazo a sucumbir a la desconfianza hiriente y alienante de las personas extrañas y amigas.
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Decenas de personas están reunidas, muchas tienen en sus manos libros blancos que piden la liberación de los activistas de Badinan.
Las familias y los simpatizantes se manifiestan frente a los juzgados para exigir la libertad de los activistas de Badinan.

Durante el año pasado, nuestro equipo en el Kurdistán Iraquí ha estado acompañando a 81 personas activistas de la región de Badinan. Han sido encarceladas por hablar en contra del gobierno y acusadas falsamente de actos de espionaje y sabotaje. A diario, he tenido inspiración por estas personas activistas que han seguido viviendo valientemente en el amor en medio de un sufrimiento increíble.

Hace años, leí 1984 de George Orwell, una novela cuyos personajes me perseguían por la rapidez con la que las amistades cercanas y les familiares podían volverse unes contra otres como informantes del gobierno. El vecino de Winston es entregado a la Policía del Pensamiento por sus propies hijes. El propio Winston vive con el miedo constante de todas sus personas conocidas y finalmente es traicionado y, a cambio, traiciona a quienes lo rodean. Esta historia no es solo una descripción de la Rusia Soviética, y no se limita a gobiernos fascistas o comunistas. Si usted ha pasado tiempo en movimientos pacifistas o ambientalistas en países occidentales, tendrá familiaridad con la paranoia general de personas policías encubiertas que se hacen pasar por recién llegadas, basada en muchas experiencias vividas de esta táctica de infiltración.

Para construir relaciones transformadoras y vivir desde un marco de amor en lugar de temor, necesitamos equilibrar esta realidad con el rechazo a sucumbir a la desconfianza hiriente y alienante de las personas extrañas y amigas. Las personas activistas de Badinan nos muestran el poder de la confianza para resistir un sistema violento y opresivo.

El primer juicio al que asistí fue el 12 de julio. Al igual que en muchos de los casos Badinan, los tribunales estaban acusando a Masoud Ali, a Sherwan Taha, a Karger Abas y a Bandawar Ayoub en virtud del Artículo 156 de la Ley No. 111 (1969) del Código Penal Iraquí. Se les acusaba de «actos perjudiciales para la seguridad, la estabilidad y la soberanía de la región del Kurdistán Iraquí». La evidencia en su contra fueron las declaraciones como testigos de cinco individuos, personas amigas y compañeras activistas.

No puedo imaginar cómo estas personas se habrán sentido mientras estaban paradas en esa pequeña jaula en la sala del tribunal. Después de casi un año en prisión donde fueron amenazadas, donde no les daban de comer y, donde se les prohibió el contacto con familiares y personas de la defensa jurídica, finalmente estuvieron ante un juez. Es posible que tuvieran una ligera esperanza de que se hiciera justicia y que finalmente fueran liberadas. Pero entonces, la fiscalía llamó a la primera persona testigo, y esta era uno de sus amigos, su compañero de prisión. Ellos habrían experimentado el mismo sufrimiento e intimidación para firmar una confesión, y deben haberse preguntado si su amigo sucumbió a la presión.

El Juez leyó las acusaciones y las declaraciones de las personas testigo que se le dieron durante la investigación. Estos incluían planes serios para acumular armas para un grupo armado, brindar información a gobiernos extranjeros y planear dos asesinatos de personas integrantes de partidos políticos. Como las personas en la defensa jurídica no pudieron reunirse con las personas activistas antes del juicio, no está claro si sabían que serían acusadas de estas cosas. Tal vez habían reunido alguna información de sus propios interrogatorios a manos de las fuerzas de seguridad o de las conversaciones que habían tenido con otras amistades acusadas.

El testigo entró en la habitación, de cara al Juez y apartando la mirada de sus amigos en su pequeña jaula. Estaba esposado y había perdido bastante peso; muchas amistades tendrían dificultades para reconocerlo. Todos están en este estado. Su cabello había perdido color y sus ropas estaban atadas a la cintura para evitar que se cayeran. Ellos han sufrido y nosotres pudimos ver algunas de las pruebas físicas. Pero el testigo se mantuvo erguido. Su nombre es ‘Sleman Musa’, y al día siguiente tendrá su turno de comparecer ante les Jueces. Tiene una Licenciatura en Derecho e Historia y fue director de una escuela en Akre durante cuatro años. Tiene esposa y seis hijes esperando que regrese a casa.

Él se puso de pie en la sala del tribunal mientras las familias reunidas afuera gritaban por la liberación de los Activistas de Badinan. Sus gritos se podían escuchar cada vez que un preso entraba por la puerta: «¡Azadi, Azadi!» Adentro con él, se encontraban personas parlamentarias y observadores internacionales que no han podido asegurar su liberación, amistades que estaban enjauladas juntas, tres jueces del partido político que lo arrestó y personal de seguridad que portaba Kalashnikovs. Debió haberle costado mucha valentía dar su declaración, pero lo dijo con fuerza y confianza: “No soy testigo contra estas personas. No son criminales. Conozco a tres de ellos personalmente y no formaban parte de ningún grupo criminal que yo sepa”.

Uno por uno, fueron traídos los otros cuatro testigos, y sus declaraciones fueron igualmente contundentes. A pesar de las amenazas contra ellos mismos y sus familias, y a pesar de saber que probablemente serán encarcelados durante seis años, se negaron a sucumbir al miedo. En cambio, ellos eligieron vivir en amor y, defender la libertad y la verdad.

Antes de ser arrestadas el año pasado, en una represión generalizada contra la libertad de expresión, muchas de estas personas presas apenas se conocían. Sin embargo, se han mantenido unidas—luchando el/la une por el/la otre a través de huelgas de hambre, declaraciones judiciales y compartiendo información a escondidas. Incluso han usado su tiempo en prisión para abogar por otras personas presas (que no formaban parte de les 81) para contar historias de incalculable opresión política.

Gracias a la fuerza de los Activistas de Badinan, sabemos que la historia de 1984 no es la historia inevitable de la humanidad bajo presión. Todavía nosotres podemos elegir el amor sobre el temor.

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