¿Resistirán la prueba nuestras convicciones sobre la paz cuando tengamos la guerra en nuestra puerta?

Reconciliando la historia menonita no tan pacifista con una nueva historia de testimonio no violento ante la guerra: ¿Se mantendrá la iglesia a favor de la paz de cara a esta nueva militarización?
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Una multitud marcha por una calle, la gente al frente lleva un cartel en alemán.
Miembros de la Iglesia Menonita de Frankfurt sostienen una pancarta durante una marcha por la paz el 13 de marzo en Frankfurt, Alemania. La pancarta proclama, “La paz no crece de la violencia.” — Ulrich Leutbecher

“La paz no crece de la violencia.” Unos días antes de que Rusia invadiera a Ucrania, descubrimos una pancarta con este mensaje en nuestro nuevo cargo como pastores en Frankfurt, Alemania. Originalmente hecho para marchas pacíficas contra la invasión de Estados Unidos a Irak, la pancarta expresaba un mensaje aparentemente poco controvertido. Aún así, cuando lo llevamos a una manifestación en la ciudad, nos sorprendimos por todas las personas que pedían ayuda militar a Ucrania y una zona de No Vuelo respaldada por la OTAN.

Aunque apoyo la solidaridad con la gente de Ucrania ante la agresión rusa, me preocupa que mi país está volviendo a las viejas costumbres de la disuasión militar sin considerar ninguna otra alternativa.  También me preocupa la comunidad menonita: ¿Resistirán la prueba nuestras convicciones sobre la paz cuando tengamos la guerra en nuestra puerta? ¿O nos convertiremos en personas “vegetarianas sólo entre comidas”, como el antimilitarista católico Ammon Hennacy llama a las personas pacifistas entre guerras?

La cruda realidad es que la Iglesia Menonita en Alemania no siempre ha sido una iglesia de paz. De hecho, en 1848 un delegade Mennonita ante la primera asamblea constitucional de Paulskirche en Frankfurt, mi ciudad natal, argumentó que les menonitas no debían obtener exenciones al servicio militar en el futuro estado democrático, pues a iguales derechos debían corresponder iguales responsabilidades.

Esta línea de pensamiento se volvió la posición menonita dominante en Alemania. Para cuando llegaron las guerras mundiales, prácticamente ya no había objetores de conciencia en Alemania. Pastores menonitas consideraron la objeción de conciencia al servicio militar y a la guerra como una práctica anticuada. Se unieron a la corriente teológica dominante orando por una victoria rápida.

Se necesitó el doble trauma de la derrota total y la confrontación con los horrores de Holocausto para romper el hechizo del militarismo nacionalista. El vacío se llenó con los chicos Pax y les trabajadores del Comité Central Menonita cuyo trabajo de socorro alimentando y hospedando a miles de personas fue un ejemplo concreto del poder de la convicción de la paz en conjunción con la acción.

La nueva teología de la paz creada por el grupo de Preocupación contribuyó a la desnazificación de la teología. Esta teología contó una historia nueva, en la que la iglesia existe como testiga de la no violencia en un mundo en guerra, un plan experimental en el que vías alternativas de confrontar el conflicto podrían ensayarse junto con otras personas.

Esta historia encaja en el ánimo de una nación cansada de la guerra y un mundo donde una Alemania militarizada no era bienvenida. Aunque ser pacifista total o persona objetora de conciencia a todas las guerras nunca dejó de ser una posición controvertida, en ocasiones el peso de la evidencia parecía aliarse con los halcones.

La guerra de los Balcanes en los 90s llevó a algunas personas a argumentar que “Nunca Más Auschwitz” y “Nunca la Guerra de Nuevo” estaban en tensión. Pero hacer trabajo de reconciliación y oponerse a los bombardeos aún se veía como una fuerza a favor del bien, aunque ingenua de alguna manera.

La Invasión de EEUU a Afganistán e Irak fueron fuertemente impopulares en Alemania, así que el trabajo de les menonitas ayudando a soldados estadounidenses a ejercer su derecho a la objeción de conciencia fue laureado por muchas personas. Y mientras la industria armamentista alemana siempre contradijo la fachada de nuestra autoimagen de pacifismo nacionalista, el shock de la invasión de Putin ha causado un cambio sísmico de regreso al mantra de paz a través de la fuerza.

¿Qué tan resiliente será nuestro testimonio de paz frente a esta nueva militarización? ¿Vamos a evangelizar a favor de nuevas estrategias creativas? O, ¿Volveremos a ser las personas silenciosas del terreno?¿Construiremos sobre los 100 años de testimonio a través del CMM y sus organizaciones hermanas en Alemania? ¿Cómo recobramos la libertad interna para no conformarnos y hacer alianzas por la construcción de la paz?

Me conmovió que líderes de las Iglesias Menonitas Asociadas en Alemania no solo redactaron una declaración condenando la invasión rusa e invitando a hacer aproximaciones no violentas, sino que al tiempo se unieron a una amplia coalición de grupos seculares y de iglesias denunciando el creciente gasto militar como un robo a la población pobre y pidiendo inversión en una transición para alejarse de los combustibles fósiles.

En un mundo bajo fuego con conflictos armados y crisis climática, necesitamos escalar nuestros esfuerzos para sanar las heridas de aquellas personas atrapadas bajo las ruedas del militarismo y las economías basadas en los combustibles fósiles. Nuestra misión no es nada menos que lanzar una traba no violenta a las ruedas mismas de la muerte.

Benjamin Isaak-Krauss co-pastorea la Iglesia Menonita de Frankfurt con su esposa, Rianna. Ël se graduó del Seminario Bíblico Anabautista Menonita en 2019 y sirve en la Mesa Directiva de Equipos y Comunidades de  Acción por la Paz. 

Este artículo se publicó originalmente en inglés en Anabaptist World el 25 de mayo del 2022. Traducción al español por Adriana Cabrera Velásquez

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