La mujer que trató de extinguir su desesperación con fuego

ECAP informa sobre un procedimiento judicial público de Mytilini contra Parwaneh, una joven madre afgana acusada de incendio premeditado y daños a la propiedad. El juicio tuvo lugar el 9 de febrero del 2023, monitoreado por el Programa de Solidaridad con Migrantes en la Región Egea, por ‘Legal Center Lesvos’ (Centro Legal de Lesbos) y otres socies.
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A bannar hangs outside the Mytilini courthouse that reads in Farsi: Attempting suicide is not a crime, it is the result of rotten policies.
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Antes del Fuego

Parwaneh* estaba al final de su embarazo, programada a dar a luz a su cuarto hijo mediante cesárea en un hospital de Mytilini. Vivir en Mavrovouni (campo de personas refugiadas de Kara Tepe) significaba que no había parteras, enfermeras o terapeutas para ofrecer atención, solo personas guardas de seguridad y otro personal del campo. Muchas mujeres han sufrido cesáreas mientras vivían en el campamento y ella estaba aterrorizada por el horror de tener que pasar por otra.

Ella había estado viviendo con su esposo como refugiada afgana indocumentada en Irán. Cuando llegaron a Lesbos, después de sobrevivir al peligroso viaje por el mar Egeo, les dieron alojamiento en el campamento de Moria. Después de que Moria se quemara hasta los cimientos, dispusieron su traslado sin su consentimiento al campo de concentración recién construido de Mavrovouni (Campo Kara Tepe). Se les dio una tienda de campaña en el suelo desnudo, sin tablones debajo. Parwaneh y su familia ocupaban la mitad, ocho metros cuadrados, mientras que otra familia vivía en la otra mitad. Las autoridades habían aceptado a Parwaneh y a su familia para un programa de reubicación en Alemania, pero de repente, su traslado fue cancelado debido a la última etapa de su embarazo. Como tenían la condición de personas refugiadas, tenían derecho a encontrar alojamiento en otro lugar; su esposo había estado tratando de encontrar alojamiento en Mytilini, sin éxito, durante mucho tiempo.

La ansiedad de Parwaneh por otra cesárea y su sensación de estar atrapada en este perpetuo estado de espera, agravaron sus pensamientos previos sobre cometer suicidio. El campo es verdaderamente una prisión. No hay forma de salir sin el consentimiento y permiso de la policía. Un lado es el mar, y el otro lado es el muro. No hay salida.

La respuesta Kafkiana a la autoinmolación

El 21 de febrero del 2021, fue un frío día de invierno en el nuevo campo de concentración de Mavrovouni (Kara Tepe) con temperaturas que oscilaban entre los 3 y los 7 grados centígrados, pero la alta humedad hacia que el frío se metiese en los huesos.

El esposo de Parwaneh se había ido a duchar mientras ella permanecía dentro de la mitad de la tienda de su familia. Después de enviar a sus tres hijos afuera, reunió una pila de ropa y les prendió fuego. Poco después, su vecino notó el humo y se apresuró a entrar para encontrar a Parwaneh en llamas. La envolvió en mantas y apagó las llamas.

Cuando el esposo de Parwaneh regresó, la tienda ya se había quemado y Parwaneh estaba gravemente quemada. Acompañó a su esposa al hospital y luego regresó al campamento para estar con sus hijos. Llegó el cuerpo de bomberos y le hizo algunas preguntas, y luego se fue.

Pero, ¿qué pasó en el hospital? Poco después de llegar—mientras estaba recibiendo tratamiento por quemaduras de un intento traumático de autoinmolación para liberarse de sus ansiedades y desesperación—la maquinaria judicial comenzó sus procedimientos. La interrogaron, preguntándole si las quemaduras se debían a un fuego de cocina. “Me prendí fuego porque quería suicidarme”, responde Parwaneh repetidamente. El fiscal llegó y comenzó su propia investigación, regañando a Parwaneh por poner en peligro la vida de su bebé por nacer. “Deberías avergonzarte de ti misma como madre”, le dijo.

La persona de la fiscalía la acusó de ‘poner en peligro la vida’, ‘incendio provocado’ y ‘daño a la propiedad del estado y otros’. Unos días después, Parwaneh dio a luz a su bebé por cesárea y luego fue trasladada a la sala psiquiátrica sin su bebé recién nacido. Finalmente, la trasladaron a un hospital en Atenas. Estaba muy medicada y el Hospital Psiquiátrico de Atenas concluyó que Parwaneh «tenía un elemento de desesperación», pero no pudo encontrar ninguna «ideación suicida».

Mientras tanto, Parwaneh se reunió con su bebé recién nacido, su esposo y sus otros hijos, y se mudaron a Alemania, donde ahora residen.

El juicio

Dos años después, en el juzgado de Mytilini, el 8 de febrero del 2023, Parwaneh está siendo juzgada por los cargos de ‘incendio provocado’, un delito grave con sentencias de hasta diez años de prisión, y ‘daño a la propiedad’, un delito menor con sentencias de menos de tres años en prisión y la posibilidad de libertad condicional.

El esposo de Parwaneh estuvo presente en el juicio pero no la propia Parwaneh. Las personas en la defensoría legal de Parwaneh explicaron al jurado que ella no podía asistir debido a la recuperación del trauma en curso de su intento de suicidio y sus consecuencias. El fiscal respondió cuestionando la situación de salud mental de Parwaneh y exigiendo pruebas para probar su estado de angustia.

El esposo de Parwaneh luego dio un testimonio elaborado y detallado de los hechos, pero desafortunadamente, faltaba la interpretación ya que a las personas intérpretes se les paga muy poco dinero y no requieren autorización formal. El esposo de Parwaneh habló en su Farsi nativo, interpretado al Inglés y luego del Inglés al Griego. Su testimonio fue muy conmovedor, abordando los factores sistemáticos y violentos que la llevaron a intentar suicidarse, y que su intención no era lastimar a nadie más que a sí misma. Le rogó al jurado que reivindicara a su esposa y que permitiera que ella y su familia se recuperaran del trauma de lo sucedido. Terminó su testimonio diciendo que Parwaneh es una buena mujer, una gran esposa y madre. Todas estas bellas y elaboradas expresiones e historias en farsi se perdieron en una oración en inglés sin completar.

Otras personas testigo declararon a favor de la defensa. A cada una el fiscal les preguntó si trabajaban con una ONG y cuál, indicando que cualquiera que trabaje con una ONG es parcial y que el jurado no debería tomar su testimonio en serio.

La persona de la fiscalía no creyó que el intento de suicidio de Parwaneh fuera válido, citando otras formas más efectivas de suicidarse, pero sí aceptó que su intento de suicidio fue quizás una forma de protesta. Después de cinco horas, el tribunal concluyó que Parwaneh sería absuelta del cargo de incendio premeditado, pero sería sentenciada a 15 meses por daños a la propiedad.

Cuando las personas en la defensoría legal le pidieron al jurado que considerara las circunstancias atenuantes, incluida la falta de delitos menores y la vida legal anterior, el fiscal protestó y afirmó que «llegaron a Grecia ilegalmente», lo que significa que la «vida legal anterior» no puede considerarse como circunstancias atenuantes.

El jurado aceptó “ningún delito menor” como circunstancia atenuante y, después de algunas discusiones más, Parwaneh fue sentenciada a 15 meses en libertad condicional. Las personas en la defensoría legal objetaron de inmediato y entraron a una sala privada con les jueces para presentar una apelación. Porque la desesperación no es un crimen.

Conclusión

El acoso judicial de Parwaneh comenzó con la acusación de intento de asesinato de su bebe por nacer. No existe tal delito en el Código Legal Helénico que las mujeres embarazadas que intentan suicidarse sean culpables de intento de asesinato de su bebe por nacer. Esta estigmatización surge de un contexto de violación en el campo de concentración, donde las personas profesionales de la medicina retrasaron deliberadamente la interrupción de los embarazos no deseados de las mujeres migrantes víctimas hasta después de la ventana del aborto legal, por lo que las mujeres se vieron obligadas a quedarse con les hijes de sus violadores. Los procedimientos también hablan de un contexto en el que se criminaliza la mera existencia de las personas migrantes e incluso su intento fallido de poner fin a su desesperación se ve forzado a través del laberinto Kafkiano de diagnósticos psiquiátricos, procesos judiciales y la amenaza de perder a su hije.

Parwaneh no merecía dos años de acoso legal patrocinado por el estado. Ella necesitaba cuidados, un futuro para sus hijes, un techo estable sobre su cabeza, un piso estable bajo sus pies y una vida en la cual pudiera prosperar. Ahora que ha dejado el campo de concentración que tanto la desesperaba, y ahora que está en Alemania con su familia, el acoso judicial en su contra debe terminar. Los sistemas judiciales deben dejarla sola para construir una vida con su esposo y sus cuatro hijes, después de tanto luchar, viajar tan lejos y sufrir tantas tragedias.


*Su nombre ha sido cambiado por cuestiones de privacidad

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