El 3 de febrero del 2026, fuimos testigos una vez más de las prácticas asesinas de la Guardia Costera Helénica (HCG, por sus siglas en inglés). Se ha confirmado la muerte de quince personas. Veinticuatro han sido hospitalizadas, algunas de ellas en estado crítico. Aún se desconoce el número de personas desaparecidas.
Una vez más, la participación directa de la Guardia Costera Helénica es innegable. Sin embargo, escuchamos la misma historia oficial de siempre. Según la versión de las autoridades, una embarcación que transportaba a decenas de personas migrantes que intentaban ponerse a salvo ignoró las señales de la lancha patrullera de la ‘HCG’ –mucho más grande y rápida – e intentó embestirla. Todas las víctimas procedían del lado de las personas migrantes. Una vez más, el equipo de grabación de última generación a bordo del ‘HCG’ no funcionaba, a pesar de las obligaciones legales. Una vez más, según la versión oficial, les responsables de este crimen no son las personas tripulantes de la Guardia Costera, supuestamente responsables legales y entrenadas para este tipo de operaciones, sino una red de tráfico ilegal no identificada. Una vez más, escucharemos cómo la investigación apunta a las personas pasajeras del barco de personas migrantes, aquellas que buscaban seguridad, en un intento por desviar la culpa de las responsabilidades de la Guardia Costera Helénica.
Aunque aún se desconoce el número definitivo de víctimas, las autoridades competentes y los ministerios ya están elaborando un discurso que, una vez más, pretende condescender con la opinión pública y ofrecer inmunidad a quienes de verdad son culpables.
La narrativa está militarizada: tras las últimas muertes, el viceministro de Migración y Asilo ha expresado de una “guerra híbrida que se está desarrollando en las fronteras del país”. Los hombres y las mujeres de la Guardia Costera Helénica son presentades como personas soldado en primera línea, cumpliendo con su “deber patriótico”. Las personas que se desplazan han sido instrumentalizadas como parte de esta guerra y se las presenta como una amenaza para la estabilidad y la identidad nacional del país, como “los otras peligrosas”. Y cuando se producen muertes, las víctimas aparecen solo como daños colaterales de este “conflicto” y las “malvadas personas traficantes” son las únicas responsables.
En el 2025, se confirmó la muerte de 92 personas en el Mar Egeo, en relación con 33 incidentes diferentes, 24 de los cuales fueron naufragios. Somos conscientes de que la cifra real es mucho mayor, si tenemos en cuenta los incidentes no documentados. Desde hace años, hemos visto cómo las prácticas disuasorias, como las devoluciones en el mar, se han convertido en algo sistemático. Las peligrosas persecuciones de embarcaciones, a menudo con uso de munición real, son habituales, al igual que los ataques directos a los barcos con el robo o la destrucción de su equipo de navegación. Se secuestra a personas y se las abandona a la deriva en medio del mar. Estas prácticas se han convertido en las principales herramientas de gestión de fronteras, y el número de víctimas mortales va en aumento.
Todas estas muertes no son accidentes ni incidentes aislados, sino la consecuencia de las políticas fronterizas y migratorias griegas y europeas. Son crímenes sistemáticos del Estado por los que nadie rinde cuentas. Se pierden vidas que buscan justicia.
No podemos permitir que esto continúe. No aceptaremos ninguna pérdida, ninguna lesión, ningún trauma a personas que solo buscan seguridad y paz. No queremos seguir viviendo en una sociedad basada en la discriminación, la explotación y el odio.
Expresamos nuestro dolor por las personas perdidas una vez más. Ofrecemos nuestras condolencias a sus amistades y familiares. Compartimos nuestra ira contra quienes son directa e indirectamente responsables de otro crimen más.
Exigimos:
- Una investigación exhaustiva sobre las causas del “Naufragio de Chios” y el enjuiciamiento de las verdaderas personas responsables.
- La prestación del apoyo psicosocial y la protección internacional necesarios a todas las personas sobrevivientes.
- El fin inmediato de la violencia cada vez más mortífera en la frontera.


