Durante la primavera, les pastores suelen llevar a sus ovejas a pastar por las verdes montañas. Es entonces cuando las personas palestinas comienzan a elaborar productos locales como la ‘zibdeh’ (mantequilla) y el ‘labn’ (yogur). Para las personas habitantes de Masafer Yatta, este periodo es fundamental. Esta producción constituye su principal fuente de ingresos y está profundamente ligada a su modo de vida.
Sin embargo, en estos días, muchas personas aldeanas no pueden llevar a sus ovejas a pastar debido a los continuos ataques. Al no poder acceder a las tierras, también les cuesta mucho poder pagar el pienso para sus animales. Esta situación está ejerciendo una presión cada vez mayor sobre la comunidad, amenazando tanto sus medios de subsistencia como su capacidad para permanecer en las Colinas del Sur de Hebrón. Se trata de otra violación y privación de derechos: un aspecto más del desplazamiento sistemático de las personas palestinas por parte de los colonos sionistas en Masafer Yatta.
Soy de una zona urbana. Cuando visitamos Masafer Yatta (las Colinas del Sur de Hebrón) por primera vez con el equipo, vi a un grupo de hombres sentados al borde de una carretera llena de baches, con la vista puesta en otra colina. Paramos y les preguntamos cómo estaban.
“Me han quitado el resto de mis tierras”, nos contó el Señor R. A. “Mira, han derribado la casa principal y se han quedado con el lugar donde yo vivía. Mira cómo han traído sus ovejas y su camello”. Me quedé consternado.
En ese momento caí en una depresión. Le habían quitado su casa por la fuerza. Dijo que intentó llamar a la policía israelí, pero en la comisaría le dijeron que no podían hacer nada, ya que esos colonos eran menores de edad. “Temía por mis hijas”, dijo el Sr. R. A., “así que me mudé a una tienda de campaña junto a la comunidad beduina”. Mientras no estaba en casa, los colonos se apoderaron de su vivienda.
Seguimos por el camino lleno de baches entre las montañas. Esta es la lucha diaria a la que se enfrentan las personas palestinas: sin asfalto, solo un camino rocoso que deben recorrer durante horas y horas. Visitamos la Escuela Al-Fakheet. El director nos habló de sus preparativos diarios, coordinando los coches para llevar y traer a las personas estudiantes palestinas al colegio, bajo la amenaza de los colonos.
“No tenemos suficientes coches para llevarlas”, nos dijo el director. “Recogemos a 90 estudiantes de más de diez comunidades beduinas. Necesitamos más fondos para reformar la escuela. Necesitamos que más gente se una a nosotres para apoyar y proteger a les estudiantes”. “Vemos a colonos con sus ovejas merodeando por la escuela, e interrumpen las clases haciendo mucho ruido, lo que afecta negativamente a la capacidad de las personas estudiantes para estudiar”. El director señaló que, en muchas ocasiones, las personas estudiantes no pueden asistir a clase y no disponen de tabletas ni teléfonos móviles para seguir estudiando a distancia. Durante la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las personas estudiantes palestinas han pasado a seguir clases en línea, pero el 70 % de ellas no disponía de tabletas para asistir a ellas.
Seguimos hacia Tuba, otra comunidad beduina palestina. La semana pasada sufrieron un ataque y habían estado viviendo en una cueva. “Los colonos empezaron a atacar desde lo alto de la montaña”, nos contó Omar Jundiah. “Se taparon la cara y empezaron a golpear y a destrozar todo lo que se encontraban a su paso”. “Metimos a nuestras ovejas en los corrales y las cubrimos, porque sabíamos que intentarían robárnoslas. Pero nos olvidamos de un corral – no lo cerramos bien – y nos robaron cinco ovejas. Después se marcharon. Llamamos a la policía israelí, pero llegaron cuando los colonos ya se habían ido. No nos ayudaron”.
“Como ya sabes”, prosiguió, “las personas beduinas vivimos de los productos que obtenemos de nuestras ovejas. Los colonos están atacando nuestra fuente de sustento”.
Conocí a un voluntario internacional que estaba aquí en su sexta estancia, prestando servicio de protección en Masafer Yatta. Le pregunté por qué él había dejado todo atrás para venir aquí. “Creo en la justicia”, respondió, “y hay que apoyar a las personas palestinas. Hago un llamamiento a las personas activistas internacionales para que vengan aquí, a Masafer Yatta, para ofrecer una presencia protectora y ayudar a las personas palestinas a defender la justicia”.
Por último, visitamos Um al-Khair. Un día antes, Israel había vallado el sendero de montaña que las personas estudiantes utilizaban para llegar a sus colegios. El Señor Khalil nos contó que habían atacado a las personas estudiantes con granadas de humo sin previo aviso. “Son niños y niñas que van al colegio… Elles no han hecho nada”, dijo. “Sin piedad, sin dignidad, están atacando a nuestros hijes”.
Trabajando codo con codo, hacemos un llamamiento a todas aquellas personas que luchan por la libertad y por la justicia para que se unan a Masafer Yatta. Para que ofrezcan su presencia protectora. Apoyen a las personas palestinas, convivan con ellas y contribuyan a lograr la justicia global. Acompáñenos y póngase del lado correcto.


