En medio de las noticias actuales sobre la injusticia que sufren las comunidades indígenas en Canadá, la crisis de envenenamiento por mercurio que afecta a las Primeras Naciones de ‘Grassy Narrows’ y ‘Wabaseemoong’ pone de manifiesto la mala fe política.
Entre 1962 y 1970, una fábrica de pulpa y papel de Dryden (Ontario) vertió más de nueve toneladas de mercurio en el sistema fluvial English-Wabigoon, aguas arriba de estas comunidades de las Primeras Naciones. La noticia de los peligrosos niveles de contaminación provocó el cierre inmediato de sus prósperas pesquerías. Sesenta años después, el 90% de la población de ambas comunidades padece intoxicación por mercurio.
Durante décadas, tanto el gobierno provincial como el federal negaron que las comunidades estuvieran sufriendo un envenenamiento por mercurio crónico y, en cambio, basándose en estereotipos racistas, patologizaron a la población, achacando sus problemas de salud a decisiones personales relacionadas con el estilo de vida.
Tras décadas de movilización, sensibilización, protestas y defensa de sus derechos, la comunidad de ‘Grassy Narrows’ logró una victoria en enero del 2017, cuando tanto el gobierno provincial como el federal reconocieron que la comunidad había sido víctima de un envenenamiento y se comprometieron a proporcionar ayuda económica para limpiar el río y construir un centro de tratamiento de mercurio. A pesar de estos compromisos, su cumplimiento ha sido escaso. En cada paso del camino, ‘Grassy Narrows’ ha tenido que exigir que se tomaran medidas. Además, los gobiernos siguen haciendo caso omiso de la petición de la comunidad de cerrar la fábrica de Dryden, que sigue en funcionamiento, alterando el ecosistema del río y vertiendo sulfatos que reaccionan químicamente con el mercurio del lecho del río, lo que lo hace aún más tóxico.
Durante sesenta años, la respuesta habitual de los gobiernos ha sido ignorar las preocupaciones de las personas habitantes de ‘Grassy Narrows’, hasta que la presión pública les ha obligado a actuar. Cuando las personas políticas ignoran las peticiones de reunirse con las personas en el liderazgo de la comunidad, las personas habitantes de ‘Grassy Narrows’ y quienes les apoyan han encontrado formas creativas de llamar la atención sobre sus reivindicaciones. En un mundo en el cual las personas políticas se esconden tras sus portavoces y los medios de comunicación controlados por las grandes empresas, reclamar la atención de las personas políticas en ruedas de prensa o en actos de recaudación de fondos de los partidos ha sido una forma eficaz de acción directa no violenta y de exigir rendición de cuentas. Cuando se les ha preguntado por la situación en ‘Grassy Narrows’, las personas políticas han respondido a menudo de una forma que pone de manifiesto las actitudes coloniales despectivas que subyacen a la supremacía blanca.
Primero, el dinero
La colonización está impulsada por la codicia y por la explotación. En el 2019, las personas simpatizantes de ‘Grassy Narrows’ interrumpieron un acto de recaudación de fondos del Partido Liberal en el cual Justin Trudeau estaba como orador, entonces primer ministro. Una manifestante se acercó al escenario y preguntó en voz alta si el Gobierno financiaría un centro de atención para víctimas del mercurio en ‘Grassy Narrows’. Mientras les guardias de seguridad la sacaban del recinto, Trudeau se rió y agradeció a la manifestante por su “donación” a la recaudación de fondos. Su sarcasmo impulsivo puso de manifiesto una actitud desdeñosa hacia el sufrimiento infligido a una comunidad indígena por las empresas. Las reivindicaciones de ‘Grassy Narrows’ se consideraron indignas de respuesta porque no suponían una oportunidad de avance político ni de beneficio económico. Trudeau solo consideró oportuno reconocer la contribución que la simpatizante había hecho a su campaña al comprar una entrada para la gala benéfica. Las palabras imprudentes de Trudeau pusieron de manifiesto un interés propio descarado que no encaja con su imagen pública progresista; tras varios días de atención mediática, se disculpó y se comprometió a destinar fondos a la residencia de personas ancianas para el cuidado del mercurio.
Este tipo de respuesta no es exclusiva de ningún partido. El primer ministro conservador de Ontario, Doug Ford, mostró una dedicación aún más descarada a los beneficios empresariales cuando, en junio del 2025, pocos días después de que las personas simpatizantes de ‘Grassy Narrows’ interrumpieran su barbacoa comunitaria ‘FordFest’ (FestivalFord), describió a les jefes indígenas con oposición a la minería como personas que “acuden constantemente al Gobierno con el sombrero en la mano”, al tiempo que rechazaban “una oportunidad servida en bandeja de plata”. La lógica del colonialismo de asentamiento es clara – se espera que las Primeras Naciones, despojadas de su soberanía y de sus medios de vida tradicionales, cooperen con la extracción de recursos como condición para acceder a los servicios básicos. Ford se disculpó después de que ‘Sol Mamakwa’, el único diputado de las Primeras Naciones en el Parlamento Provincial de Ontario, se expresara en la radio pública calificando sus comentarios de “profundamente ofensivos” y “profundamente racistas”, y que reflejan una “falta fundamental de comprensión de lo que significa mantener una relación contractual con las Primeras Naciones”. Sin embargo, desde entonces, Ford ha aprobado medidas que reducen la capacidad de decisión de las Primeras Naciones en lo que respecta a la extracción de recursos.
La respuesta más habitual de Ford ante las protestas de las personas simpatizantes de ‘Grassy Narrows’ ha sido ignorarlas y recurrir a la policía para silenciarlas. El pasado mes de febrero, mientras Ford pronunciaba un discurso en la Cámara de Comercio de Mississauga, una persona simpatizante de ‘Grassy Narrows’ le preguntó: “Primer ministro Ford, ‘Grassy Narrows’ sigue siendo víctima de la contaminacion. ¿Usted indemnizara a las personas residentes de ‘Grassy Narrows’?” Ford eludió la pregunta, bromeó diciendo que las personas habían llegado “unos minutos tarde” y agradeció a su equipo de seguridad de la Policía Provincial de Ontario que las hubiera desalojado.
Represión policial
La policía es, por supuesto, otro pilar del colonialismo de asentamiento. La Policía Provincial de Ontario (OPP, por sus siglas en inglés) ha reprimido violentamente en múltiples ocasiones a los pueblos indígenas que defendían sus tierras. En el verano del 2020, la OPP irrumpió en el Campamento de Protesta de ‘Land Back Lane’, disparando gases lacrimógenos y balas de acero recubiertas de goma contra las personas defensoras de la tierra de las personas Haudenosaunee. Ese mismo año, la Policía Provincial de Ontario (OPP) puso en marcha el Proyecto Hendon, una iniciativa de “inteligencia” destinada a aumentar la vigilancia de los movimientos de protesta, en particular de las protestas lideradas por personas indígenas.
Estos sucesos recordaron la “Crisis de Ipperwash”, ocurrida en el Parque Provincial de Ipperwash en 1995. Personas integrantes de la Primera Nación de ‘Stony Point’ volvieron a ocupar unos terrenos del parque que albergaban un cementerio, los cuales el Gobierno federal había expropiado para uso militar durante la Segunda Guerra Mundial y había prometido devolver a la Primera Nación. En lugar de abordar esta promesa incumplida, el Gobierno conservador de Ontario y la Policía Provincial de Ontario (OPP) respondieron con desprecio y brutalidad. Horas después de que el primer ministro Mike Harris dijera en una llamada telefónica: “Quiero a esos putos indios fuera del parque”, la ‘OPP’ irrumpió en el campamento de la resistencia y un francotirador de la ‘OPP’ disparó y mató al defensor de la tierra Dudley George. Cuando Doug Ford da las gracias a la Policía Provincial de Ontario (OPP) por desalojar a las personas simpatizantes de ‘Grassy Narrows’, está repitiendo un patrón que viene de lejos, en el que el Gobierno elude su responsabilidad ante las Primeras Naciones y reprime la reivindicación de la soberanía indígena autorizando la violencia estatal.
“Yo puedo resistir más que ella”
Por último, el genocidio. Quizás la ideología más violenta e insidiosa que subyace al colonialismo de asentamiento sea la creencia de que los pueblos indígenas desaparecerán – ya sea por muerte o por asimilación – y serán sustituidos por colonos. El actual primer ministro de Canadá, Mark Carney, evocó este mito cuando se enfrentó a las personas habitantes de ‘Grassy Narrows’ y de ‘Wabaseemoong’. El 30 de marzo, el primer ministro Carney, junto con el presidente de la provincia, Doug Ford, y la alcaldesa de Toronto, Olivia Chow, intervino en una rueda de prensa en relación a la vivienda. Fuera de la sala de prensa, Chrissy Isaacs, integrante de la comunidad de ‘Grassy Narrows’, se dirigió a las personas asistentes con un megáfono para preguntar cuándo el gobierno iba a indemnizar a ‘Grassy Narrows’. Cuando su voz interrumpió su discurso, Carney hizo una pausa y respondió con descaro: “Yo puedo resistir más que ella”. Ford y Chow se unieron a él en una carcajada.
La propia Chrissy Isaacs padece envenenamiento por mercurio y, en este contexto, la respuesta de Carney fue más que malvada. Como jefe de un Estado colonizador, se burló de sus llamamientos a la justicia. La realidad es que las personas integrantes de ‘Grassy Narrows’ que padecen envenenamiento por mercurio tienen un 55% más de probabilidades de morir antes de los 60 años. Para las mujeres indígenas de todo Canadá, la esperanza de vida es de aproximadamente 70 años, mientras que la de un hombre blanco en Canadá es de 80 años.
La terrible realidad es que, debido al legado racista de Canadá y a sus actuales políticas coloniales, los colonos blancos viven, según las estadísticas, más tiempo que los pueblos indígenas. Esto forma parte de la estructura genocida de Canadá, que antepone la vida de los colonos blancos a la de las personas indígenas: los gobiernos niegan a las naciones indígenas el control sobre sus tierras, imponen un desarrollo industrial contaminante que envenena a las personas que viven en ellas y no destinan fondos suficientes a los servicios básicos para las comunidades indígenas. Todo esto contribuye a un proyecto genocida que obliga a los pueblos indígenas a asimilarse a la economía de los colonos o a morir a causa de las consecuencias del racismo medioambiental, la pobreza y la criminalización. Aunque cada vez son más las voces que exigen que Carney pida perdón y visite ‘Grassy Narrows’, él sigue guardando silencio, intentando alegar inocencia y eludiendo, una vez más, cualquier tipo de rendición de cuentas. Aunque hay ejemplos más evidentes de colonialismo de asentamiento en Canadá, el análisis de las reacciones de estas personas políticas ante lo ocurrido en ‘Grassy Narrows’ permite comprender hasta qué punto está arraigada la mentalidad colonizadora. En estas situaciones improvisadas, su impulso fue consolidar el colonialismo de asentamiento y el genocidio. Pero aunque las personas políticas puedan instaurar políticas genocidas y burlarse del sufrimiento de las personas indígenas, una cosa es segura: la resistencia de ‘Grassy Narrows’ lleva décadas en pie y sigue creciendo. A todas las personas políticas canadienses del pasado, del presente y del futuro: ¡sepan que ‘Grassy Narrows’ resistirá más que ustedes!


