Un puente con dos extremos

Sami Rasouli, fundador de ‘Muslim Peacemaker Teams’ (Equipos Musulmanes por la Paz) y viejo amigo de ECAP, reflexiona sobre una vida dedicada a la construcción de la paz entre Nayaf y las ‘Twin Cities’ (Ciudades Gemelas), sobre el legado de la ocupación estadounidense de Irak y sobre los principios a los que debemos aferrarnos en tiempos de guerra.
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people participating at a training event
Sami Rasouli colabora en una capacitación de ECAP en Irak.

Me gustaría recordar a la comunidad pacifista una cita del Evangelio de Lucas: “No juzguéis y no seréis juzgados”. Y podría compartir esta cita del Corán: “No hagáis daño y no se os hará daño”. Estas citas ponen de manifiesto las similitudes entre el cristianismo y el islam. No podemos permitir que unas pocas personas fanáticas secuestren nuestra fe. Debemos acudir a la fuente para encontrar la sabiduría.

Yo nací y crecí en Nayaf, Irak. Me fui de Irak a finales de la década de 1970. Saddam Hussein se había dirigido a la nación. “Si no están conmigo”, dijo, “están en mi contra”. Finalmente, en 1986 me mudé a Minnesota. Durante 18 años regenté ‘Sinbad’s Cafe and Market’ (Café y Mercado de Simbad), una panadería, tienda de comestibles y restaurante de cocina de medio oriente situado en Avenida Nicollet. Viví en Minneapolis durante unos 18 años, y se me atribuye haber contribuido a dar a conocer la cultura árabe en la zona de las Ciudades Gemelas.

Tras la invasión estadounidense, en el 2004, decidí volver a Irak para ayudar a reconstruir mi patria, el lugar donde nací. Siempre me he esforzado por construir un puente de paz. Una amistad mía me recordó que un puente tiene dos extremos y que debía cuidar de ambos. Regresé a Irak como un salmón que nada río arriba. No quería morir en mi tierra natal; en cambio, decidí volver para visitar a mi familia, a mis amistades y a la comunidad pacífica a la cual pertenezco. En Najaf, Irak, tengo cuatro hermanas y cuarenta sobrinos y sobrinas, en Nayaf.

Me casé en Nayaf en enero del 2007. La luna de miel fue maravillosa. Nos alojamos en un hotel en el que, casualmente, también se alojaba el primer ministro de entonces. ¡De hecho, teníamos agua caliente y electricidad! La gran mayoría de las personas iraquíes no disfrutaba de tales lujos. Sus vidas se ven empañadas por el desempleo, las enfermedades, los vecindarios en ruinas, los aterradores puestos de control militar y la violencia devastadora. La persona iraquí promedio se anticipa una cita a ciegas con una muerte brutal.

En aquel momento, no había fuerzas del orden ni seguridad. Cada día que pasaba bajo la ocupación, la situación empeoraba. Siete millones de personas iraquíes habían huido del país, dos millones se encontraban desplazadas dentro de Irak y cuatro millones y medio sufrían malnutrición.

La creación de los ‘Muslim Peacemaker Teams’ (Equipos Musulmanes por la Paz)

En contra del consejo de aquellas amistades de Minnesota que se preocupaban por mi seguridad en Irak, pasé muchos de esos años trabajando con los Equipos Musulmanes por la Paz, junto a Equipos y Comunidades de Acción por la Paz, a quienes conocí por casualidad en Karbala, Irak. Me presentaron a una delegación del ECAP, formada por hombres y mujeres maravillosos. Yo trabajaba con la organización ‘Human Rights Watch’ (Vigilancia de Derechos Humanos), y ECAP vino de visita. Fieles a los principios de la no violencia, sus equipos prestaban ayuda humanitaria a las personas refugiadas, documentaban las violaciones de los derechos humanos y limpiaban las zonas devastadas por la guerra.

El ‘MPT’ nació en Irak en abril/mayo del 2005 – surgida del seno de ECAP – en Karbala. Junto con otras personas integrantes de ‘Human Rights Watch’, decidimos capacitarnos con ECAP en los principios de la no violencia. Nuestro objetivo era colaborar en diferentes proyectos por la paz.

Unas semanas más tarde, tanto ECAP como el ‘MPT’ demostraron una valentía extraordinaria – en Nayaf, Karbala, Faluya, Bagdad y en la frontera con Siria – ante el peligro y la tragedia que supuso la invasión estadounidense. Nuestro querido amigo Tom Fox, de ECAP, fue secuestrado en Bagdad y posteriormente ejecutado, lo cual fue terriblemente doloroso. Dos meses después, un amigo cercano del ‘MPT’ también fue asesinado a tiros. Aun así, ‘MPT’ siguió dedicado a la misión de paz en Irak.

Durante mi estancia en Irak, recorrí el país hablando con la gente sobre su día a día. Tenía una colección de cartas escritas por escolares iraquíes y dirigidas a las personas estadounidenses. “Me gustaría ofrecerles mi amistad y ser un embajador de la paz”, escribió Mohammed, de 9 años. “Las personas estadounidenses deberían saber que no queremos oír tanques ni disparos ahí fuera. Queremos oír pájaros y música”. Me hubiera gustado que algunas de esas cartas se publicaran en los periódicos estadounidenses para fomentar el entendimiento cultural entre personas estadounidenses e iraquíes.

Regreso a las Ciudades Gemelas una vez al año para ofrecer información sobre el papel del ejército estadounidense, la resistencia, la situación política y social, así como las perspectivas de las personas comunes iraquíes. El ‘MPT’ en Irak es un rayo de luz en medio de una oscuridad violenta.

De regreso en Estados Unidos

En Estados Unidos, a menudo me preguntan si soy suní o chií. Mi respuesta siempre ha sido: mi mujer es suní, yo soy chií y mis hijos son sushi.

La mayoría de las personas estadounidenses dan por sentado que las personas árabes suníes y chiíes están enzarzadas en una disputa de larga data y que el ejército estadounidense es necesario para evitar que las personas iraquíes se maten entre sí. Abordo esta idea equivocada, explicando que suníes y chiíes han convivido en paz durante siglos.

En lugar de apaciguar el conflicto sectario, la ocupación estadounidense lo avivó al obligar a las personas iraquíes a elegir si estaban o no del lado de las personas ocupantes. Una cultura de violencia impuesta condujo a más violencia. Al ver morir a sus seres queridos, el impulso de venganza resultaba a menudo demasiado fuerte como para resistirlo. Durante la ocupación estadounidense, la vida de las personas iraquíes se sumió aún más en la pobreza y la desesperación. Algunas personas consideraban la violencia su único medio de supervivencia.

Todavía hay presencia militar estadounidense en Irak, con varias bases militares desde las que los cazas estadounidenses están bombardeando actualmente el país. A muchas personas estadounidenses les preocupa lo que sucederá si las tropas estadounidenses se retiran de Irak, o cuando lo hagan. Incluso quienes se opusieron a la guerra seguían considerando que Estados Unidos tenía la responsabilidad de enmendar sus errores y no “abandonar” a la población.

Yo estaba de acuerdo en que Estados Unidos tenía la obligación de pagar indemnizaciones por lo que se había destruido, y sigue teniéndola. Pero las tropas estadounidenses deberían retirarse del Medio Oriente, incluyendo a Irak, y punto. Es evidente que no estaban allí en una misión de mantenimiento de la paz. Habían fracasado. En Irak no hubo reconstrucción. El Gobierno Iraquí instaurado por Estados Unidos estaba plagado de corrupción. Las mujeres y les niñes siguen siendo quienes más sufren.

Solo el pueblo iraquí, si se le dejara actuar con libertad, podría formar un país soberano con un gobierno unificado. Las personas estadounidenses amantes de la paz se opusieron a la guerra. Solo ellas podrían haber puesto fin a esta guerra presionando al Congreso para que cortara la financiación. Entonces se podrían desplegar tropas de la Liga Árabe para ayudar en la transición, pero el ejército estadounidense no podría desempeñar un papel eficaz y honesto en Irak – quien viola no puede ser quien de terapia.

Cabe señalar que el presidente Trump se opuso a la invasión de Irak en marzo del 2003 y criticó duramente a George W. Bush en el 2015, durante su primera campaña presidencial. Ahora, su Gobierno está repitiendo esos ataques ilegales y hostiles, en violación del derecho internacional, esta vez contra la República Islámica de Irán. ¡Qué vergonzosa contradicción!

Siempre he explicado que muchas personas árabes consideraban la ocupación de Irak y la “Guerra Contra el Terrorismo” como una guerra contra el islam. Sigo sosteniendo que la no violencia es el núcleo del islam, y que la paz interior que me infundió Dios me permitió regresar a Irak con valentía.

Y mi mensaje siguió siendo el mismo:

Dios es uno,

El mensaje es uno,

Todes somos uno.

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