“¡Ya es hora de que se haga justicia!”, exclamó Clayton Thomas-Müller, destacado activista y escritor cree, dirigiéndose a las personas integrantes de las Primeras Naciones de ‘Grassy Narrows’ y de ‘Wabaseemoong (White Dog; Perro Blanco)’ que se manifestaban frente a la Fábrica Dryden el 21 de mayo. La Fábrica Dryden ha sido durante décadas, un lugar de trauma y opresión para estas comunidades ‘Anishinaabe’. En las décadas de 1960 y 1970, la fábrica de papel y papel vertió más de 9 toneladas de mercurio al río, aguas arriba de ambas comunidades. Como consecuencia, más del 90% de las personas habitantes de ‘Grassy Narrows’ y de ‘Wabaseemoong’ sufren las consecuencias de la intoxicación por mercurio.

Las historias de estas dos comunidades son ejemplos de racismo medioambiental. Cuando el envenenamiento por mercurio saltó a los titulares, los gobiernos negaron que estas comunidades se vieran afectadas, alegando que sus problemas de salud se debían a sus estilos de vida y no al envenenamiento por mercurio. Durante décadas, las personas habitantes de ‘Grassy Narrows’ reclamaron ayuda, y los gobiernos alegaron que limpiar el sistema fluvial era imposible y que simplemente tendrían que esperar a que los niveles de mercurio disminuyeran de forma natural con el tiempo. Las personas políticas no solo ignoraron las pruebas de que los niveles de mercurio no estaban disminuyendo al ritmo previsto. No fue hasta el 2017, tras décadas de incansable campaña por parte de las personas habitantes de ‘Grassy Narrows’, cuando tanto el gobierno federal como el de Ontario reconocieron el envenenamiento que seguía produciéndose y prometieron apoyar una operación de limpieza y el pago de indemnizaciones.
En aquel momento, Glen Murray, ministro del Medio Ambiente y Cambio Climatico, prometió 85 milliones de dolares para la rehabilitación del sistema fluvial English-Wabigoon y declaró:
“La contaminación por mercurio ha tenido un profundo impacto en la población de la Primera Nación de ‘Grassy Narrows’ y de las Naciones Independientes de ‘Wabaseemoong (White Dog; Perro Blanco)’, y es necesario abordarla adecuadamente. En febrero del 2017, en nombre del Gobierno de Ontario, el ministro Zimmer y yo nos comprometimos con las Primeras Naciones a tomar medidas para remediar la contaminación por mercurio en el sistema fluvial English-Wabigoon. “Este compromiso implica colaborar con las Primeras Naciones y les socies para, en primer lugar, identificar todos los emplazamientos potencialmente contaminados y, a continuación, elaborar y poner en práctica un plan de acción integral de rehabilitación del sistema fluvial”.
Aunque se hicieron promesas y se asumieron compromisos financieros, aún no se ha iniciado la limpieza. El daño medioambiental se ve ahora agravado por la reapertura en el 2023 de la fábrica, cerrada desde el 2005, por parte de ‘Dryden Fibre Canada’. Aunque la fábrica no está vertiendo mercurio al río, un estudio realizado en el 2024 por la Universidad de Western reveló que los vertidos de aguas residuales de la fábrica contenían sulfatos que alimentan a las bacterias que aumentan la toxicidad del mercurio en el sistema fluvial. La fábrica vuelve a verter toxinas al río, lo que provoca el envenenamiento de las comunidades indígenas.

Las personas integrantes de las comunidades de ‘Grassy Narrows’ y de ‘Wabaseemoong’ exigen al Gobierno de Ford que cierre la fábrica. En un comunicado de prensa, Glenn Cameron, concejal de ‘Wabaseemoong’, afirmó: “Durante décadas, nuestra gente ha vivido con las consecuencias del envenenamiento por mercurio”. “Estamos aquí porque la contaminación sigue dañando nuestro río, nuestros peces y a nuestras familias. El primer ministro Ford debe cerrar la fábrica para que nuestra gente y nuestro río puedan empezar a recuperarse”.
Sin embargo, los gobiernos provincial y federal no solo han guardado silencio respecto a la fábrica, sino que el gobierno federal ha estado apoyando económicamente a ‘Dryden Fibre’ mediante subvenciones. En diciembre del 2025, el gobierno federal, a través de la Agencia Federal de Desarrollo Económico para el Norte de Ontario, concedió ‘Dryden Fibre Canada’ una subvención de un millón de dólares para ayudarla a hacer frente a los aranceles estadounidenses, como parte de una política económica de “codos arriba”. Según tenemos entendido, esta subvención no estaba sujeta a ningún compromiso ni restricción medioambiental. Así pues, aunque los gobiernos federal y provincial han destinado 85 millones de dólares a la limpieza del río, el gobierno federal también está financiando la fábrica que sigue contaminándolo, envenenando a ‘Grassy Narrows’ y a ‘Wabaseemoong’. Judy DaSilva, una activista veterana y defensora del agua de ‘Grassy Narrows’, además de amiga íntima de ECAP, afirma: “Los niños y las niñas no tienen otra opción [que vivir con envenenamiento por mercurio]. La industria sí tiene otra opción, y siempre antepone el dinero a las vidas humanas”.

El “racismo medioambiental” describe cómo los proyectos industriales contaminantes y peligrosos se ubican estratégicamente en zonas donde se supone que las poblaciones locales a las que apunta el Estado – a menudo comunidades negras e indígenas – carecen del poder político necesario para detenerlos. Si bien es importante utilizar términos como “racismo medioambiental”, también es importante que tomemos conciencia de la gravedad de esas políticas y prácticas sancionadas por el Estado. El racismo medioambiental y el envenenamiento continuado de ‘Grassy Narrows’ y de ‘Waabseemong’ no pueden considerarse un accidente, sino un acto intencionado de genocidio. ‘Dryden Fibre’ está contribuyendo a la presencia de toxinas en el río que potencian el mercurio y el consiguiente envenenamiento de dos comunidades de las Primeras Naciones – el Gobierno lo sabe y no solo lo permite, sino que lo financia. El hecho de que la fábrica siga en funcionamiento pone al descubierto las políticas gubernamentales, que buscan la estabilidad y la expansión económicas a costa de las vidas de las personas indígenas. En el contexto norteamericano, la “normalidad” se sustenta en el genocidio y en el dominio de los colonos.
El 21 de mayo, decenas de personas de ‘Grassy Narrows’ y de ‘Wabaseemoong’ se manifestaron en ‘Dryden’ para exigir el cierre de la fábrica. Para ECAP fue un honor ser invitada a unirse a ellas. Invitamos a quienes nos apoyan, como personas de conciencia, a sumarse a esta lucha. No podemos quedarnos en silencio ni ser cómplices mientras se produce este genocidio. ¡Como personas de conciencia, pasemos a la acción!
- Escriba a las personas representantes políticas federales y provinciales de Canadá y exiga el cierre de la Fábrica de Dryden.
- Firme la petición por la justicia en el caso del mercurio.
- Asista a la manifestación ‘River Run’ el 23 de septiembre.


