COLOMBIA; Por el Cristo que no ha resucitado

Facebook
Twitter
Email
WhatsApp
Print

redECAP
26 de junio 2010
COLOMBIA: Por el Cristo que no ha resucitado

por Stewart
Vriesinga

 
Por los millones en una prisión, 
que los ricos han dejado de lado
Por el Cristo que no ha resucitado, 
desde las tumbas de nuestros corazones 


Por la decisión más íntima 
que no podemos dejar de obedecer 
por lo que queda de nuestra religión, 
levanto mi voz para orar: 
¡Que las luces en esta tierra de abundancia 
iluminen la verdad algún día!.
— Leonard Cohen
 

[Nota: Lo siguiente es un extracto editado de una reflexión escrita por
Stewart Vriesinga, un miembro de ECAP Colombia.  Se puede encontrar la
reflexión completa en: https://stewart-in-colombia.blogspot.com/2010/04/por-el-cristo-que-aun-no-resucito.html

Una noche, mientras estaba en la comunidad del Valle de Cimitarra del
Puerto Berrío con la delegación de ECAP (véase el comunicado de
redECAP
), la conversación se volvió a la importancia de recordar a las
víctimas.  CAHUCOPANA, una organización comunitaria de derechos humanos,
esperaba dar sentido a las vidas de las víctimas a través de una
denuncia pública de los asesinatos extrajudiciales enfrente de la sede
de la Decimocuarta Brigada, el grupo armado responsable por las
matanzas.  Ellos refirieron a su acción pública como una “Galería de la
Memoria Histórica”, en la cual iban a pronunciar el nombre de cada
víctima. Para mí su plan trajo una serie de dolorosos recuerdos de mi
tiempo en El Salvador como miembro de Los Brigadas Internacionales de
Paz.

Mientras estaba en El Salvador, había pasado mucho tiempo con la
comunidad de Ciudad Romero, así nombrado por el Arcipreste Romero que
fue asesinado por escuadrones de la muerte militares mientras daba la
misa en 1980.  Conocí a la gente de Ciudad Romero en 1990 cuando aún
estaban refugiados en Panamá.  Pasé dos meses con ellos allí mientras
negociaban los términos de su repatriación, y varios meses más con ellos
después de su repatriación.  El país todavía estaba en plena guerra
cuando repatriaron, y algunos de los jóvenes se incorporaron en la
resistencia guerrillera FMLN.  Me fui de El Salvador algunos ocho meses
antes del fin oficial de la Guerra en el febrero de 1992. A pesar de mis
esfuerzos para volver antes, se me pasaron 4 años y medio antes de que
pudiera volver a visitar la ciudad Romero en la Navidad de 1995.

Todos me recibieron calurosamente y me recordaron con cariño cuando por
fin llegué.  Después de los saludos y abrazos, mucha gente me informó
con tristeza que Pilo, uno de los jóvenes, había caído en la última
ofensiva guerrillera justa antes del fin de la guerra.  Pasé aquella
noche tomando cerveza y comiendo tamales con amigos.  Reunieron a
algunos músicos locales, algo de que había disfrutado tanto durante la
época anterior, y tuve la oportunidad de escuchar a todas las canciones
que documentan el sufrimiento y resistencia y huida de un gobierno
asesino.

El día próximo, la conversación otra vez se volvió a Pilo.  Al mirar a
mi alrededor, me di cuenta de que todos los presente, salvo el hermano
menor de Pilo, Mario, todos eran ex combatientes guerrilleros.  –Murió
en balde- dijo Licho.  Los otros ex combatientes estaban de acuerdo.
-¡No! ¡No! ¡Eso no es cierto!- protestó Mario.  En su desesperación, me
agarró por el brazo y la camisa, sacudiéndome, exigiéndome -¡Dígales que
eso no es cierto!  ¡Dígales!  ¡Dígales!-

No sabía qué decir.  Entendí que se sentían que el sacrificio de Pilo y
de ellos mismos había sido en vano.  Nada había cambiado.  Como un
sacerdote ya me había dicho antes, -Los que considerábamos ser pobres
entonces, están absolutamente desamparadas ahora.-  Pero estábamos en
Ciudad Romero, pues, la comunidad  nombrada por aquel hombre valiente
quien, al prever su propia muerte, dijo –Si me matan resucitaré en la
lucha de mi pueblo!-  -¿Y el Arcipreste Romero, entonces?- les
pregunté-. ¿Murió en balde también?-  No me contestaron.  Todos, salvo
Mario, miraron al suelo.  Fue un largo rato antes que de pudiera pensar
en una respuesta.  Por fin, se me ocurrió algo:
-Si las esperanzas y los sueños de Pilo murieron con él, entonces sí, él
ha muerte en balde- les dije-.  Si las esperanzas y los sueños de
Arcipreste Romero han muerto junto con él, entonces él también murió en
balde.  ¡Eso depende de lo que hacemos nosotros!

Ya habían recorrido varios años cuando decidí pintar el nombre de Pilo
en una cruz que yo cargaba durante las protestas contra la Escuela de
las Américas en Fort Benning, Georgia.  La historia de Pilo también ha
aparecido en The Mustard Seed, un perídoico de Los Obreros
Católicos de Toronto, bajo el título “La resurrección de Pilo”.  Y ahora
me encontraba en Puerto Berrio, contando de nuevo la historia de Pilo
para la gente de CAHUCOPNA, gente que intentaron de su propia manera dar
vida y sentido a la muerte de sus propios amigos y queridos.  ¡Algún
día, espero poder decirle a Mario que se encuentra su hermano con vida
todavía! 

Por los millones en una prisión, que los ricos han dejado de lado;
Por el Cristo que no ha resucitado, desde las tumbas de nuestros
corazones; Por la decisión más íntima que no podemos dejar de obedecer;
por lo que queda de nuestra religión, levanto mi voz para orar: Que las
luces en esta tierra de abundancia iluminen la verdad algún día.-
Leonard Cohen

Porque
cuando Cristo sí ha resucitado desde las tumbas de nuestros corazones,
habrá paz en el Valle de Cimitarra

Amen.

Categories

Read More Stories

Ir al contenido