COLOMBIA REFLEXION: Reflexiones sobre Adviento — Respondiendo al Llamado de Dios a Pesar de Nuestros Miedos

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redECAP

13 de diciembre de 2011

COLOMBIA REFLEXION: Reflexiones sobre Adviento  Respondiendo al Llamado de Dios
a Pesar de Nuestros Miedos

 [Esta es la
cuarta parte de nuestra serie de cuatro reflexiones sobre Adviento, al
reflexionar sobre la paz y la justicia desde nuestra perspectiva de trabajo con
los pacificadores locales en Colombia. Cada pieza refleja en la lectura del
Evangelio del domingo siguiente. Por favor lee y comparte con tu familia,
amigos, compañeros de trabajo y comunidad de fe.]

 Lucas
1:26-38:

A los
seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, a visitar
a una joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José,
descendiente de David. La virgen se llamaba María. El ángel se acercó a ella y
le dijo:

-¡Te
saludo,[a] tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo.

Ante
estas palabras, María se perturbó, y se preguntaba qué podría significar este
saludo.

-No
tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor -le dijo el ángel

-Quedarás
encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será un gran
hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su
padre David, y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no
tendrá fin.

-¿Cómo
podrá suceder esto -le preguntó María al ángel-, puesto que soy virgen?

-El
Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su
sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios. También
tu parienta Elisabet va a tener un hijo en su vejez; de hecho, la que decían
que era estéril ya está en el sexto mes de embarazo. Porque para Dios no hay
nada imposible.

-Aquí
tienes a la sierva del Señor -contestó María-. Que él haga conmigo como me has
dicho.

Con
esto, el ángel la dejó.


Respondiendo al Llamado de Dios a Pesar de Nuestros Miedos 

por Pierre Shantz

El Adviento es un
tiempo de esperanza y de espera. Todos anhelamos con ansiedad el nacimiento
de Jesús. Es un momento de celebración. Cantamos nuestros himnos favoritos.
Preparamos las coronas y encendemos una vela nueva todos los domingos. Cada
día, se abre una nueva ventana en nuestros calendarios de Adviento en busca de
un regalo o una lección para el día. Para nosotros, que conocemos el resultado
de la historia – la entrada de Dios en nuestro mundo roto – es una de nuestras
temporadas favoritas en la iglesia.

Para María este
momento era llenó de preguntas y de ansiedad. En primer lugar, se le acerca un
ángel que le pide que sea la madre del Mesías de su pueblo. Esto significa
llevar a un niño antes de que ella esté casada y que no es de José. ¿Que diría
José? ¿Entenderá? ¿Qué dirán los demás? La historia bíblica muestra a una joven
llena de fe, que acepta el llamado de Dios con mucha disposición. Sin embargo,
podemos imaginar el miedo que María sintiera en ese momento o a lo largo de los
meses previos al nacimiento de Jesús.

Como dijo el poeta
Vaclav Havel dice: «La esperanza es un estado de la mente, no del mundo.
La esperanza, en este sentido profundo y potente, no es lo mismo sentir alegría
que las cosas van bien, o la voluntad de invertir en algo porque es obvio que
será exitoso, sino más bien la capacidad de trabajar por algo porque es
bueno.» María aceptó el desafío de Dios a pesar de sus temores y de cómo
las cosas terminarían, porque sabía que era lo correcto.

Nosotros, como
cristianos de hoy no debemos aceptar los llamados de Dios porque sabemos que
las cosas vayan a nuestro favor, pero tenemos que aceptar y trabajar para ellos
porque es lo que hay que hacer.

Un ejemplo de esto es
la pequeña comunidad campesina de Las Pavas conformada por ciento veintitrés familias (más de 500 personas),
organizada en la Asociación de Campesinos de Buenos Aires (ASOCAB) quienes
trabajan de forma comunitaria en la finca de las Pavas. El 14 de julio 2009 la
policía antimotines y personal militar desalojaron ilegalmente a las familias
de sus tierras. El desalojo ocurrió por la solicitud de una gran empresa
colombiana de aceite de palma llamada Daabon. Ella llegó a un acuerdo para la
tierra con un hombre con vínculos en el narcotráfico. Ellos fueron capaces de llevar
a cabo esta acción ilegal debido a su poder y el dinero. La historia ha
demostrado que cuando los grandes intereses corporativos o relacionados con
drogas toman control de la tierra hay poco que uno puede hacer para
recuperarla.

Sin embargo, esta pequeña
comunidad campesina eligió prestar atención al llamado de Dios y no aceptar lo
que había sucedido. La sabiduría popular diría que era una locura ir en contra
de fuerzas tan poderosas. Pero lo hicieron y con la ayuda de muchos lograron
que el más alto tribunal de Colombia declarara que el desalojo erailegal.
El 4 de abril de 2011 se marcharon a su tierra con su bandera que dice
«Las Pavas: Regresando a la Tierra Prometida.» El proceso de lucha
por su regreso estaba lleno de miedos e inseguridades. Los líderes fueron
amenazados de muerte. La comunidad fue acusada de ser auxiliadores de la
guerrilla. Se enfrentaron a las dificultades del hambre y la falta de vivienda.
Pero al final, no se dieron por vencidos porque sabían que no importa cuál
fuera el resultado, la tierra de Las Pavas les pertenece y que tenían queluchar
por ella, porque eralo correcto.

Al igual que con
María, Dios nos llama a ser parte de su entrada en nuestro mundo
deteriorado. Desde Colombia hasta Palestina, el mundo está lleno de injusticia
y guerra. Hoy más que nunca, el Dios de la paz necesita irrumpir en medio de
nosotros/as. Al igual que las comunidades en Colombia, gente de todo el mundo
están trabajando para lograr la paz y la justicia de Dios en sus comunidades.

Al igual que el pueblo
de Las Pavas, debemos estar dispuestos a abrir nuestros corazones para recibir
el llamado de Cristo «Ven y sígueme» a luchar por la justicia y la
paz. Podemos estar inseguros de los detalles o el resultado de este llamado. Tu
también vas a estar lleno de preguntas: «¿Dónde me llevará? ¿Qué dirá mi
familia? ¿Me entenderán? «Estos llamados no siempre son tan claros como un
ángel alado que aparece delante de ti. Pero El sigue llamando a cada uno y cada
una para ayudar valientemente al Dios de la paz y la justicia a entrar en este
mundo.

Como María, debemos
estar preparados/as para decir «-Aquí tienes a la sierva del Señor
-contestó María-. Que él haga conmigo como me has dicho», no porque va a
salir bien, sino porque es lo que hay que hacer.

Oremos

Espíritu de Dios, Tú que eres Amor,

enséñame el arte de amar a mis hermanos,

de escuchar sus necesidades y de hacerme
cargo de ellas,

de ser justo y misericordioso todos los
días de mi vida

mientras espero la
gloriosa venida del Señor Jesús.

 

Espíritu de Dios, Tú que eres Señor
y Dador de Vida,

líbrame del pecado, de la desesperación,
de la tibieza

y de todo aquello que me impide vivir en
plenitud

como auténtico hijo de Dios,

mientras espero la
gloriosa venida del Señor Jesús.

 

Espíritu de Dios, Tú que eres el Maestro
interior,

recuérdame las palabras del Maestro de
Nazaret

y enséñame sus caminos

para que viva según su voluntad,

mientras espero su
venida gloriosa al final de los tiempos.

 

Espíritu de Dios, Tú que revelas
la única Verdad,

líbrame del error y de toda oscuridad

y ayúdame a entender la buena nueva de
la Esperanza,

mientras aguardo la
gloriosa venida del Señor Jesús.

 

Espíritu de Dios, Tú que oras
en nosotros

con gemidos inefables,

pon un clamor en nuestros labios:
«¡Ven, Señor Jesús!»,

pon una esperanza en nuestros corazones:
«¡El Señor vendrá!».

 

Que el Señor venga a nosotros, hoy y
siempre.

Aguardamos su venida gloriosa.

Aguardamos su Salvación y la vida sin
fin que nos promete. Amén.

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