COLOMBIA: Minas Antipersonales Amenazan a Campesinos de Micoahumado

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redECAP
6 de marzo 2015
COLOMBIA:
Minas Antipersonales Amenazan a Campesinos de
Micoahumado


“Y no sólo esto, sino que también nos
gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce
paciencia (perseverancia); y la paciencia (perseverancia), carácter
probado; y el carácter probado, esperanza. Y la esperanza no
desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros
corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.” (
Romanos 5: 3-5)

En la guerra, las víctimas principales siempre son los pobres — civiles indefensos en medio de  fuerzas violentas opuestas.

En Colombia, los campesinos, los agricultores de subsistencia que se
ganan la vida cultivando la tierra — sufren más las consecuencias
trágicas del conflicto armado prolongado de su país: la destrucción del
medio ambiente, el desplazamiento forzado de sus tierras, las
desapariciones y la muerte. Porque ellos son los que más absorben el
impacto de la guerra, ellos  tienen las apuestas más altas en
terminarla. Son víctimas, sí, pero los campesinos — y no sólo ellos, los
mineros artesanales , los indígenas, los Mestizos y los
afro-descendientes también — están trabajando por la paz y exigiendo
justicia. En una remota comunidad rural en el Departamento de Bolívar,
Colombia, los campesinos de Micoahumado están trabajando por la paz. Son
los  agentes de su propia liberación.

Hace una década, los campesinos de Micoahumado aparecieron en los
medios de comunicación internacionales cuando se organizaron y
dialogaron directamente con tres grupos armados cuya pelea les llegó en
el fuego cruzado: el ELN (Ejército de Liberación Nacional), el ejército
colombiano y los paramilitares de derecha apoyados por el gobierno. A
través del diálogo, formaron con éxito la Asamblea Constituyente de
Micoahumado, una coalición formada por un grupo de 10 veredas de la
región comprometidos con la consolidación de la paz y el desarrollo en
medio del conflicto. El diálogo, facilitado por la iglesia católica, fue
un paso sin precedentes hacia la reducción de la violencia, la
promoción de la paz y recuperación de la autonomía civil en la región.
Los tres grupos acordaron abstenerse de combatir entre sí en las zonas
pobladas por civiles, y a respetar la población local, no usando áreas
pobladas como un escudo humano, y a no involucrar a los civiles en sus
guerras. El ELN, además, acordó remover las minas antipersonales
sembradas, y abstenerse de plantar nuevas minas en las tierras y los
caminos de Micoahumado.

Los paramilitares solían usar un dicho mortal: “Detrás de cada árbol
se encuentra un guerrillero esperando.” Para demostrar que estaban
equivocados, los campesinos marcharon pacíficamente en la capital
regional de Cartagena para demostrar públicamente que son civiles que
cultivan la tierra, no son enemigos del estado.

Durante la última década las estrategias pacíficas de Micoahumado les sirvieron. Hasta hace poco.

Sólo la semana pasada en un lugar no muy lejos de Micoahumado un
muchacho de catorce año de edad, que caminaba por el campo, pisó una
mina anti-personal.  La fuerza explosiva de la mina rasgó sus
extremidades de su cuerpo, matándolo instantáneamente.  Poco después, en
La Caoba (uno de las diez comunidades que conforman Micoahumado), una
vaca que pastaba por el campo pisó una mina. La pérdida de la vaca fue
un golpe duro a la subsistencia del agricultor. Además del peligro de
las minas,  también aumentó  la presencia del ejército colombiano en las
zonas pobladas. 

Frente a estas amenazas re-emergentes, los campesinos de Micoahumado
han reafirmando el diálogo como la vía más eficaz para la paz. Y han
pedido que los Equipos Cristianos de Acción por la Paz (ECAP), una
organización internacional que envía equipos de trabajadores de la paz
en zonas de conflicto alrededor del mundo, aumenten su acompañamiento de
Micoahumado. A través de la acción directa no-violenta y acompañamiento
ECAP apoya las iniciativas de base que promueven la paz.

A finales de enero de este año una delegación internacional del
Comité Central Menonita, cuyos miembros trabajan en asistencia,
desarrollo y paz en Colombia y Ecuador, se unió al equipo de ECAP. La
delegación llegó a Micoahumado en medio de esta situación inesperada y
tensa.

La delegación estuvo presente cuando la comunidad se reunió para
elaborar una respuesta colectiva a la presencia de minas antipersonales.
En consonancia con el Proceso Soberano Comunitario para la Vida, la Justicia y la Paz en Micoahumado,
la discusión fue inaugurada con  la re-afirmación: “Creemos en el valor
de las palabras. Creemos en el diálogo como el camino hacia la paz. No
podemos tener paz si no tenemos diálogo.” 

Como miembros de la delegación, nos sentimos privilegiados de ver a
una comunidad que había sufrido décadas de desplazamiento y privación de
sus derechos luchar,  no con violencia, sino a través del diálogo.
Vimos que los campesinos de Micoahumado encarnan las palabras de las
escrituras: “Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la
tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues
ellos serán saciados. … Bienaventurados los que procuran la paz, pues
ellos serán llamados hijos de Dios. (Mateo 5: 5, 9). A pesar de toda la
ansiedad marcada en sus rostros, su compromiso a seguir el camino de la
paz, a mantenerse firmes en la tierra para no sufrir más
desplazamientos, fueron un testimonio de su coraje y su dignidad.

Durante nuestra visita, dos días después de la asamblea, tropa del
ejército apareció y se estableció un campamento en las afueras de la
comunidad, agravando una situación que ya era difícil. La comunidad
denunció categóricamente su presencia como una afrenta a su soberanía y
su seguridad. Representantes de la comunidad, acompañados por ECAP,
fueron directamente al comandante del ejército para pedirle, respetuosa
pero francamente, que trasladaran el campamento a otro lugar, lejos de
la población civil. El comandante respondió cortésmente que se
comunicaría con su superior y esperaría sus ordenes.

Durante estos días preocupantes reflexionamos como grupo en lo que
significa acompañar a los campesinos de Micoahumado. ¿Qué podríamos
decir o hacer? ¿Cómo podríamos llamar la atención a este frente olvidado
de la guerra olvidada de Colombia? En realidad son los campesinos
mismos que están hablando y trabajando soluciones alternativas y
pacíficas a la violencia que viven todos los días. Por nuestra parte,
por miedo de empeorar la situación, decidimos mejor no decir ni hacer
nada públicamente, dado que son los campesinos, no nosotros, quienes
tendrían que sufrir las consecuencias.

Por la noche, en el último día de nuestra visita, después de las
negociaciones con el ejército, nos reunimos con la comunidad para una
comida. Dotados miembros de la comunidad compartieron canciones que
habían compuesto, cantando sobre la resistencia a ser desplazados de su
tierra amada. La delegación realizó un acto espiritual de solidaridad y
acompañamiento pastoral. Inspirado por la oración del Padre Nuestro de
Guatemala de Julia, la redactamos e interpretamos en una versión que
llamamos El Padre Nuestro de Micoahumado.

Viviendo en el espíritu de la paz, vamos a acompañar a los campesinos
de Micoahumado y todos aquellos que sufren la violencia de la guerra y
que eligieron el camino de la paz y el diálogo.

Y oremos con ellos:

Padre Nuestro,
que está en el cielo
Tu nombre es santificado
que venga tu reino,

ya que cuando tu reino viene,
hay seguridad para todos,
y no hay miedo de caminar sobre la tierra.
Hay respeto por la autonomía, reconocido en todas partes.
La tierra se cultiva con el fin de la vida,
y nunca con el fin de la guerra y la muerte.


Hágase tu voluntad, Señor,

que haya libertad para todos,
que el yugo que oprime a la comunidad se rompa,
Tu voluntad es la proclamación del Evangelio a los pobres,
el consuelo a los afligidos, para todos aquellos que han sufrido
la guerra, las minas terrestres y la injusticia.


Danos hoy nuestro pan de cada día,

el pan que está siendo capaz de caminar en el campo
sin una mina que nos mate.
El pan de la atención médica
y la educación de nuestro pueblo.
El pan de la vida en paz y tranquilidad,
sin las amenazas y el temor de que nos afligen y evitar
el bienestar de nuestra comunidad.


Y perdónanos, Señor,

por no saber cómo compartir el pan que nos ha dado.
Como también nosotros perdonamos
a los que nos han quitado a tu pan que es el nuestro.


Y no nos dejes caer en la tentación,

no nos dejes caer en la tentación de creer que todo está perdido,
que no podemos hacer nada.
No nos dejes caer en la tentación de renunciar,
por creer que podemos hacerlo todo solos.


Y líbranos del mal,

 

de las minas anti-personales que matan a nuestra gente
y destruyen nuestra sustento,
de la amenaza de las fuerzas de la oscuridad
que intentan destruir nuestra forma de vida,
de la división que se manifiesta entre nosotros
como un resultado del temor y la desesperanza
debilitando nuestra unidad.

Porque tuyo es el reino,
Tuyo es el poder,
y tuya es la gloria.
Amén.

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