Desde al menos octubre del 2023, y especialmente a lo largo del 2024-2025, las autoridades israelíes han instalado cientos de portones de hierro, bloques de concreto y puestos de control militar en toda Cisjordania. Los informes documentan aproximadamente 898 puestos de control y portones militar en la región.
En determinadas provincias, como Hebrón, Ramala, Nablus y Jerusalén, el número de puestos de control y portones militares es especialmente elevado. Solo en la provincia de Hebrón hay más de 200 puestos de control y portones militares, y cientos más en otros lugares.
Estos portones suelen ser pesadas barreras de hierro o acero colocadas en las carreteras que conducen a ciudades, pueblos, barrios e incluso campos de personas refugiadas. En muchos casos, estos portones son cerradas por personas soldado y solo se pueden abrir en determinados momentos o no se pueden abrir en absoluto.
Hebrón (Al-Khalil): una ciudad convertida en una gran prisión
Hebrón es una de las ciudades más grandes y pobladas de Cisjordania. Es un centro económico con una larga historia de vida urbana palestina, mercados, industrias y comunidades familiares. Su centro y las localidades circundantes forman una densa red de actividad diaria, movilidad y vida social.
En los últimos años, especialmente desde finales del 2023, todas las entradas principales de Hebrón y muchas carreteras internas han sido bloqueadas con portones de hierro y barreras. La mayoría de las carreteras que conducen hacia y desde Hebrón están bloqueadas por portones que están cerrados permanentemente o se abren de forma impredecible. Esto ha convertido la ciudad y a sus pueblos en algo parecido a una gran prisión.
Las personas palestinas que intentan viajar dentro de la provincia deben realizar largos y difíciles desvíos a través de zonas en las que se enfrentan a controles, inspecciones y retrasos adicionales. Los servicios públicos, como las ambulancias y los vehículos de emergencia, pueden sufrir graves retrasos si se cierra una puerta o se requiere permiso para pasar, lo que a veces obliga a trasladar a les pacientes de un vehículo a otro en los puestos de control militar.
Estos cierres son una forma de castigo colectivo que afecta especialmente a las personas trabajadoras, estudiantes y familias palestinas. Uno de los efectos más profundos de estos portones es cómo dividen a las comunidades palestinas en enclaves aislados. Antes de este reciente aumento, muchas ciudades y pueblos estaban conectados por carreteras continuas y rutas de transporte público. Hoy en día, los portones y los puestos de control militar dividen Cisjordania en cantones aislados. Un pueblo que antes tenía varias rutas hacia una ciudad cercana ahora puede tener solo una carretera estrecha vigilada o cerrada por un porton.
Las carreteras, que eran las principales arterias de la vida y conectaban las granjas con los mercados, a les niñes con las escuelas y a las familias con sus parientes, suelen estar bloqueadas. Esto obliga a la gente a utilizar caminos más pequeños, accidentados y sin pavimentar, en los que el desplazamiento es lento y, en ocasiones, inseguro. Muchas entradas a las comunidades permanecen cerradas durante días o semanas sin previo aviso, lo que significa que las personas pueden quedar atrapadas u obligadas a recorrer entre 20 y 50 kilómetros más por desvíos solo para acceder a servicios básicos como hospitales u oficinas gubernamentales.
El impacto combinado es que las ciudades ya no son espacios urbanos contiguos, sino conjuntos de áreas fragmentadas con acceso restringido, lo que obliga a las personas residentes a planificar cada desplazamiento en función de la apertura y el cierre impredecibles de los portones y de los puestos de control militar. Las personas se ven obligadas a seguir las noticias y consultar aplicaciones para planificar sus rutas en función de los cierres de los puestos de control militar.
La vida cotidiana en los puestos de control militar
En cada puerta principal hay personas soldado o personal militar israelí que controla el movimiento de vehículos y peatones. Las personas soldado revisan las identificaciones, inspeccionan los vehículos, revisan los teléfonos celulares y las cuentas de redes sociales antes de decidir si dejan pasar a las personas. Estas decisiones pueden depender de la hora del día, de las preocupaciones de seguridad percibidas o de un juicio arbitrario.
Las consecuencias de esto son que las personas suelen pasar horas esperando en los portones y en los puestos de control militar. Las personas trabajadoras corren el riesgo de perder tiempo en sus empleos, les estudiantes pierden horas de clase y muchas personas pierden citas médicas debido a los largos retrasos y los cierres impredecibles. Esto supone una carga económica: los retrasos y las restricciones de movimiento dificultan que las personas trabajadoras lleguen a sus empleos, que las personas comerciantes transporten mercancías y que las personas agricultoras accedan a sus tierras. Esto contribuye a las dificultades económicas en muchas ciudades. También existe estrés psicológico. La incertidumbre y la falta de control sobre los propios movimientos genera ansiedad y una sensación constante de estar bajo vigilancia. Y está el aislamiento social. Las familias suelen estar separadas por puestos de control militar que dificultan la asistencia a reuniones sociales, bodas, funerales y eventos familiares.
Colores de los portones y su significado
En muchas zonas, especialmente desde la ampliación de la instalación de portones después del 2023, un sencillo sistema de colores indica las diferentes condiciones de acceso.
Amarillo: Estos portones suelen instalarse en muchas entradas. Pueden abrirse o cerrarse en función de las necesidades militares o las evaluaciones de seguridad de cada día. A veces permiten el paso, pero solo con controles frecuentes y con retrasos.
Verde: En teoría están “abiertos”, pero a menudo son objeto de registros intensivos por parte de las personas soldado. El paso es posible, pero lento e impredecible.
Rojo o naranja: Estos portones suelen estar completamente cerrados para las personas civiles palestinas. Bloquean totalmente el acceso y pueden permanecer cerrados durante largos periodos de tiempo.
Azules o negras: Suelen ser portones tipicamente militares, a menudo cerrados permanentemente a las personas civiles y utilizados por el ejército israelí para patrullas, despliegues u operaciones de seguridad.
Las personas observadoras locales describen cómo estos colores circulan ampliamente en las redes sociales y entre las personas residentes, convirtiéndose en un recordatorio diario de cómo se controla y monitorea el movimiento.
En la actualidad, los portones de hierro y los puestos de control militar de Cisjordania son más que obstáculos físicos; son indicadores de cómo el control sobre la circulación afecta a la sociedad, la economía, la vida familiar y la dignidad personal. En ciudades como Hebrón, donde las entradas y las carreteras internas están bloqueadas, la vida cotidiana se siente como navegar por un laberinto de retrasos, restricciones e incertidumbres. A pesar de las declaraciones oficiales israelíes sobre seguridad, muchas personas palestinas consideran que estos portones son herramientas de fragmentación y castigo colectivo que dificultan la vida y reducen las oportunidades.
Comprender las funciones, los colores y las consecuencias de estos portones ayuda a esclarecer hasta qué punto estas estructuras se han extendido, no solo en términos militares o políticos, sino también en el ritmo mismo de la vida palestina.


