COLOMBIA: Justicia Negada

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redECAP

Febrero 6 2017

COLOMBIA: Justicia Negada

por
Kody Hersh 

Mediados
de enero de 2017. Tengo aproximadamente dos semanas de un período de un mes
como un reservista con el equipo de ECAP Colombia. He visitado la comunidad
rural de El Guayabo, donde las familias campesinas y las comunidades han sido
embrolladas en una lucha para la reclamación de la tierra con el hijo de un
ex-terrateniente. Aunque las acciones de las personas de El Guayabo en la
defensa de su tierra hayan sido legítimas y no violentos, funcionarios
públicos, emitieron órdenes de captura hace varios meses para cuatro líderes de
la comunidad. Uno, Álvaro García, fue detenido en su casa en la madrugada.
Después de estar escondidos por seis meses, buscando ayuda legal y construyendo
una defensa, los tres otros líderes de la comunidad se entregaron a las
autoridades y fueron dejados en libertad mientras sigue el caso. Pero Álvaro ha
sido detenido durante ocho meses ahora, esperando los cargos y una audiencia en
la cual sus abogadas pueden solicitar su liberación.

El
equipo de los ECAP ha estado visitando a Álvaro regularmente en la cárcel en
Barrancabermeja, que está a varias horas en barco de su familia y de su
comunidad, y asisten a las audiencias en su caso. Fui a una audiencia con otro
compañero de los ECAP en la que la abogada de Álvaro espera terminar con la
fase inicial y acercarse al punto en el cual pueda solicitar su liberación.
Esperamos una hora en una pequeña área de recepción: Álvaro, dos guardias,
varios de los miembros de la familia y la comunidad, abogadas de un colectivo
de abogados de derechos humanos, mi compañero y yo. Álvaro con manos esposadas
estira su manos para saludarme cuando nos presentan. Canta  una canción al
grupo que escribió en la cárcel sobre la dignidad del campesino, el trabajo y
la importancia de la justicia para la tierra. Finalmente la juez pide que
Álvaro, sus guardias, y los abogados vayan a otro salón.

Mi
compañero de equipo y yo esperamos fuera con amigos y la familia de Álvaro
durante aproximadamente dos horas, mirando la ciudad y el Río Magdalena desde
el cuarto piso del juzgado. Finalmente, Álvaro surge, y los guardias lo llevan
por la puerta trasera del edificio, para volver a la cárcel. Su abogada
principal se junta a nuestro grupo pequeño, sacude su cabeza y explica que la
finalización de la audiencia de ese día ha sido pospuesta dos semanas. Pidió
seguir la audiencia dentro de unos días; pero la juez negó la solicitud.

La
justicia demasiado postergada …

 Alvaro, lider del Guayabo

El líder de El Guayabo, Eric Payares, habla con una delegación de ECAP sobre la resistencia no violenta de la comunidad. (Caldwell Manners/CPT)

La
semana de la audiencia de Álvaro incluye varios acontecimientos significativos
para mí como residente y ciudadano estadounidense: el cumpleaños de Martin
Luther King Jr, celebrado en los Estados Unidos como un festivo nacional y la
inauguración del presidente por un hombre que habla orgullosamente de haber
cometido acoso sexual, amenaza a activistas y periodistas, ha hablado
odiosamente sobre la gente de color e inmigrantes, y propuso el desmontaje de
casi cada faceta del gobierno estadounidense a cargo de la protección de derechos
civiles y cuidar las necesidades elementales de la clase obrera, pobre, y hasta
residentes estadounidenses de la clase media. La noche antes de la
inauguración, otro compañero del equipo ECAP y yo nos quedamos mirando
Decimotercera, un documental potente sobre el encarcelamiento de masas. Pienso
en cómo la violencia contra la gente de color, sobre todo la violencia estatal,
es permitida por un sistema criminal que consecuentemente procesa esa violencia
con menos seriedad que la violencia contra víctimas blancas. Pienso en cómo la
cultura de la violación es sostenida por un sistema criminal que rechaza y
re-traumatize sobrevivientes de la violencia sexual, raramente trayendo sus
casos a juicio. Pienso, por otra parte, sobre un sistema lleno de gente, sobre todo
negra y la gente Latina, detenida y procesada por la ofensa más pequeña, a
menudo relacionado con drogas, ofensas que dan combustible a una industria
creciente de cárceles privadas.

La
justicia torcida, también es justicia negada.

He
tenido un amigo por correspondencia durante unos meses que es encarcelado en
una prisión de Texas. Recuerdo la primera vez que recibí una carta de él:
Sosteniendola en mi mano, mirando su escritura, reflexionando sobre la
dirección de donde vino. Leyendo sobre su hijo, su música favorita, sus
aficiones. Soy una persona blanca, de clase media que nació ciudadano
estadounidense y no he tenido que interactuar mucho con ningún sistema penal.
Su carta me golpea en el estómago en un modo que ningún argumento político
sobre prisiones había hecho.

Encarcelamos
a seres humanos. En jaulas. Durante años. Seres humanos como cualquier otros,
hij@s hermos@s e imperfect@s de Dios. L@s encerramos. 

No
creo que nada de esto es el tipo de justicia que Dios quiera para nosotr@s.
“Esto es lo que dice el Señor Todopoderoso”, dice el libro de Zacarías.
“Administrar verdadera justicia; mostrar misericordia y compasión uno al otro”.
De muchas maneras, nuestros sistemas actuales no pasan esta prueba. 

No
me resulta fácil imaginar cómo podría verse la verdadera justicia; una justicia
de misericordia y compasión. En muchos sentidos, es exactamente la pregunta con
la cual Colombia está luchando como país ahora mismo. Después de medio siglo de
guerra, y ha vivido todas las pérdidas, abusos, dolores, traumas y rabias que
la guerra trae, ¿qué cara tiene la justicia? ¿Cómo puede la verdad ser puesta
adelante, hacer espacio para la rendición de cuentas y restitución? ¿Cómo podrá
Colombia avanzar hacia un futuro transformado? ¿O cualquiera de nosotr@s? Y ¿cómo
sostenemos esa pregunta de tal manera que realmente podemos ver y oír y cuidar
uno del otro, y nadie termina en una jaula?

Versión completa página web de ECAP
Colombia

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