“¡Sálvese!”

Un soldado alega ofrecer seguridad y protección en el área H2 de al Khalil/Hebrón, mientras su propia presencia ha interrumpido la educación, la salud y las vidas de familias palestinas: Esta es la contradicción de la ocupación.
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the view of the fortified Salaymeh checkpoint from the side of the road where CPT monitors activity of the occupation. A white van parked on the side of the road obstructs part of the checkpoint.
El retén de Salaymeh se ve desde detrás de algunos vehículos estacionados. ECAP monitorea las acciones de la ocupación israelí mientras los y las estudiantes cruzan este puesto de control camino a la escuela.

Hoy, lunes 17 de octubre de 2022, marca exactamente un mes desde que llegué a Al Khalil/Hebron. Me han revisado el pasaporte y cuestionado mi religión a diario, pero hoy tuve mi primera experiencia personal de interrogatorio significativo e intimidación por parte de las Fuerzas de Ocupación Israelí (FOI). 

Esta mañana como cualquier otra, un colega y yo nos situamos al lado del retén de Salaymeh en el área H2. Al llegar, nos alarmamos del número de soldados armados y de jeeps del ejército parqueados en el retén que cruzaban les infantes para ir a la escuela.

Poco después, un soldado israelí, envuelto en su metralleta, se nos acercó y me preguntó qué hacía allí. Él me dijo que esta área específica era solamente para “personas judías y árabes” y que era peligrosa para mí. El soldado estaba empeñado en que debía irme, y mientras me miraba desde su postura de superioridad, me sentí intimidada y llena de trepidación.

Me recordé a mi misma permanecer tranquila y no provocar, pues ésta era solo una táctica de intimidación. Sin embargo, él insistió en que debía acompañarlo hacia un área más segura. La ironía de la situación fue que entre más él insistía, más yo me sentía intranquila y amenazada. Permanecí donde estaba y de manera educada expresé mi confusión sobre de qué manera estaba en peligro. Le dije que si yo estaba en peligro entonces con seguridad les infantes que cruzaban el retén también lo estaban. Esto lo desconcertó, y procedió a llamar a su colega. Entendimos que le dijo a su colega que había una mujer extranjera y un hombre árabe encaramades en un escalón al lado del retén que se rehusaban a irse. El soldado ignoró a mi colega, un hombre palestino, todo el tiempo y continuó solamente hablando conmigo.

La vista desde la acera cuando ECAP monitorea el retén de Salaymeh, una pasarela de baldosas junto a puertas metálicas cerradas, un gato sentado al sol, mirando hacia la cámara.

El soldado continuó comunicándose conmigo en su inglés entrecortado, insistiendo que ésta área era “peligrosa” debido a los “padres y niñez árabes”, eventualmente escudriñando mi pasaporte, y tomándole una foto. Luego intentó tomarme a mí una foto mientras estaba sentada en el escalón frente a él, a lo que respondí, “Por qué, si ya le tomó foto a mi pasaporte?” Él se mostró indeciso y no respondió. Después de varias llamadas a sus colegas,  me comunicó la decisión final (ignorando a mi colega palestino) que yo podía quedarme bajo mi propia cuenta y riesgo, y se retiró con estas últimas palabras: “depende de usted salvarse”. 

Después de las 8:00 am, cuando se habían disipado les infantes cruzando el retén por el incio de la jornada escolar, nos metimos a una tienda de un palestino local que nos recibió con una taza de café árabe. Aquí la atmósfera era completamente relajada comparada con la del retén. El amable tendero nos contó sobre su experiencia de vida a través de los años bajo la ocupación, su familia, cómo está en constante preocupación por sus hijes y sus futuros aún siendo adultes, y piensa que la única razón por la que le permitieron mantener abierta su tienda era porque había estado varios años en Tel Aviv aprendiendo a hablar Hebreo con fluidez. Él tenía un aire, como muchas personas adultas mayores en Palestina, de haber vivido una vida de resistencia. Él tenía curiosidad por mi vida, idioma, cultura y país, por el mundo fuera de la Palestina bajo ocupación.

una taza de café de cerámica blanca con diseños dorados llena de café

Al final de la mañana, reflexioné sobre las interacciones contrastantes que tuve en el Retén de Salaymeh solamente con una hora de diferencia. La primera con el soldado amenazante luciendo una metralleta, intentando “llevarme a lugar seguro”, lejos del “peligro” planteado por los “árabes”; y la segunda con el tendero palestino hospitalario, amable y resiliente, resistiendo su vida bajo la ocupación istaelí y cargando la preocupación por sus siete hijes.

La realidad de la situación es que el único elemento de peligro —para mí , les palestines, y les infantes— Son las armadas FOI, ocupando una tierra que no les pertenece, atormentando y deshumanizando a la inocente población indígena. Si realmente quisieran retirar el peligro del país, se retirarían y devolverían a les palestines su derecho a la autodeterminación para llevar una vida en paz.

Tan desconcertante como fue esta primera “interrogación”, sentí una sensación de victoria por haber triunfado en permanecer pacíficamente y de manera inofensiva en el retén protegiéndome del soldado armado. Aún así, no puedo dejar de pensar que éste fue un encuentro menor. Quizás la próxima vez, la antagonista sea una mujer, o alguien quenhable ingles con fluidez, o que simplemente esté teniendo un mal día.

Esta es la vida de cada hombre, mujer, adolescente y niñe en Palestina en su camino a la escuela, al trabajo, al mercado, a un restaurante, o la casa de la familia o una amistad. No hay paz acá en el área H2, solo hostilidad, y la beligerancia amenazante de la ocupación palestina.


Traducción por Adriana Cabrera Velásquez

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