Una invitación al diálogo en la incomodidad

Ser una trabajadora o trabajador por la paz y abogar inequívocamente por la no violencia mientras reconociendo al mismo tiempo el propio privilegio no es tan sencillo ni dogmático.
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Photo: Loius

Cuando tenía poco más de 20 años, prediqué en la iglesia de mi barrio. Invité a la Iglesia Menonita a cuestionar nuestro pacifismo, el pilar mismo de la identidad menonita, y a preguntarnos por qué y cómo practicamos la paz.

No me di cuenta en lo que me metía. Hubo bastantes reacciones fuertes de gente a la que le preocupaba que al cuestionar nuestros valores nos distanciáramos de nuestra fe y la deslegitimáramos. No les culpo, no es un lugar cómodo para ocupar. Ponerse a uno mismo o a una misma y a sus valores ante un espejo es un ejercicio aterrador porque puede que haya que admitir haberse equivocado, y pedir perdón puede que sea una de las cosas que más nos cueste hacer a los seres humanos. Pero si la persona está dispuesta a participar, puede que salga del ejercicio con una mejor comprensión y un mayor compromiso con ese mismo valor fundamental.

En ECAP somos inequívocamente no violentos, este es un principio rector de nuestro trabajo. Defendemos y apoyamos a nuestres socies en la resistencia no violenta, y no somos neutrales, estamos con las personas oprimidas. Pero los conflictos son confusos, la propaganda prolifera y las estructuras de poder influyen en el curso de la violencia. Así que, en nuestro compromiso por deshacer las opresiones, es imperativo que también sostengamos nuestra posición de no violencia frente al espejo. ¿Qué define la no violencia, cómo trabajamos de forma no violenta y dónde reside el poder en nuestra no violencia?

La violencia y la no violencia no son absolutos, hay muchos matices intermedios ya que venimos de experiencias y comprensiones muy diferentes en este viaje. He aprendido de mis colegas y compañeros de ECAP que viven bajo la opresión que la no violencia a veces procede de un lugar de privilegio. Mi experiencia personal de la no violencia proviene de haber crecido en una comunidad menonita de colonos en Canadá. En las últimas décadas ha sido fácil para esta comunidad, incluyéndome a mí, predicar la no violencia, mientras esperábamos que los grupos oprimidos siguieran el ejemplo, incluso cuando no es nuestra propia comunidad la que se enfrenta a las consecuencias. Por lo tanto, en tiempos de violencia atroz, nuestra posición sobre la no violencia debe ser deconstruida, especialmente como organización nacida de naciones coloniales e imperialistas blancas. Como personas que practican la acción por la paz, no podemos alimentar la narrativa dominante que justifica aún más la violencia contra los oprimidos.

La violencia de esta semana ha sido absolutamente devastadora y experimentamos un profundo dolor por la atroz pérdida de vidas de personas palestinas e israelíes. Nuestro lamento se basa en el reconocimiento de nuestros privilegios y, en una situación de enorme desigualdad, sería un error establecer la falsa equivalencia de que el ocupado y el ocupante son lo mismo. La violencia está mal, y reconocemos los hilos de racismo dentro de estas respuestas a la violencia, respuestas que niegan a las personas palestinas la agencia y sostienen las estructuras globales de la supremacía blanca.

Con este análisis, la autora palestina y abogada de derechos humanos Noura Erakat escribe: «Fijarse en las personas palestinas como víctimas imperfectas es la absolución de y la complicidad con la dominación colonial de Israel». Continúa explicando las décadas de resistencia no violenta palestina a través del movimiento BDS, las flotillas civiles, los desafíos legales en tribunales nacionales e internacionales y la Marcha del Retorno. Todos estos esfuerzos han sido silenciados, demonizados y difamados. «El mensaje a las personas palestinas no es que deben resistir más pacíficamente, sino que no pueden resistir en absoluto la ocupación y la agresión israelíes», concluye.

No son conversaciones cómodas. Roen la base de nuestras creencias. Nos costará aceptar nuestros privilegios y desaprender nuestros prejuicios innatos. Pero precisamente por eso quiero invitarles aquí, para que nos sentemos juntos y juntas en la incomodidad. Dígannos, ¿con qué están luchando para aceptar los acontecimientos de esta semana? ¿Cuáles han sido sus respuestas, intelectuales, emocionales y físicas, a estos horrendos actos de violencia? ¿Cómo dar cabida a un profundo dolor al tiempo que se concilia el choque de narrativas y se denuncian los desequilibrios de poder?

Que continuemos reflexionando, desafiando y dialogando juntos y juntas en este viaje.

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