La ocupación israelí impone medidas severas en Cisjordania

Tras la incursión de Hamás el 7 de octubre, las fuerzas israelíes han cerrado las ciudades de Cisjordania bajo un estricto toque de queda y han llevado a cabo ataques indiscriminados como el perpetrado contra la fábrica de yogures Herbawi en la Ciudad Antigua de Hebrón.
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CPT members stand at the entrance to the Emad Herbawi yogurt factory that was targeted by the Israeli forces in Hebron

El 7 de octubre, las fuerzas de ocupación israelíes llevaron a cabo una violenta invasión en la fábrica de yogures Emad Herbawi, en la calle Shallallah de la Ciudad Antigua de Al-Khalil/Hebrón y aterrorizaron a empleados y empleadas. Este edificio, como muchos de los de Hebrón, es invadido con frecuencia por soldados israelíes que utilizan la azotea para vigilar a la población palestina. Estas invasiones de la azotea se producen con regularidad, a menudo dos o tres veces por semana. A las 9 de la mañana del sábado 7 de octubre, en medio del aumento de las tensiones, les soldados entraron violentamente en la fábrica rompiendo ventanas y destruyendo bienes. Más tarde, a las 3:00 p.m., cuando empleados y empleadas debían estar saliendo de regreso a sus casas, les soldados atrincheraron las puertas y no permitieron salir a la familia, incluidos niños y niñas de tan sólo siete años, ni a los 15 empleados y empleadas: cinco hombres y diez mujeres. Algunas de las mujeres intentaron salir por una puerta trasera, pero les soldados las amenazaron a punta de pistola. Las fuerzas armadas finalmente dejaron en libertad a empleados y empleadas a las 9 de la noche, pero no permitieron que la familia saliera y tuvieron que dormir en la fábrica. Cuando les soldados se marcharon, dejaron ventanas rotas, una unidad de refrigeración esencial para el negocio averiada y a empleados y empleadas traumatizados.

Esta fábrica hace yogur, un proceso que depende en gran medida de la refrigeración. La destrucción sin sentido por parte de les soldados de la unidad de refrigeración, esencial para los productos, ha creado un gran problema para el negocio. Mientras tanto, empleados y empleadas temen volver al trabajo, y la empresa se ve ahora obligada a vender sus productos rápidamente con descuento debido a la falta de refrigeración. No es de extrañar que aumenten las tensiones por estas agresiones diarias de la ocupación que repercuten en la vida y el sustento de las personas empresarias y las familias corrientes. ¿Cuál será el impacto futuro de estas experiencias traumáticas en los niños y las niñas pequeñas que estuvieron presentes?

Este es sólo un ejemplo del castigo colectivo que la ocupación israelí lleva a cabo contra familias y empresas inocentes en su vida cotidiana. Desde la incursión de Hamás, el ejército israelí se ha mostrado rápida y brutalmente violento, no sólo en sus horribles ataques contra la población civil de Gaza, sino en toda Cisjordania, donde las familias lloran a diario a sus seres queridos tiroteados con fuego de armas financiadas por Estados Unidos en manos del ejército israelí.

En Al-Khalil/Hebrón, la vida cotidiana se ha paralizado, las escuelas y los puestos de control están cerrados y les residentes no pueden salir de sus casas ni desplazarse por la ciudad. Se permite el acceso limitado a unas pocas horas al día para que la gente recoja provisiones. En el distrito de Tel Rumeideh, por ejemplo, hay toque de queda. Les soldados permiten a les residentes salir entre las 2:00 y las 2:30 p.m. y entre las 6:00 y las 7:00 p.m. Si alguien regresa tarde se enfrenta a una paliza de les soldados. El 11 de octubre, les soldados golpearon a dos jóvenes porque no respetaron el toque de queda y no les permitieron volver a casa esa noche.

Al regresar de la fábrica ese día, ECAP Palestina fue testigo de lo unilateral que es esta represión militar. Les soldados de las Fuerzas Israelíes de Ocupación desafiaron la presencia de ECAP y objetaron que tomáramos fotos de un colono israelí lanzando piedras a les residentes palestinos de abajo, pero no hicieron nada para detener el lanzamiento de piedras. La población palestina, víctima de 75 años de ocupación ilegal, es la castigada, no los colonos israelíes que provocan el conflicto.

Al día siguiente, mientras caminábamos por la calle cerca de la fábrica Herbawi, les soldados estaban de nuevo presentes en la azotea. Nos gritaban, apuntándonos con sus armas, sin dejarnos pasar. Ese mismo día, mientras subíamos por una ruta alternativa, nos cruzamos con una anciana discapacitada, cargada con pesadas bolsas de la compra, obligada a tomar una ruta alternativa larga y empinada para llegar a su hogar.

Estos son sólo algunos de los actos aterradores y humillantes a los que se enfrentan a diario les residentes mientras intentan seguir con su vida laboral y familiar. La tensión es palpable en los rostros de las personas que conocemos. ¿Cómo puede esta violencia no desembocar en más violencia? Sin embargo, les habitantes de Hebrón nos impresionan por su decidida resistencia no violenta. Al día siguiente, en la fábrica de Emad Herbawi, la familia, junto con sus hijos e hijas, trabajaban duro para compensar a los empleados y empleadas que temían volver, y se afanaban por envasar sus productos para que la fábrica siguiera funcionando.

Cada vez que visitamos un negocio abierto, a pesar de las calles vacías, los propietarios y propietarias de las tiendas y los empleados y empleadas de las fábricas muestran su resistencia negándose a cerrar, negándose a ceder. Todas las personas están decididas a conservar sus hogares, sus medios de subsistencia y sus tierras.

Una ventana rota en la fábrica de yogures Emad Herbawi

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