Israel está demoliendo casas en Cisjordania

Esta semana, las autoridades de la ocupación han demolido más de 10 viviendas en Hebrón y las Colinas al Sur de Hebrón, destruyendo el sentimiento de seguridad, comunidad e identidad de estas familias.
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a couch leans back because of a broken leg, sitting on a concrete slab in front of a pile of rubble after Israeli authorities demolished a Palestinian home in Hebron

La ocupación israelí sigue aplicando una política de desplazamientos en los territorios palestinos mediante la demolición de las viviendas de las personas palestinas que residen y construyen sus casas en sus propias tierras. Cisjordania está dividida en tres zonas: A, B y C. La ocupación se centra especialmente en la zona C, que está bajo pleno control militar y de seguridad israelí. En esta zona, las autoridades de la ocupación han demolido muchas viviendas y pozos de agua, y han prohibido el cultivo de tierras, alegando que estas zonas están bajo jurisdicción israelí.

Recientemente, las autoridades de la ocupación han intensificado sus esfuerzos, demoliendo numerosas viviendas palestinas sin previo aviso. El martes 25 de junio, las autoridades israelíes demolieron una vivienda en Hebrón y el miércoles 26 de junio demolieron 10 viviendas en ‘Umm al Kheir’, dejando a casi 40 personas desplazadas y sin hogar. Una persona de la comunidad montó una tienda de campaña para tener un lugar donde dormir esa noche, pero las fuerzas de la ocupación volvieron para retirar la tienda. Para las personas palestinas, sus hogares representan la estabilidad, la familia, la vida y el futuro. La destrucción sistemática de hogares por parte de las autoridades de la ocupación pretende acabar con estas esperanzas de todas las personas palestinas. En consecuencia, no hay estabilidad, ni vida, ni futuro para las personas palestinas, que se ven obligadas a luchar por el sustento diario en medio de estas duras condiciones.

Simultáneamente, mientras derriban viviendas palestinas, las autoridades israelíes amplían los asentamientos y construyen nuevas carreteras para facilitar la circulación de los colonos. Muchas casas han sido destruidas ante los ojos de las personas propietarias y sus hijes, que se quedan desconcertadas y sin hogar, a la espera de tiendas de campaña de organizaciones internacionales para pasar la noche. Esto conduce a una vida marcada por la falta de vivienda, el desplazamiento y la inestabilidad. El impacto financiero también es grave, ya que el coste de construcción de las viviendas es elevado. Las familias invierten todos sus esfuerzos en construir sus casas, sólo para ver sus sueños truncados cuando la ocupación las destruye. La persona cabeza de familia se encuentra indefensa ante la maquinaria de demolición israelí, sin poder hacer nada salvo proteger a su familia y buscar otro lugar donde asentarse, si es que puede encontrarlo, ya que a menudo está prohibido reconstruir en el mismo lugar.

Les niñes sufren mucho con la demolición de sus casas. Sus sueños están ligados a las habitaciones y a los espacios de sus casas. Cuando éstas son destruidas, también lo hacen sus aspiraciones. El impacto psicológico en les niñes es profundo, ya que presencian la demolición y se ven en la obligación de abandonar los únicos hogares que han conocido. En muchos casos, la persona cabeza de familia es detenida si intenta resistirse al proceso de demolición o se opone a el.

Debemos extender nuestras oraciones y nuestro apoyo a todas las familias cuyo hogar ha sido demolido y que ahora buscan refugio o un nuevo lugar donde establecerse. Oramos por cada niño y niña cuyas lágrimas caen de dolor por la pérdida de su hogar y de su habitación, y por la falta de ayuda en su difícil situación. Recordamos a todas las personas desplazadas forzosamente debido a la demolición de sus hogares y a la confiscación de sus tierras. Esto incluye a todas las personas—niñes, mujeres y en la adultez mayor—quienes llevaban consigo sueños de estabilidad y futuro en un hogar en su tierra, sólo para ver esos sueños destruidos por la ocupación.

La situación es desesperada para muchas familias. La continua demolición de viviendas palestinas es una crisis humanitaria que afecta a todos los aspectos de la vida de quienes la están viviendo. La pérdida de un hogar significa algo más que la pérdida de una estructura física—significa perder el sentido de la seguridad, la comunidad y la identidad.

Cada día, las familias palestinas se enfrentan a la incertidumbre de si sus casas seguirán en pie mañana. No se puede exagerar el coste psicológico de vivir bajo una amenaza constante. Les niñes, en particular, se llevan la peor parte de esta inestabilidad, ya que sus años de formación están marcados por el miedo y el desplazamiento. El trauma de perder el hogar y la consiguiente inestabilidad pueden tener efectos duraderos en su salud mental y en su desarrollo.

El mundo debe reconocer la humanidad de las personas afectadas y tomar medidas para proteger sus derechos y su dignidad. Todas las familias merecen la oportunidad de vivir en paz, labrarse un futuro y ver crecer a sus hijes en un entorno estable y seguro.

Todes oremos por la protección y la justicia para aquellas personas cuyos hogares han sido demolidos. Esperemos que llegue el día en que todas las familias puedan vivir sin miedo, en hogares que les pertenezcan de verdad, en tierras que les pertenecen por derecho. Y sigamos alzando nuestras voces en solidaridad con quienes sufren, incidiendo por un mundo en el cual ya no se toleren estas injusticias.

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