El Ramadán es un espacio de encuentro espiritual en la Ciudad Antigua de Al-Khalil

El Ramadán transforma la Ciudad Antigua de Hebrón en un espacio de oración, comercio y silenciosa resistencia, donde la fe perdura a pesar de las restricciones.
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El Ramadán en Hebrón, o Al-Khalil, como lo llaman las personas palestinas, no es solo un mes del calendario. Es una época para el alma, un momento en el que la Ciudad Antigua cobra más vida y se vuelve más espiritual que en cualquier otra época del año. La gente celebra el Ramadán porque, según las creencias del islam, es el Mes Sagrado en el que el Corán descendió del cielo al Profeta Mahoma (la paz sea con él). Para las personas musulmanes, este mes está lleno de misericordia, perdón y bendiciones. En Hebrón, esto se percibe profundamente en las calles de la ciudad antigua y en el corazón de la gente.

La Ciudad Antigua de Hebrón es muy importante para las personas palestinas. Es una de las ciudades más antiguas del mundo, con una historia que se remonta a miles de años. Las antiguas casas de piedra, las calles estrechas, los mercados tradicionales y las puertas antiguas cuentan historias de las generaciones que vivieron allí. Para las personas palestinas, la Ciudad Antigua es memoria, identidad y sentido de pertenencia. Cuando las personas palestinas pasean por la Ciudad Antigua, sienten que están siguiendo los pasos de sus antepasados, abueles y bisabueles. Esto les transmite un profundo sentimiento de arraigo, de conexión con la tierra y con su pueblo.

Durante el Ramadán, este vínculo se hace más fuerte. La gente siente que no solo ayuna por sí misma, sino también para honrar y proteger su cultura y su patrimonio. El corazón de la Ciudad Antigua durante el Ramadán es la Mezquita de Ibrahim. Esta mezquita es uno de los lugares más sagrados del islam, ya que se cree que allí está enterrado el Profeta Ibrahim (Abraham). Muchas personas musulmanas de diferentes ciudades intentan acudir a rezar allí durante el Ramadán, especialmente en las noches de Laylat al-Qadr, la noche que vale más que mil meses.

Durante este mes sagrado, la mezquita se llena de personas devotas. El sonido de la recitación del Corán se oye por todas partes. La gente forma largas filas para la Oración del Tarawih. Algunas personas lloran mientras rezan, porque se sienten muy cerca de Dios. El Ramadán es el mes en el que se reveló el Corán, y esto hace que la gente quiera leerlo más y comprenderlo mejor. En la Ciudad Antigua de Hebrón, se puede ver a personas jóvenes y mayores llevando el Corán, sentadas en pequeños círculos tras la oración para leer y reflexionar. Esto crea una atmósfera espiritual muy especial que no se puede describir fácilmente.

Pero, al igual que todos los aspectos de la vida en Hebrón y Palestina, esta experiencia está marcada por la ocupación israelí. Hay puestos de control militar y cierres de acceso alrededor de la Mezquita de Ibrahim y dentro de la Ciudad Antigua. A veces, las personas devotas no pueden acceder fácilmente a la mezquita. Hay días en los que no se permite la entrada a las personas menores de 20 años. Esto entristece y frustra a muchas familias, ya que el Ramadán es un momento en el que las familias desean rezar juntas y compartir momentos espirituales. Las restricciones hacen que las personas sientan que se limita su derecho a practicar libremente su culto, sobre todo en un lugar sagrado que significa tanto para ellas.

Además, la presencia de colonos israelíes en la Ciudad Antigua forma parte de la realidad cotidiana. Se construyen asentamientos cerca de las viviendas palestinas, y los colonos irrumpen en la Ciudad Antigua bajo la protección de las personas soldado. Algunas calles, como la Calle de los Mártires (Shuhada), están totalmente cerradas a las personas palestinas, pero abiertas a los colonos. Esto dificulta los desplazamientos y, en ocasiones, genera tensión – que es precisamente lo que pretenden. Durante el Ramadán, cuando la gente ayuna e intenta centrarse en la oración y en la paz, estas presiones se hacen más intensas. Aun así, muchas personas palestinas insisten en acudir a la Ciudad Antigua y a la mezquita, porque creen que su presencia es importante y significativa.

El Ramadán también devuelve la vida a los mercados de la Ciudad Antigua. El antiguo mercado de Hebrón es famoso por sus tiendas tradicionales, sus especias, sus dulces, su ropa y sus productos artesanales. En días normales, algunas zonas del antiguo mercado están desiertas debido a la difícil situación. Pero durante el Ramadán, el mercado se vuelve más activo. Antes del iftar, se ve a mucha gente comprando comida, dátiles, zumos, qatayef y otros dulces tradicionales. El aroma de las especias y del pan recién hecho impregna el ambiente. Las voces de las personas comerciantes llamando a les clientes llenan el lugar de energía.

Las personas comerciantes están muy contentas durante el Ramadán. Muchas de ellas esperan con ilusión este mes porque atrae a más clientes y da más vida a la Ciudad Antigua. Decoran sus tiendas con luces y farolillos de Ramadán. Algunas de ellas ponen recitaciones del Corán o de nasheed en sus tiendas. Consideran que el Ramadán no solo aumenta sus ingresos, sino que también les aporta alegría y vida social. Cuando el mercado está animado, da esperanza a las personas comerciantes y les hace sentir que la Ciudad Antigua sigue viva.

Por la noche, tras la Oración del Tarawih, las calles de la Ciudad Antigua vuelven a llenarse de gente. Las familias pasean juntas, niños y niñas comen dulces y las personas jóvenes se sientan en pequeños grupos charlando y riendo. Las viejas piedras brillan bajo las luces. Incluso quienes viven fuera de Hebrón acuden a visitar la Ciudad Antigua durante el Ramadán, porque quieren sentir ese ambiente tan especial. Es como si la Ciudad Antigua volviera a respirar, llena de vida y de movimiento.

La hora del iftar es uno de los momentos más bonitos del Ramadán. Cuando se oye desde la mezquita la llamada a la Oración del Maghrib, la gente se apresura a romper el ayuno. Muchas familias se reúnen alrededor de una misma mesa. En la Ciudad Antigua, a veces se preparan grandes mesas de iftar en las calles o cerca de la mezquita. Las personas vecinas comparten comida entre ellas, y algunas personas reparten agua y dátiles a las personas devotas. Esta reunión nos reune y nos llena de un fuerte sentimiento de unidad. Personas ricas y pobres se sientan juntas. Todas sienten que forman parte de una misma comunidad.

El Ramadán enseña paciencia, generosidad y solidaridad. En Hebrón, estos valores se hacen muy evidentes en la Ciudad Antigua. La gente se esfuerza por ayudarse mutuamente durante este mes. Algunas organizaciones benéficas reparten paquetes de comida a las familias necesitadas. Algunas personas jóvenes se ofrecen como voluntarias para limpiar la mezquita u organizar a la multitud. Todo ello convierte al Ramadán en un espacio de encuentro espiritual y social.

La Ciudad Antigua de Hebrón es importante no solo por su historia, sino también porque representa la presencia y la identidad palestinas. Durante el Ramadán, este significado se hace aún más evidente. A pesar de los cierres, los puestos de control militar y las tensiones, la gente sigue acudiendo. Rezan en la Mezquita de Ibrahim, compran en el mercado, se reúnen para el iftar y leen el Corán. Demuestran que la Ciudad Antigua no está vacía, sino llena de vida y fe.

En este mes sagrado, en el que las personas musulmanas creen que el Corán descendió del cielo como guía para la humanidad, la Ciudad Antigua de Al-Khalil se convierte en un ejemplo vivo de fe y paciencia. El Ramadán da a las personas fuerzas para seguir adelante, esperanza en días mejores y una profunda conexión con Dios. También da vida a los mercados y alegría a las personas comerciantes. Reúne a familias y a las personas vecinas.

Para muchas personas palestinas, el Ramadán en la Ciudad Antigua de Hebrón al-Khalil no es solo una práctica religiosa. Es una declaración de pertenencia, una forma de proteger el patrimonio y una renovación de la energía espiritual. A pesar de todas las dificultades, la Ciudad Antigua sigue viva durante el Ramadán, resplandeciente de oración, comunidad y fe inquebrantable.

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