POEMA DE LA FAMILIA DE ECAP: El piano en Barrancabermeja

Facebook
Twitter
Email
WhatsApp
Print

redECAP
9 de febrero del 2013
POEMA DE LA FAMILIA DE ECAP: El Piano en Barrancabermeja

El siguiente poema por Becca Lachman, pareja del
ex-reservista de ECAP Michael Lachman (término finalizado en el 2010), es
publicado aquí con su consentimiento.
 

Traducido del inglés por Karen E. Flores V.

El piano en Barrancabermeja

Hay un piano público en Barrancabermeja, y mi esposo
compositor nunca lo ha visto. En nuestro primer aniversario, él jura
que va a comer pastel con su muy dulce café colombiano. Él jura que
me ama más que otras cosas que piden su respuesta:
la selva gris-verde cubierta de maleza, los jóvenes
paramilitares
con molares cubiertos de oro, las aguas sucias del río Magdalena.

La paz necesita esposos de todas partes, incluso
chicos de tierra carbonífera, incluso compositores. En medio de disparos
y desaparecidos, el mío quiere interponerse, para dar tanto
a las rejas de arado como los soldados dan a la batalla. Él aprende
a no encogerse de dolor. Él pule su español, aprende a gritar,
«¡Estoy viendo!» de la forma en que un colombiano se lo diría
a los ojos en el bosque o a los aviones que dejan caer
su fuego a los campos.

Voy a estar aquí en ese aniversario, en la boca caliente del mes de julio
con mi propia
torta de corazón, deseando escuchar el sonido de sus talones
manteniendo el ritmo
en el piso de arriba, su música saliendo a chorros de sus
dedos abiertos extendidos.

El Piano de Barrancabermeja tiene una leyenda
como esta: una vez al año, dos manos elegidas llegan
a cantar enmudeciendo a la audiencia. Sus teclas de marfil se convierten
en las palabras que forman una sola oración, diferente para cada miembro
en la multitud. Algunos oyen, «No hay perdón» cuando
la música finalmente se abre. A otros les es dado, “Yo debí de tener
más hijos», al final de un ritmo cantarín. «Dónde ella se
encuentra,
ella puede oír esto» flota sobre una mujer que se sienta en la
parte de atrás,
justo cuando los crescendos se agitan a través de los tablones de
madera.

Por el resto del año, el Steinway espera en el vientre cansado de
la biblioteca de la ciudad. La salsa de callejón o el vallenato ponen
nuevamente a Barranca a dormir. Y el verde se precipita
en el campo. Y las cuencas de los ríos resplandecen. Las familias corren,
el petróleo
cambia, y la arcilla roja está compactada profundamente en la tierra, la
tierra que,
aseveras, se parece tanto a la nuestra. Aquí, donde hiciste dos camas
del jardín
para las frambuesas antes de salir. Aquí, donde beberé mi té de la mañana,
y luego me acostarté en tu lado del cubrecama, nuestra
cama
como la tapa cerrada de un piano de cola que toca, «Vuelve a casa.
Vuelve a casa.»

-De Becca Lachman, ‘The Apple Speaks’ (La Manzana Habla), Cascadia Publishing House, LLC, 2012. El libro, publicado en inglés, está dedicado «a l@s trabajadores(as) humanitari@s alrededor del mundo,
pero más a las familias que l@s aman».

Read More Stories

Ir al contenido