Un patio de recreo para la liberación

La familia Tamimi en Al Khalil/Hebrón está construyendo un parque infantil y un jardín para su comunidad, aferrándose firmemente a la convicción de que sus hijes o nietes verán la liberación.
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Two people sit on a bench, one wears a white baseball cap and jacket, and a black hijab. The other wears a red CPT cap and vest, and sunglasses.
Allegra sitting with CPT Palestine team member Reham near al-Khalil in the West Bank.

Este verano, el equipo de ECAP Palestina realizó varias visitas a la familia Tamimi en Jabal Jalis, Al Khalil/Hebrón. Siempre fue un honor recibir la invitación a ir a su casa. Tuve muchas conversaciones con Reham Tamimi, quien da clases fuera del hogar familiar y está criando a sus hijes allí. Su hospitalidad y bienvenida siempre fueron cálidas, y ella compartió muchas historias – tanto inquietantes como poderosas – sobre la resistencia de su familia a la violencia y a el acoso de los colonos.

Durante una visita, Reham me dio un recorrido por la propiedad de su familia. Ella hizo un gesto hacia las grandes extensiones de tierra a las cuales ya no podía acceder, ahora ocupadas por asentamientos israelíes y por una base militar. No muy lejos de su casa, una valla atravesaba el terreno y un camino para los colonos, corría por el otro lado. “Cuando estaban poniendo esa cerca”, me dijo Reham, “me acosté en el suelo y me negué a moverme”.

La familia Tamimi está construyendo, en su propiedad, un parque infantil y un jardín para su comunidad. Les niñes del vecindario apenas podían contener su entusiasmo, pero los colonos del área estaban menos que emocionados. Todos los días, los colonos detenían sus autos frente a la casa de Tamimi y le gritaban a la familia. Afirmaron que el proyecto de construcción era ilegal, a pesar de que los Tamimi estaban construyendo en su propio terreno. Una noche, los colonos llegaron a la casa de la familia con maquinaria e intentaron destruir su jardín. Iban acompañados de soldados.

A lo largo de los años, Reham ha sufrido un acoso brutal por parte de los colonos israelíes. Ella me habló de colonos que intentaron atropellarla con sus coches. Una vez un colono la agarró por el cuello con la intención de estrangularla. Ella estaba embarazada en ese momento. Reham también explicó que su familia no estaba bebiendo de sus tanques de agua. Hace tres años, los colonos envenenaron el suministro de agua de Tamimi con fertilizante y temía que lo hubieran vuelto a hacer.

Mientras nos sentábamos a disfrutar de una increíble comida de pollo, arroz y salsa hecha con la leche de las ovejas de Tamimi, recordé la historia que me había contado el padre de Reham sobre los colonos que envenenaban a sus animales.  ¿Cómo debe ser vivir al límite, todo el tiempo?

Más tarde, Reham y yo caminamos hasta un mirador hermoso y tranquilo, donde me ofreció un asiento. “Este es un lugar en el cual me siento tranquila”, me dijo, mientras su hiyab ondeaba suavemente con el viento. “Puedo respirar y encontrar fortaleza aquí”. La vista era impresionante. Desde este punto panorámico, no se podía ver la base militar ni los asentamientos israelíes.

De vuelta en el sitio de construcción, los familiares de Reham estaban trabajando arduamente, poniendo ladrillo sobre ladrillo en el implacable calor del verano. Vi a les niñes correr con emoción, deteniéndose solo para mirar boquiabiertos a la excavadora que estaba limpiando un trozo de tierra para el patio de recreo. Sus rostros manchados de paletas heladas sonrieron con entusiasmo. Un bebé estaba siendo pasado, de brazos de pariente en pariente, recibiendo innumerables besos. “Estoy convencido de que nuestres hijes o nietes verán la liberación”, me había dicho el hermano de Reham, Faraj.

Que haya liberación para estas pequeñas personas. Por toda Palestina.

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