Durante muchos años, las personas trabajadoras palestinas de Cisjordania constituyeron una parte fundamental de la fuerza laboral dentro de la Palestina de 1948 o “Israel”. Miles de ellas trabajaban a diario en la construcción, la agricultura, la industria manufacturera y el sector servicios. Estos trabajos no eran un lujo, sino un medio de subsistencia. En una economía debilitada por la ocupación, las restricciones de movimiento y las limitadas oportunidades locales, el trabajo dentro de Israel solía ser la única fuente estable de ingresos para las familias palestinas. Las personas trabajadoras soportaban largos desplazamientos, puestos de control abarrotados e inspecciones humillantes, todo ello a cambio de poder mantener a sus familias con dignidad.
Esta frágil realidad se derrumbó con el estallido de la guerra. Casi de inmediato, se suspendieron o revocaron los permisos de trabajo, se cerraron los puestos de control militar y se redujo drásticamente el acceso de las personas palestinas a Israel. De la noche a la mañana, decenas de miles de personas trabajadoras perdieron sus empleos. Los hombres que se levantaban cada día antes del amanecer para cruzar a Israel de repente se quedaron sin ningún lugar adonde ir. Dejaron de cobrar su salario, sus ahorros desaparecieron y sus familias se vieron abocadas a una caída libre económica.
Las consecuencias fueron inmediatas y devastadoras. Muchos hogares palestinos dependen de un único ingreso, que a menudo se obtiene mediante el trabajo diario. Sin salarios, las familias tenían dificultades para comprar alimentos, pagar el alquiler, cubrir las facturas de electricidad y agua, o costearse la atención médica. Las personas estudiando en la universidad se vieron obligadas a abandonar los estudios porque sus madres y/o padres ya no podían pagar las tasas académicas ni los gastos de transporte. Las pequeñas empresas que dependían del gasto de las personas trabajadoras también se vieron afectadas, lo que agravó la crisis económica en comunidades enteras.
Según la ‘UN OCHA OPT’ (Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, OCHA, por sus siglas en inglés) en los territorios palestinos ocupados, desde octubre del 2023, unas 14 personas palestinas han sido asesinadas por las fuerzas de ocupación israelíes mientras intentaban cruzar aberturas informales en la barrera para acceder a Jerusalén Este e Israel. Además, alrededor de 129 resultaron heridas
Más allá del impacto financiero, la pérdida del trabajo generó una profunda carga psicológica. El empleo no solo les proporcionaba ingresos, sino también un sentido de propósito y autoestima. De repente, muchas personas trabajadoras se sintieron inútiles y atrapadas, incapaces de cumplir con su función de proveedores. La ansiedad y la depresión se extendieron rápidamente. Las tensiones dentro de las familias aumentaron a medida que crecía el estrés, especialmente en hogares superpoblados donde las opciones para escapar o aliviarse eran limitadas.
A medida que las semanas se convertían en meses y no surgían soluciones políticas ni económicas, la desesperación iba en aumento. Las oportunidades de trabajo legal dentro de Cisjordania eran escasas, ya que las restricciones de movimiento, la confiscación de tierras y las inversiones limitadas habían frenado durante mucho tiempo el crecimiento económico. Sin permisos y sin alternativas, algunas personas trabajadoras palestinas comenzaron a correr riesgos extremos para entrar ilegalmente en Israel en busca de trabajo.
Estos viajes son peligrosos y, a menudo, ponen en peligro la vida. Para evitar los puestos de control militar y las patrullas, las personas trabajadoras viajan de noche, recorriendo largas distancias a pie por terrenos accidentados. Algunas escalan o saltan desde secciones altas del muro de separación, arriesgándose a sufrir lesiones graves o incluso la muerte. Otras se cuelan por agujeros en las vallas o utilizan escaleras, cuerdas o herramientas improvisadas. Hay casos de personas trabajadoras que se esconden debajo de camiones o dentro de vehículos y mueren asfixiadas o sufren lesiones graves en el proceso.
Los riesgos no terminan con el cruce. Las personas trabajadoras viven con el miedo constante a ser arrestadas, sufrir abusos físicos y recibir disparos. Si las atrapan, pueden enfrentarse a detenciones, multas o penas de cárcel. Muchas regresan a casa heridas, con huesos rotos, traumatismos craneales o discapacidades permanentes causadas por caídas desde el muro. Otras desaparecen durante días, dejando a sus familias en agonía, sin saber si sus seres queridos están con vida, si estas personas están detenidas o ingresadas en un hospital.
Desde octubre del 2023, los sindicatos palestinos informan de que 42 personas trabajadoras palestinas han muerto por disparos, caídas desde el muro o durante persecuciones militares relacionadas con intentos de cruzar la barrera y buscar trabajo
Incluso para aquellas que logran encontrar trabajo dentro de Israel, las condiciones son duras y explotadoras. Sin estatus legal, las personas trabajadoras no tienen protección ni derechos. Las personas empleadoras pueden negarse a pagar los salarios, obligar a trabajar jornadas excesivamente largas o amenazar con denunciar a las personas trabajadoras ante las autoridades. Las lesiones sufridas en las obras de construcción o en las granjas a menudo no se tratan, ya que las personas trabajadoras tienen miedo de buscar ayuda médica. En algunos casos, las personas trabajadoras son abandonadas tras sufrir un accidente y se ven obligadas a regresar a casa por sus propios medios.
Este sistema laboral ilegal se aprovecha de la vulnerabilidad de las personas trabajadoras. El miedo reemplaza a la seguridad, el silencio reemplaza a la justicia y la supervivencia reemplaza a la dignidad. Las personas trabajadoras aceptan cualquier condición porque negarse significa pasar hambre en casa. La elección a la que se enfrentan es cruel: permanecer desempleadas y ver sufrir a sus familias o arriesgar sus vidas más allá del muro.
La guerra ha agravado una crisis que ya existía. Las personas trabajadoras palestinas nunca tuvieron verdadera seguridad, ni siquiera cuando existían los permisos. El acceso podía retirarse en cualquier momento, a menudo sin explicación alguna. La situación actual simplemente ha puesto de manifiesto lo dependientes que eran miles de familias de un sistema que podía colapsar de la noche a la mañana. Con los pasos fronterizos cerrados y las economías destrozadas, la red de seguridad ha desaparecido.
La ayuda internacional ha sido limitada y lenta, mientras que las instituciones locales luchan bajo la presión financiera. La creación de empleo dentro de Cisjordania sigue siendo extremadamente difícil debido a las restricciones a la circulación, las importaciones, las exportaciones y el uso de la tierra. Como resultado, muchas personas trabajadoras no ven futuro, solo un ciclo de pobreza, peligro e incertidumbre.
Las personas trabajadoras palestinas no buscan la confrontación ni el riesgo. Buscan el derecho humano básico a trabajar, a ganarse la vida y a cuidar de sus familias. Sus peligrosos viajes no son actos voluntarios, sino actos de necesidad. Cada vez que escalan por el muro, cada noche que caminan en la oscuridad, lo hacen por el impulso del hambre, la responsabilidad y la desesperación.
En el 2025, los datos de la ‘UN Office for the Coordination of Humanitarian Affairs’ (Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, OCHA, por sus siglas en inglés) sugieren que se registraron 3 muertes y 47 personas heridas en cruces documentados a través de aberturas informales en la barrera en el 2025
A medida que la guerra continúa, el sufrimiento de las personas trabajadoras palestinas se agrava. Sin medidas urgentes, apoyo económico, acceso legal al trabajo y soluciones a largo plazo, más vidas se verán empujadas al peligro. Los muros, los puestos de control militar y los permisos pueden controlar los movimientos, pero no pueden borrar la necesidad humana de dignidad, estabilidad y esperanza. Hasta que esa necesidad no se reconozca y se aborde, las personas trabajadoras palestinas seguirán atrapadas entre el desempleo en su país y el peligro al otro lado del muro.
Testimonios de las personas trabajadoras:
Abu Ameer
Muchas personas trabajadoras palestinas se enfrentan al riesgo constante de muerte, especialmente aquellas que carecen de permisos. Corren peligro al escalar el muro, caminar largas distancias en la oscuridad o ser explotadas por les conductores. También soportan malas condiciones para dormir y, en ocasiones, tienen demasiado miedo como para salir de sus refugios, incluso para comprar comida. A pesar de todas estas dificultades, me veo en la obligación de trabajar. Las oportunidades laborales en Cisjordania son muy limitadas y tengo una familia que mantener y responsabilidades que cumplir con elles.
Antes de trabajar dentro de Israel, yo estaba empleado en una cafetería, pero los ingresos eran muy bajos. Algunos días, mi salario no superaba los 20 shekels (unos 5 USD) desde la mañana hasta la noche. Esto no me dejó otra opción que trabajar dentro de Israel. Sin embargo, después de la guerra, el peligro de cruzar o escalar el muro se ha duplicado. Se ha vuelto alarmantemente fácil que las personas trabajadoras mueran simplemente por intentar cruzar sin permiso.
Dalal, una mujer palestina que trabaja en un restaurante dentro de los territorios ocupados
Vivo en constante ansiedad y miedo. Trabajo para mantener a mi hija, que estudia en la universidad, y a mi esposo enfermo, que no puede trabajar. Como saben, los permisos de trabajo son imposibles de conseguir o extremadamente difíciles de obtener. Cuando voy a trabajar a la región norte, viajo cerca del muro a medianoche. Esperamos la coordinación de los intermediarios laborales, que exigen grandes sumas de dinero. Esta coordinación incluye vigilar la presencia del ejército o les guardias fronterizos y organizar el transporte con una persona conductora.
Esperamos el momento adecuado y buscamos cualquier lugar donde haya una cuerda o un agujero en el muro por el cual podamos trepar. Después de cruzar, debemos correr una larga distancia sin parar, manteniéndonos en contacto con la persona conductora. Todo esto debe suceder en cuestión de minutos. Durante esos momentos, yo siento que mi vida corre verdadero peligro y que me pueden matar en cualquier momento. Las personas soldado me han perseguido y disparado muchas veces, y en varias ocasiones nos hemos visto en la obligación de pasar la noche cerca del muro en Cisjordania esperando otra oportunidad para cruzar.
Muchas de las personas arrestadas son sometidas a torturas severas, que incluyen palizas, robos, humillaciones y encarcelamiento. Otras personas se caen al trepar el muro y sufren fracturas en las piernas o lesiones graves. A pesar de todo este dolor y sufrimiento, la única esperanza que tenemos es ganarnos la vida.
Incluso después de llegar al lugar de trabajo, el miedo nunca desaparece. Trabajo en constante ansiedad y, a veces, incluso duermo con miedo, ya que no tengo una sensación real de seguridad.


