Hebrón. El lugar donde nací y donde crecí. Es una ciudad llena de historia, forjada por las numerosas personas que han vivido aquí a lo largo de las generaciones. Hebrón es conocida por su artesanía y por sus tradiciones: el resplandor de las fábricas de vidrio, el arte de la alfarería, el sabor de sus famosos dulces y una cultura gastronómica rica y diversa que refleja el espíritu de su gente.
Antes de 1929, Hebrón era una ciudad marcada por la diversidad religiosa. Personas judías, musulmanas y una pequeña comunidad cristiana convivían en el mismo barrio, recorrían las mismas calles, se encontraban en los mismos mercados y compartían la comida, el comercio y el ritmo de la vida cotidiana.
Hebrón es conocida popularmente como la “Ciudad de Ibrahim”, un nombre que refleja la profunda historia espiritual de la ciudad. Según la tradición, el Profeta Ibrahim llegó desde la Península Arábiga y se estableció en esta tierra. En el corazón de Hebrón se encuentra la Mezquita de Ibrahim, que lleva su nombre, un lugar que ha tenido una gran importancia religiosa e histórica durante siglos.
Como persona musulmana, crecí oyendo hablar de la Mezquita de Ibrahim y aprendí cuál es su importancia para nosotres. También crecí conociendo Hebrón como una ciudad religiosa que en su día reflejaba la diversidad cultural en su vida cotidiana.
Sin embargo, comprender la realidad de la ciudad siempre fue complicado. ¿Por qué Hebrón es tan diferente de las demás ciudades? ¿Por qué hay tantas restricciones que controlan la vida cotidiana aquí?
Cuando empecé a trabajar con ECAP, empecé a ver estas complejidades con mayor claridad, tanto a través del trabajo en sí como de las preguntas que las personas visitantes me hacen a menudo. ¿Por qué Hebrón? ¿Por qué se presta tanta atención a esta ciudad?
Me sorprendí haciéndome la misma pregunta, sobre todo sabiendo que, históricamente, las personas judías y las musulmanas convivieron en su día como parte de la sociedad palestina, sin divisiones ni discriminación religiosa.
Cabría preguntarse si la raíz del problema es realmente la discriminación religiosa, o si eso es lo que se ha hecho creer a la gente a lo largo del último siglo. Como mencioné anteriormente, históricamente, las personas palestinas de diversas confesiones de fe convivían pacíficamente en Hebrón antes de 1929. Entonces, ¿qué cambió? ¿Qué hizo que esta ciudad fuera tan diferente?
Vivo en esta ciudad como persona palestina musulmana. Tengo amistades cristianas de diferentes ciudades palestinas y conozco a personas judías de fuera del país. No peleamos entre nosotres. No intentamos quitarnos las casas ni las tierras unas personas a otras. Esto era, en su día, simplemente la vida cotidiana en Hebrón.
Pero si analizamos la historia con más detenimiento, empezamos a ver cuándo empezaron a cambiar las cosas. Durante el periodo otomano, y más tarde bajo el dominio colonial británico, ciertas decisiones políticas comenzaron a transformar la región. Los privilegios y las políticas favorecieron cada vez más la inmigración y el asentamiento de personas judías. Tras la Declaración de Balfour de 1917, la inmigración judía a la zona aumentó considerablemente, con nuevas personas llegadas procedentes de diferentes partes del mundo. Con el apoyo o la ayuda de las autoridades de la época, las tierras y las viviendas comenzaron a cambiar de manos.
Las tensiones fueron aumentando gradualmente en toda la región. Las restricciones, la desigualdad de trato y el control político generaron ira y frustración entre las comunidades locales. Empezaron a surgir conflictos, especialmente en Jerusalén, y la tensión acabó extendiéndose también a Hebrón.
Estas tensiones crecientes alcanzaron finalmente un trágico punto álgido durante el Levantamiento de Al-Buraq de 1929, que se extendió por toda Palestina. En agosto de ese año, estalló la ira en Hebrón y varias familias judías fueron asesinadas en lo que se conoció como la Masacre de Hebrón. Tras estos acontecimientos, la presencia judía en la ciudad desapareció hasta 1967.
Ahora bien, la realidad de Hebrón es muy diferente. La ciudad está rodeada de asentamientos y de la ocupación. En casi todas las partes de la Ciudad Antigua, se tiene la sensación de que unas miradas inquietantes le observan constantemente. La división de la ciudad en zonas como H2, la Ciudad Antigua y otras zonas restringidas han transformado la geografía y la vida cotidiana de Hebrón. Esta división no parece tanto un acuerdo administrativo como una estructura diseñada para reforzar el control israelí.


Los ataques y las tensiones no dejan de aumentar. El número de puestos de control militar también ha ido creciendo con el tiempo. Hoy en día, solo la zona H2 está rodeada por casi veinte puestos de control militar. La violencia de los colonos va en aumento, al igual que el número de viviendas de colonos dentro de la ciudad. Con estos cambios, la violencia, las restricciones y las tensiones cotidianas provocadas por la ocupación israelí se han convertido en una parte constante de la vida en Hebrón.
Estas restricciones impuestas a las personas palestinas suelen hacerse más evidentes en determinadas ocasiones, especialmente durante algunas fiestas judías. En esos momentos, a veces se imponen toques de queda y las restricciones a la libertad de movimiento se endurecen aún más. También se producen incursiones de colonos en la Ciudad Antigua con regularidad, a menudo todos los sábados. Estas visitas se describen a veces como “visitas guiadas”, pero, en realidad, suelen traducirse en un endurecimiento de las restricciones a la libertad de movimiento de las personas palestinas y en un mayor control sobre la vida cotidiana de la población.
Hay acontecimientos que parecen ocurrir solo en Hebrón. A menudo me pregunto por qué. ¿Por qué se presta tanta atención a Hebrón? ¿Por qué aumentan los movimientos de colonos y la violencia durante estas fiestas y eventos? ¿Qué significado tienen estas ocasiones desde el punto de vista religioso y por qué tienen un impacto tan fuerte en la vida de esta ciudad?
Mis conocimientos sobre las tradiciones religiosas judías son limitados. Tuve la oportunidad de entrevistar a un Rosh Yeshivá, director de una escuela religiosa, de la yeshivá antisionista Shel Ma’ala Yeshiva, para comprender mejor estas fiestas y cómo se relacionan con Hebrón y afectan a la vida de las personas que viven aquí.
“Todo empezó con el sionismo, y forma parte de un proyecto colonial”, afirmó. Hay una gran diferencia entre el judaísmo y el sionismo.
Esta distinción es importante. El judaísmo es una religión con tradiciones espirituales y fiestas centradas en la reflexión, el descanso y la comunidad. El sionismo, sin embargo, es una ideología política que se desarrolló en un contexto histórico y colonial específico.
Una de las fiestas judías más importantes es Sucot, la fiesta de la cosecha de otoño. Tradicionalmente, es una época en la que las personas judías viven en pequeñas cabañas, recuerdan su historia, acogen a las personas forasteras y celebran la vida en paz. En esencia, esta fiesta transmite valores de hospitalidad, humildad y descanso.
Sin embargo, en Hebrón y en otras zonas de Cisjordania, la vivencia de estas fiestas es muy diferente. Para muchas personas palestinas, estos momentos se han convertido en períodos de gran tensión, en los que aumenta la presencia de colonos y se endurecen las restricciones, y, en ocasiones, la violencia se recrudece, provocada por la ocupación israelí y los colonos sionistas. En lugar de ser un tiempo de paz, las fiestas pueden convertirse en momentos en los que se confiscan tierras, se restringe la libertad de movimiento y la vida cotidiana se vuelve aún más difícil.
“Para ellas, eres persona árabe, no persona palestina”, dijo. “Y siempre se ven a sí mismas como si vivieran bajo una amenaza”.
La ideología del sionismo, tal y como la describen algunas personas críticas, se ha construido a menudo en torno a la idea de una inseguridad constante, la creencia de que el pueblo judío se encuentra amenazado en todas partes y debe defenderse a toda costa. En este contexto, la narrativa del victimismo cobra un papel central: la creencia de que la supervivencia depende del control, la protección y la expansión.
Para muchas personas judías, sin embargo, Hebrón (Al-Khalil) es un lugar de gran importancia religiosa. Según la tradición judía, se cree que es el lugar de enterramiento de las persona tzadikim, los antepasados justos, entre los que se encuentra el Profeta Ibrahim (Abraham). Según la tradición religiosa, Abraham compró allí un pequeño terreno para utilizarlo como lugar de enterramiento a los pueblos que eran los custodios originales de esa tierra. Por este motivo, Hebrón ha sido durante mucho tiempo un lugar de peregrinación.
Pero la historia de las personas judías en Palestina es también más compleja de lo que suelen sugerir los discursos políticos. A principios del siglo XX, especialmente durante la década de 1920, algunas personas judías palestinas formaron parte de la resistencia local contra los movimientos sionistas. Las personas en el liderazgo se organizaron y defendieron sus intereses junto con el conjunto de la población palestina, tanto judía como musulmana y cristiana. Incluso el gran rabino del Imperio Otomano, Haim Nahum, se opuso firmemente al sionismo durante su mandato. Su identidad estaba profundamente ligada a la tierra y a las comunidades que les rodeaban. En Hebrón se cuentan incluso historias de familias cuyos antepasados eran originalmente personas judías, pero que más tarde cambiaron de religión para seguir formando parte de la sociedad local y continuar viviendo como habitantes de Hebrón. Algunas personas mencionan familias muy conocidas de la ciudad, como las familias Al-Muhtaseb y Al-Dweik, al relatar estas historias.
Las fiestas religiosas del judaísmo suelen ser, por tradición, momentos de descanso y reflexión. El Sabbat, por ejemplo, es un día sagrado en el que no se debe trabajar, sino quedarse en casa, descansar y reconectar con la familia y la fe. Pero en Hebrón, y a menudo en toda Cisjordania, estas fechas están vinculadas a la actividad de los colonos. Durante algunas festividades, grandes grupos de colonos entran en zonas palestinas bajo protección militar. Para muchas personas palestinas, estas visitas no parecen tanto peregrinaciones religiosas como demostraciones de poder.
La violencia que se ha producido en Hebrón durante ciertas festividades religiosas ha dejado profundas huellas en la memoria de la ciudad. Uno de los episodios más devastadores tuvo lugar el 25 de febrero de 1994. Aquella mañana, durante el mes sagrado musulmán del Ramadán, un colono israelí, Baruch Goldstein, entró en la Mezquita de Ibrahim y abrió fuego contra las personas palestinas mientras estas realizaban la Oración del Fajr. Veintinueve personas devotas perdieron la vida y muchas otras resultaron heridas. El atentado tuvo lugar durante la festividad judía de Purim, un momento que, para muchas personas palestinas, quedó asociado para siempre no solo a una festividad judía, sino también a la pérdida y a recuerdos dolorosos.
Acontecimientos como este han marcado la forma en que la gente de Hebrón vive hoy en día las fiestas judías.
Si se analiza la situación en su conjunto, lo que está ocurriendo en Hebrón y en toda Palestina forma parte de un proyecto colonial mucho más amplio vinculado a la expansión sionista en la región. La cuestión no se limita únicamente a Hebrón, ni siquiera a Palestina. Cuando analizamos el discurso político actual, que incluye conceptos como el de un “nuevo Medio Oriente” y las visiones expansionistas que a veces se reflejan en los nuevos mapas israelíes, parece formar parte de una lucha regional mucho más amplia por el poder, el territorio y el control.
Esto plantea cuestiones difíciles. ¿Hasta dónde puede llegar un proyecto sionista basado en el desplazamiento y la dominación? ¿Quién tiene el poder de poner fin a los ciclos de violencia y opresión que se justifican en nombre de la seguridad o la religión? ¿Y cuánto tiempo más podrá la región seguir soportando el derramamiento de sangre y el sufrimiento que provocan estes opresores?
A menudo se describe a Hebrón como un lugar de conflicto religioso, pero la realidad es mucho más compleja. En el fondo, el conflicto no se reduce simplemente a la religión, sino que tiene que ver con la tierra, el poder y el desplazamiento. Cuando una ideología convence a la gente de que el dominio sobre la tierra está justificado, resulta difícil cuestionar a quienes creen en ella. Sin embargo, estas preguntas no pueden ignorarse. Por eso se las dejo a ustedes. Cada une de nosotres debe decidir si permanecer en silencio ante la injusticia o formar parte de la lucha para romper el ciclo de la opresión.


