GRECIA: Moria; La libertad y mejora de las condiciones de vida de los refugiados detenidos en un campamento de Lesbos

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redECAP

Junio 20, 2017

GRECIA: Moria; La libertad y mejora de las
condiciones de vida de los refugiados detenidos en un campamento de Lesbos

por: Aaron
Kaufmann

Coordinador
regional ECAP Europa

No sé cómo
la ciudad de Moria obtuvo su nombre. Tal vez tiene un significado específico en
griego, un idioma que no manejo. Tal vez fue el nombre de su fundador.
Cualquiera que sea el caso, cuando lo oigo, mi mente es instantáneamente
atraída por los recuerdos de la fortaleza de los enanos del libro de J.R.R.
Tolkien, El Señor de los Anillos.

Probablemente
no sea justo comparar a Moria, Lesbos con la Moria de Tolkien; una cueva
desierta subterránea, vacía de esperanza, que se ha convertido en la fosa común
de una ciudad entera, sobre todo porque nunca he sido invitado a visitarla por
un enano o un mago. Sin embargo, cerca de la ciudad griega hay un campamento
que comparte su nombre, y la comparación entre estos dos lugares trágicos es
dolorosamente apropiada.

Tampoco he
estado dentro del campamento de Moria, pero lo he visto desde afuera. Las
cercas mantienen a los solicitantes de asilo adentro. Moria no es oficialmente
un campamento, es un «centro de acogida» para los refugiados, que son
«recibidos» y encerrados de inmediato. Pasan 25 días encerrados. Sus
primeros 25 días en el «Occidente iluminado y libre» deben estar
encerrados entre las paredes rodeadas con alambre de púas. Se ven obligados a
dormir en el suelo. Tal vez les dan una manta, si tienen suerte. Y se espera
que se abstengan de quejarse. A veces hay agua potable, a veces no. Este lugar,
si es que es algún lugar, es una trampa y una tumba. Es una tumba para la
esperanza. Es donde los seres humanos, como los enanos de las historias de
Tolkien, esperan a que sus sueños y aspiraciones terminen casi muertos. Un
hombre me dijo: «Preferiría haber muerto con una bomba en mi propio país
que morir así en un país » libre”.

Crown close to the fence.

Tengo un
conocido que vive allí, pero no puedo visitarlo. Nadie está autorizado a entrar.
Las autoridades saben que los residentes son apenas tratados como humanos y no
quieren que nadie los vea. Los guardias armados están de pie, verificando las
credenciales. Este es quizás el único lugar donde sólo las personas que pueden
probar que son refugiados pueden entrar libremente. Mi amigo escribió un poema
sobre lo que está pasando allí, ese pozo de desesperanza y desesperación:

“Nos recostamos en los arbustos mientras ellos
yacen en sus camas.

Dormimos separados de nuestras esposas mientras
ellos duermen junto a sus esposas.

Dormimos en carpas mientras ellos duermen en casas.

Nos bañamos con agua fría mientras ellos se bañan
con agua caliente.

Hacemos fila para la comida mientras ellos preparan
su propio desayuno.

Ellos educan a sus hijos, pero mantienen a los
nuestros fuera de la escuela.

Consiguen atención médica competente mientras
nosotros recibimos paracetamol para todo.

Todos nosotros comemos la comida de su elección.

Sacrificamos nuestras vidas para venir a su país.

Somos fuertes de corazón,

Grandes en talento,

Comprometidos con nuestro futuro,

Y leales a nuestro país.

Luchamos incansablemente para ganar nuestra
libertad.

Somos refugiados, no criminales.

Todo lo que buscamos es nuestra libertad, la
libertad para avanzar.

Nosotros también queremos dormir junto a nuestras
esposas.

Nosotros también queremos que nuestros hijos
reciban educación.

El odio nos puso en esta situación,

Y el amor nos dará nuestra libertad.

Pero no podemos hacerlo solos,

Sólo podemos hacerlo con la ayuda de los griegos.

Tents above Moria

Mi amigo
escribió esta sincera súplica en un intento de encontrar personas que escuchara
su voz. Sólo quiere que otros conozcan la lucha de aquellos a quienes los
occidentales consideran diferentes, lo suficientemente diferentes como para ser
abandonados, abandonados para revolcarse en el estiércol y lodo que es Moria.
Con esto les dejaré una cita de Robert Augustus Masters:

“Necesitamos
reconocer, y reconocer con todo nuestro ser, que lo que hacemos a otros, tanto
en acción como en intención, lo hacemos a nosotros mismos. Tal reconocimiento
no significa necesariamente que debemos dejar de protegernos, sino que dejemos
de predisponernos para la defensa, detengamos la deshumanización de los demás y
no dejemos nuestro corazón afuera de cualquier medida que podamos llegar a
tomar.”

Little girls in Moria

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