
Resiliencia en un Cielo Silencioso
Bailaremos al canto de los pájaros y pintaremos sueños en las arenas de Gaza, celebraremos la cosecha de aceitunas y saborearemos los frutos que da nuestra tierra.

Bailaremos al canto de los pájaros y pintaremos sueños en las arenas de Gaza, celebraremos la cosecha de aceitunas y saborearemos los frutos que da nuestra tierra.

Tras la incursión de Hamás el 7 de octubre, las fuerzas israelíes han cerrado las ciudades de Cisjordania bajo un estricto toque de queda y han llevado a cabo ataques indiscriminados como el perpetrado contra la fábrica de yogures Herbawi en la Ciudad Antigua de Hebrón.

Ser una trabajadora o trabajador por la paz y abogar inequívocamente por la no violencia mientras reconociendo al mismo tiempo el propio privilegio no es tan sencillo ni dogmático.

«La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad» —Hiram Johnson

Esta semana Gaza está sufriendo la violencia implacable de los bombardeos israelíes. Oremos para que se reconozca nuestra humanidad en común y nos unamos en los llamamientos a la liberación.

Israel ha declarado la guerra, un acto presentado como represalia por el ataque sorpresa de Hamás, pero las personas palestinas llevan 75 años viviendo esta misma guerra.

¿Qué ocurre cuando una persona palestina y una persona no palestina son detenidas en las calles de Al Jalil?

Las personas campesinas de Palestina se resisten a la apropiación de tierras en primera línea del proyecto colonial de los colonos israelíes.

La expansión israelí de la Zona C mediante demoliciones, confiscaciones y violencia de los colonos en tierras palestinas es un crimen de guerra y equivale a una limpieza étnica.

Como táctica de desplazamiento neocolonial, Israel está negando a las personas palestinas su derecho humano al agua mediante el robo, las demoliciones y la contaminación de las fuentes de agua.